Ciudad Patrimonio Mundial
Sus calles sinuosas y empedradas y sus plazas, iglesias y balcones del siglo XVIII son parte de la belleza de Camagüey.

por Anett Ríos
La urbe laberíntica de Camagüey, de vías estrechas y edificios bajos, casi sin tráfico ni ruidos, acaba de ser incluida en la lista patrimonial de la Unesco, después de la 32a reunión del Comité del Patrimonio Mundial de esta entidad, celebrada en Québec, Canadá.
El director de la Oficina del Historiador de Camagüey, José Rodríguez, encargado desde hace 11 años de la gestión de conservación de la ciudad, explicó que es el reconocimiento a un complejo histórico que ostenta su arquitectura y arte colonial, con unas características “singulares”.
En opinión del especialista, “uno de los atributos que ha permitido que Camagüey, y sobre todo la región del centro histórico, haya llegado al siglo XXI con este nivel de calidad, ha sido el absoluto respeto con que la urbe ha logrado asumir los cambios normales de la vida”.
El centro histórico del siglo XVIII, con unos cuatro mil habitantes, no constituye un área solo ornamental, sino también acoge a las principales instituciones del Gobierno y la cultura de la provincia, además de los mercados y comercios más importantes de la urbe.
Camagüey, situada a unos 570 kilómetros al este de La Habana, tiene el centro histórico más extenso del país, con una superficie de unas 300 hectáreas, pero el perímetro que ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad, llamado por muchos en la región como “la ciudad del siglo XVIII”, representa solo 17 por ciento de esa área.
Conocida por los cubanos como la ciudad de los tinajones, y distinguida por ser la tierra natal del poeta Nicolás Guillén, cuyos versos están grabados en placas y vallas en cualquier esquina, el nombre inicial de la urbe fue Santa María del Puerto del Príncipe.
Su fundación se remonta al 2 de febrero de 1514, cuando se convirtió en uno de los siete primeros enclaves españoles en Cuba, luego de la llegada de Diego Velásquez.
Su primera ubicación fue al norte del actual emplazamiento, y en 1528 se trasladó entre los ríos Tínima y Jatibonico, donde se ha mantenido durante cinco siglos hasta convertirse en la tercera ciudad más importante de Cuba.
José Rodríguez explicó que durante el siglo XVIII la ciudad se consolidó y empezó a delinear con mayor precisión su actual trama distintiva: un trazado laberíntico, un sistema de plazas y plazuelas y un repertorio arquitectónico-religioso con cinco templos fundamentales.
En el siglo XXI, los especialistas y pobladores coinciden en identificar como sus joyas a la Plaza de San Juan de Dios, el lugar más representativo de su arquitectura; la Plaza del Carmen, y la Plaza de Armas o Plaza Ignacio Agramonte.
La explanada de San Juan de Dios, con edificios coloridos que van del verde al naranja, es casi un sitio sagrado por haber sido el lugar donde se expusieron, en 1873, los restos del mayor general Ignacio Agramonte, figura emblemática de la ciudad y de la historia de ese país, quien murió en combate a los 32 años, durante la guerra de independencia.
En pleno mediodía, la plaza permanece en silencio y casi sin transeúntes, con una pasividad que, según Rodríguez, “es la expresión arquitectónica del carácter de los habitantes de Camagüey”.
La historia es diferente en la plaza del Carmen —siempre con bullicio y gente conversando en las puertas de sus casas—, donde tuvo origen, de acuerdo con las leyendas, el espíritu de celebración de la urbe y tradiciones tan arraigadas como la fiesta del San Juan, el carnaval más “atípico” de la isla.
La Europa medieval en Cuba
El Comité de la Unesco aseguró que el centro histórico de Camagüey es “un ejemplo excepcional, de asentamiento urbano tradicional relativamente apartado de las principales rutas comerciales”, y destacó “la influencia de la arquitectura y el urbanismo de la Europa medieval” en el trazado de la ciudad.
Para Cuba, las distinciones de la Unesco comenzaron en 1982, cuando el centro histórico de La Habana y sus fortificaciones coloniales fueron proclamadas Patrimonio de la Humanidad.
Luego, la misma condición ha sido alcanzada por sitios como los centros históricos de las ciudades de Trinidad y Cienfuegos, los cafetales de Santiago de Cuba, o el Valle de Viñales, entre otros lugares de la isla.
Hoy hay 82 acciones de conservación en proceso, pero proteger los inmuebles coloniales no es la única prioridad.
La ciudad ha tomado medidas también en la regularización del tráfico: cerró el paso de todos los vehículos a las plazas principales, abrió zonas peatonales y restringió el tránsito en varias avenidas.
Las bicicletas se han apoderado de las calles, y, junto con los automóviles y bici-taxis, le dan a las irregulares calles de Camagüey un movimiento ágil, que obliga a estar alerta en las curvas y esquinas.

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