“Estoy en pie de guerra por los derechos”
Se esfuerza para que las trabajadoras de casa y de maquila tengan mejores condiciones laborales.

por julieta sandoval
Fotos: saúl martínez
Hace más de 10 años salió de Zacapa, en donde había vivido toda su vida, pero Maritza Velásquez no se arrepiente, porque ha trabajado a nivel nacional. Es madre soltera y comenta: “De haber tenido un esposo o compañero, nunca hubiera hecho las cosas que hice”.
Velásquez es coordinadora general de la Asociación de Trabajadoras del Hogar, a Domicilio y de Maquila (Astrahdom), donde busca que este sector de mujeres conozca sus derechos humanos y laborales, para tener mejores condiciones de vida. Aunque ha sido difícil su labor, por la poca participación de las integrantes de estos grupos, ella sigue tratando de que se capaciten.
¿Cuándo empezó a involucrarse en esta clase de organización social?
A finales de los años 1990. Antes vivía en Zacapa y trabajaba para la Dirección General de Servicios Agrícolas (Digesa). Fui parte del sindicato de esa entidad, que desapareció junto con la institución después de la privatización. Estuve detenida por ocho días, debido a las denuncias que hacíamos en contra de la directiva.
Al salir libre, mis compañeros me dijeron que me fuera a la montaña a pelear, porque en ese entonces el sindicalista era como el guerrillero de la ciudad. Pertenecía a una célula de las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias). Me vine a la ciudad porque empecé a recibir amenazas, y me tuve que esconder durante un tiempo. No podía conseguir empleo por haber sido sindicalista. Fue entonces cuando me acogieron las organizaciones de mujeres, y empecé a trabajar en los temas de derechos humanos y laborales, en especial el de maquila y el de trabajadoras de casa, a eso me dedico.
He trabajado durante un año en la reforma al Código de Trabajo. Con mis compañeras apoyamos a las mujeres del campo y la ciudad, y cuando son discriminadas en la contratación por edad, sexo o enfermedad, en especial por VIH-Sida.
Hablemos de su trabajo con mujeres que laboran en maquilas
Trabajo con mujeres, aunque no puedo discriminar a los hombres cuando éstos piden ayuda. Se está dando el fenómeno de que son contratados los del género masculino, pues dicen que piden menos permisos, al contrario de las féminas, que se ausentan por embarazos o los hijos. El sexo femenino había tenido preferencia por ser mano de obra más barata y disponible. Además, se le vincula con la máquina de coser, al pensar que la saben usar de mejor forma.
Ese sector se ha visto afectado por la situación económica. De 124 mil plazas que había en el 2006, ahora existen unas 80 mil. Muchas han salido perjudicadas cuando cierran las empresas y no les pagan sus prestaciones, ya que las engañan. Me contaron que en una fábrica les dijeron que iban a ir a comprar la cena pero nunca regresaron ni los dueños, ni los jefes. Aunque hay negocios que sí les han dado lo que la ley establece.
También apoyamos a la trabajadora a domicilio. Es la que lleva materia prima de la fábrica a su casa. Se le llama máquina asimilada o maquila familiar, porque todos los miembros del hogar intervienen en la labor. Por ejemplo, cosen solo cuellos o puños de camisa. Sabemos que hay muchas mujeres que se dedican a eso en el área textil, de cuero, barro, tabaco, hilo o tejido.
Aquí se dan abusos, porque no importa si una trabajadora debe hacer 10 docenas de un artículo; no gana ni siquiera el salario mínimo, aunque ella y otros de su familia se involucren, y si no lo entrega en la fecha establecida, recibe reducciones en su pago.
Pero es un sector difícil de organizar, porque no lo contactamos. Hemos hablado con algunas trabajadoras que viven en Canalitos y Carranza. También intentamos comunicarnos con las que hacen piñatas, pero no se ha logrado. Queremos que conozcan la situación en la cual están y qué pueden hacer para mejorar en lo laboral. Se hace difícil porque como no hay empleo, la gente se lanza a trabajar de cualquier cosa.
¿Cuál es su actividad con las trabajadoras de casa?
Es otro grupo difícil de contactar, por eso vamos a los parques, al zoológico, a El Obelisco y los centros comerciales a repartir volantes e invitarlas a reuniones, en donde se habla de sus derechos humanos y laborales; además, se les enseña a denunciar cuando han sufrido algún abuso. Son pocas las que se nos acercan, ya que solo tienen un día de descanso, su domingo, y no lo van a sacrificar; por eso, las pláticas las hacemos en los lugares a donde ellas acuden.
¿Cuáles son las características de las trabajadoras de casa?
Tienen un perfil muy definido, y es que son muy reservadas; su círculo de acción está donde trabajan, pero les cuesta participar, aunque ya tenemos en la organización a algunas lideresas que han salido de ese sector. Una de ellas sacó su bachillerato cuando aún laboraba en casa; otra, aún trabaja. Es un proceso más lento, pero seguimos luchando, porque se quejan de muchas cosas; por ejemplo, que sufren acoso de algún integrante de la familia en donde están.

¿Cuáles son los mayores problemas que afrontan?
El bajo salario, falta de pago de prestaciones, jornada muy larga. El Código de Trabajo indica que son 14 horas diarias, pero muchas laboran más de 16. Además, no les dan descanso en el día. La excusa que dan los patronos es que ellas viven y comen en la casa, de manera que no hay sensibilización en los empleadores.
En los cambios al Código que estamos proponiendo, tenemos cuidado de no equivocarnos porque hay quienes piden que la jornada sea de ocho horas, pero el empleador podría argumentar que no proporcionaría casa para vivir y ellas no pueden pagar una habitación.
Por eso, cuando vienen del pueblo, porque la mayoría son de los departamentos, buscan un trabajo que les brinde techo y comida. Muchas veces tienen miedo, casi no participan. Primero no les dan permiso, otras no quieren que el empleador las mire porque piensan que si pierden el trabajo no encontrarán otro.
Ellas se identifican con la vida de los empleadores, ya que sufren cuando éstos tienen problemas; muchas no se casan, porque de lo contrario tendrían que abandonar a la familia para la que laboran. Las trabajadoras de casa han sido víctimas de la violencia. Están los casos en donde una de ellas fue testigo ocular de un asalto y por eso la mataron. Otra joven fue enviada a dejar la extorsión pedida a su empleador y su vida estuvo en riesgo, gracias a Dios no le pasó nada. O son agredidas cuando asaltan las casas en donde laboran. Son víctimas.
¿Cuál es el salario mínimo de la trabajadora de casa?
Hay varias categorías: está el de la niña, que es de Q300 a Q400. El de la adolescente va de los Q500 a Q700, y las adultas ganan entre los Q700, Q900 y hasta Q1 mil. La mayoría de empleadores dice que no pueden pagar el mínimo. Nosotros recomendamos que mejor no las contraten, sino que lo hagan por tarea; por ejemplo, para planchar, lavar u otras labores.
Pero esto les complicaría su situación, en especial porque no tendrían dónde vivir.
Pero es mejor, porque el salario mínimo está en Q52 diarios, y una trabajadora por tarea cobra, a veces, Q75 u Q80. Las que hacen ese trabajo buscan vivir con algún familiar o amiga, pero la gran mayoría prefiere residir en la casa del empleador.
También el Código de Trabajo indica que el salario se pactará con la trabajadora. El mínimo está por los Q1 mil 600, y Q1 mil 800 con la bonificación; podría acordarse el 70 por ciento o 75 por ciento en moneda efectiva, que sería como Q900, y lo otro quedaría pagado por la casa y la alimentación; eso es lo que recomendamos. Lo malo es que al liquidarla no se hace por el mínimo.
Se da el fenómeno de que quienes han sido trabajadoras de casa pasan a la maquila
Sí, hay de la casa a la maquila y al revés. Al principio fue lo primero, pero un estudio de la Internacional de Derechos Humanos muestra que muchas han regresado a la casa. Ha sido porque ellas se agrupan en tres o cuatro para pagar una habitación y trabajar en una maquila, pero cuando una o dos se van, por cualquier razón, ya no les trae cuenta, pues una o dos deben correr con los gastos. Además, se dan cuenta de que en la maquila las condiciones son más inhumanas, porque no hay suficiente iluminación ni ventilación, no hay baños, las horas extras son obligadas, hay más riesgos de accidentes, por eso regresan a las casas.
Y ¿cómo consiguen los fondos para su organización?
Quienes participamos damos aportes. Yo garantizo la infraestructura por el hostal que tengo, otras ponen el pan, el café. Como Astrahdom, no tenemos nada. También trabajamos con otras organizaciones.
¿Se ha arrepentido alguna vez de haber sido sindicalista?
No. La que nunca estuvo de acuerdo fue mi madre, porque mi papá también perteneció a un sindicato de ferrocarrileros y fue asesinado en 1981. Mi familia fue resarcida por eso.
Hay cosas de las que sí me arrepiento, como el haber invertido tiempo en apoyar una célula guerrillera, porque abandoné a mis hijos y también los expuse a peligros, y cuando fue la firma de la paz no nos llamaron para explicarnos algo, lo único que me dijeron fue: “Andá a recoger tu carné de desmovilizada”. Me molesté, porque yo sigo en guerra por los derechos humanos y laborales de las mujeres. Ya no quise saber nada de la izquierda, menos pertenecer a un partido político, porque no quiero que me utilicen. Para ayudar a la gente creo que hay diferentes formas.
- Trabajó por 18 años en Digesa, en donde capacitaba a las mujeres en el área rural para que tuvieran mejores sistemas de alimentación.
- Tiene tres hijos, de 25, 19 y 14 años de edad.
- Se graduó de Trabajadora Social, y es maestra de educación para el hogar.
- Otro de los servicios que ofrece Astrahdom es mostrar cuál es la ruta de la denuncia, ya que el Ministerio de Trabajo aún no las reconoce para acompañar a las trabajadoras en los procesos en tribunales.
- También está involucrada en la organización de la Marcha Mundial por la Paz. “Queremos que todos participen, para que disminuya la violencia”, dice.
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