Semanario de Prensa Libre • No. 235 • 4 de Enero de 2009

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D artesanía

Calzado perpetuo
Los caites han resistido los embates de la moda, durante más de 15 siglos.

por Francisco Mauricio Martínez

Cuando un visitante se adentra en las empedradas y angostas callejuelas de los pueblos recónditos de occidente, es frecuente que observe, como parte de la indumentaria típica, un tipo de calzado que deja al descubierto la mitad de los pies. Algunos son del color del cuero, otros, negros, y los más vetustos lucen desteñidos.
Se les conoce popularmente como caites, y el ojo del turista quizá no percibe diferencias; sin embargo, las hay, de acuerdo con la ocasión y el rango, tal como sucede en Chichicastenango, Quiché, donde los cofrades emplean un tipo de caites cuando cumplen sus funciones, y otros en su vida cotidiana.
El diseño y materiales varían, según la etnia y la región. En algunos lugares, desde el siglo pasado los fabrican con suela de hule de neumático.

En mercados de municipios de Huehuetenango, Sololá, Totonicapán, Quiché y Chimaltenango se puede encontrar este tipo de calzado, elaborado a mano, donde todas las piezas están unidas por medio de clavos o tachuelas, sin ninguna clase de pegamento. El precio depende de la calidad. Se pueden conseguir desde Q25 hasta Q200.

Ancestral

Este rústico calzado tiene su origen en el período prehispánico, lo cual se puede comprobar en las figuras representadas en las estelas, murales y vasos pintados que se conservan de entre el 250 y 900 d. C., según el historiador Francis Polo Sifontes. El mencionado calzado no difiere mucho de las sandalias de la actualidad. Vestigios de esta tradición perviven en los habitantes de San Juan Atitán, Huehuetenango, en donde hombres y mujeres utilizan caites fabricados con piel de venado, con un doblez en la parte posterior, a manera de talón protector.
A pesar de su aspecto sencillo, se necesita dedicar tiempo y cuidados en su elaboración. La fabricación de un par de caites para niño se puede llevar dos horas y media, en tanto que un par para adulto requiere más de tres horas.

  • El caite que usaban las élites mayas eran confeccionadas con piel de jaguar, un material muy apreciado, especialmente entre los guerreros.
  • Soberanos, sacerdotes y guerreros aparecen representados con diferentes tipos de sandalias en monumentos de piedra y murales mayas.
  • Xajab es la palabra del idioma kaqchikel que equivale en castellano a zapato, sandalia o caite.
  • La palabra caite viene del vocablo náhuatl “cactli”, según indica Adrián Recinos en su traducción del Popol Vuh, libro sagrado de los quichés.


   

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