Doña Eva: pequeña de estatura, grande de corazón

Foto Prensa Libre
Hoy quiero contarles que pertenezco a un grupo seglar (Pastoral Social) de la parroquia Nuestra Señora de Candelaria, en Teculután, Zacapa.
Tenemos más de 10 años de trabajar con ancianos; hace ocho abrió sus puertas el hogar Madre Teresa, en el cual hemos compartido con nuestros viejitos sus historias, sus tristezas, sus nostalgias, pero también sus alegrías, consejos y experiencias.
Aunque todos son encantadores, deseo hablarles de una en especial, de doña Eva Angelina Serrano. Ella fue la segunda persona en llegar al hogar. Desde siempre nos mostró su carácter fuerte y su don para la cocina. Era muy servicial con todos.
Me contó su historia, que me permito relatar en breve. Se casó cuando tenía 50 años, gracias a la novena que le rezó a San Antonio, puesto que don Comelio no se decidía. Por esta razón, no pudo tener hijos, y quedó viuda a los siete años de matrimonio.
Fue pilar del hogar, era tremenda; hizo que varias cocineras se fueran, porque peleaba con ellas. Pero también estaba pendiente de todo, cuidaba las cosas del centro como propias, que no se desperdiciara la comida, que se ahorrara energía eléctrica, y muchas veces nos deleitó con alguna comida especial, aunque nunca daba sus recetas.
Cuando había algún enfermo, siempre preparaba remedios caseros. No se acostaba sin antes verificar que cada uno de sus compañeros tuviera una taza de atol en la mesa de noche.
El 30 de diciembre del 2008 nos dejó para siempre; sufrió un infarto al corazón. Cuatro días antes me dijo que no viviría para ver el 2009, porque estaba cansada y no quería caer en cama, no deseaba estar postrada. “Es hora que me reúna con mi esposo”, me dijo, pero no le creí.
Mi deseo al compartir su historia es ofrecerle un homenaje a esa mujer especial que fue como una madre para mí; me dio muchos consejos y compartió conmigo sus secretos de cocina. Baja de estatura, pero grande de corazón, muchas veces me transportó en el tiempo por medio de sus recuerdos y sus narraciones.
Cuando partió tenía 86 años. Descanse en paz, doña Eva. Y muchas gracias por todo.
Graciela Mérida Cordón de Paz
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