Semanario de Prensa Libre • No. 235 • 4 de Enero de 2009

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D frente

“La vida es dinámica; los libros, estáticos”
La docencia ha sido parte importante en su vida, pero no se quedó sólo en un aula, ya que se integró en el activismo social.

por julieta sandoval
fotos: carlos sebastián

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Su mundo ha sido la enseñanza, pero quiso buscar la experiencia y la realidad del país, por lo que se sumergió en el activismo social. Eso hace que Carlos Aldana Mendoza no sea maestro exclusivo de libros sino de vivencias, las que también le han servido para hacer propuestas de reformas educativas. De sus 48 años, 28 los ha dedicado a dar clases, y con satisfacción dice que sus primeros alumnos, ya adultos, aún recuerdan los juegos que inventaba en el salón.


Además, ha trabajado en la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). En el 2000, apoyó el sistema de diálogos en todo el país y la creación de los consejos de educación. Cree que es una propuesta importante para propiciar ciudadanía a través del tema de la educación, pero no se realizó.
Como egresado de establecimientos educativos públicos, asegura haber conocido la maravilla de esa preparación. “Para mí, la educación pública es uno de los factores más importantes que tiene el país para su desarrollo. Genera más continuidad, más valores ciudadanos, menos mercantilismo. Hay que elevarla porque es un derecho”, indica.

Su cargo como viceministro de Educación fue de meses (siete), ¿por qué?

Renuncié por una actitud de respeto al Gobierno y a la ministra (Ana Ordóñez de Molina). No compartía toda la línea de trabajo, entonces, ¿qué hacía allí? No podía desarrollarme. Afectaba al Ministerio y a mí, lo que menos hacía era construir. Por ejemplo, hice una propuesta técnica sobre la educación de formadores, pero no fue apoyada.

Me debo a maestros, padres de familia y estudiantes; la pregunta era si respondería a ellos o a otros. Lo que menos hacía era pedagogía, aunque resolvía conflictos, una tarea que me gusta, el mediar. Aprovechar la confianza para solucionar problemas. Haber sido viceministro lo considero la gran experiencia política de mi vida.

¿Por qué cree que se han bloqueado tantos programas educativos importantes para Guatemala?

En la historia reciente del país, hay momentos en donde no se le dio importancia a la educación, no se invirtió en ella, ocasionando altos índices de analfabetismo; hablo de las décadas de 1970 y 1980.
Después, en los años de 1990, se descubren dos cosas. Uno, el poder ideológico y cultural de la educación, y dos, que la globalización exige y necesita fuerza laboral con ciertas capacidades y escolaridad para nuevas condiciones productivas, entonces se vuelve la mirada hacia la educación, empieza el debate en la ciudadanía sobre el tema.
No soy de la idea de que la educación sea el factor que causa el desarrollo del país. Siempre dicen que es el motor del progreso. Mentira. Pienso que es a través de la educación y otros componentes, o al revés, ya que la gente necesita trabajo, ingresos estables, salud y más. Digámoslo dialécticamente: el desarrollo causa educación y ésta desarrollo, pero no es que todo mejorará con la educación.

¿Actualmente se invierte más en educación?

Se da énfasis en la escolar, algunos sectores le llaman la formalización de la educación. La tendencia en América Latina es cubrir la educación primaria, pero lo que somos como personas y ciudadanos, como colectivo, no viene de esa educación formal, sino de la informal, ésa es la que más influye, pues se aprende de la palabra, la convivencia, lo que ocurre en la calle, procesos que se dan aparte de la escuela. Por ejemplo, los medios de comunicación inciden muy fuerte en actitudes, ideas, comportamientos, imaginarios, etcétera, más que la escuela misma. Hay que lanzar una mirada para ver otras formas de educación.

¿Por qué le gustó el magisterio?

Mi maestra de cuarto año de primaria influyó en esa decisión. Murió en el 2008, pero supo que fue mi inspiración.
Creo que el magisterio es una vocación, que significa llamado; lo importante es descubrirlo, porque los maestros de preprimaria o primaria trabajaran con niños.
Hay educadores con un falso o impuesto llamado, son los amargados, violentos o abusivos. Algo que también ha influido es que antes esta profesión era vista como un buen pago, con una jornada de medio tiempo y dos meses de vacaciones; eso es una vocación instrumentalista.
Yo conozco excelentes maestros, aunque no posean el título, y por eso van a la universidad a estudiar pedagogía, para regresar a esa vocación que no desarrollaron. Gente de 60 años. También están aquellos que no tienen nada que ver con pedagogía, pero dan clases en áreas rurales.

En ese entonces, y quizá un poco ahora, no se ha tenido más la imagen de una mujer como docente de preprimaria o primaria que un hombre.

Parte de la visión sociológica es que es una profesión de mujeres, y marcada intencionalmente, por eso hay más mujeres que hombres. Se piensa que dar valores y afectividad es exclusivo del género femenino. Aquí influye la cultura del patriarcado, al creer que los hombres no podemos ser afectivos, cariñosos, juguetones, abrazadores, etcétera. Algo absurdo, lo bueno es que eso está cambiando. Donde aún se mira extraño es en la preprimaria, pero he conocido a uno que otro.
En secundaria se invierte la tendencia, hay más hombres, porque se dan las ciencias formales y profundas. Existía la estúpida visión de que la mujer no podía dar matemáticas, por no tener capacidad.

Ha combinado la pedagogía con el activismo social

Como maestro estudié pedagogía, pero en 1985 hice un desvío en mi vida hacia lo social, por lo que combino la docencia con el activismo. En esta faceta fui director de la Pastoral Social y director adjunto de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado (ODHA) —organizaciones de la Iglesia Católica—, sin dejar mis cátedras, eso no lo hice ni cuando fui viceministro.

¿Por qué el desvío?

Fue lo mejor que pude hacer en mi vida. Aunque quiero morir en un aula, no quiero reducir mi vida a ella. Recibí una invitación especial para trabajar en educación popular, en una ONG (Organización No Gubernamental) en la zona 7, ahí descubrí ese mundo social. La maestría que estudié en la Unam (Universidad Autónoma de México) fue sobre la educación popular; tenía ya marcado ese activismo.
El maestro que todos los días, por ocho horas, está metido en un salón, no tiene una amplia experiencia social, da clases de lo que vive en el aula, no de lo que pasa en el mundo. Voy a la montaña, a la calle y eso es lo que llevo a mis alumnos. De lo contrario, los temas se te agotan, se vuelven repetitivos. El contenido de la vida es dinámico, el de los libros es estático. Quien no renueva los conocimientos le hace mucho daño a la educación.

¿En donde conoció más problemas sociales, en la ODHA o en la Pastoral Social?

En ambas, con sus diferencias. En la ODHA miraba violación a derechos individuales, en la Pastoral eran a los derechos económicos y sociales, trabajamos la lucha por la igualdad. También estuve en el PNR (Programa Nacional de Resarcimiento); en estas entidades conocí casos muy dramáticos, como las madres con hijos desaparecidos por el conflicto armado, personas con señales de tortura en sus cuerpos.

¿Qué relación tiene esto con pedagogía?

Mucho, pues son las cosas humanas las que servirán para hacer propuestas. Si queremos una educación que transforme al ser humano, tenemos que ir al entorno y después al aula, no al revés. Mis libros los baso en experiencias de vida y del país.

¿Qué es lo más bonito de ser maestro?

La relación con mis alumnos es lo que le da el significado a mi ser de maestro. Sin importar que sean adultos, me tienen confianza, escucho sus problemas; creo que es la bendición más grande que he recibido. Esos pequeños detalles, como cuando al terminar la clase te dan un aplauso y dicen sigamos, es increíble. Me quedo con eso. Ni libros, ni honores, ni títulos o cargos, nada se compara con la alegría de mis alumnos.

¿Es desagradable tener alumnos que molestan mucho?

No, son maravillosos. A esos son los que más quiere uno como maestro, porque lo necesitan. Allí se descubre si es buen o mal educador, darle clases a la gente que siempre está callada y escuchando es fácil. Creo que la persona sana emocionalmente tiene que ser fregona, de vez en cuando; un niño demasiado bien portado no es bueno. El ser humano tiene que ser libre, algo que se demuestra al molestar y alegar, a veces. Algo que la educación tradicional no enseña; porque pregunte cuál es el perfil del buen alumno, y siempre dirán que el callado y obediente.

¿Ha afectado al país, en cierta forma, que se enseñe a ser callado y no decir lo que se piensa?

En un país con tanta violencia, impunidad, corrupción, una guerra interna, salió perfecto el modelo pedagógico del silencio, del callar, ser sumiso, obediente, la pérdida de expresión. Esa es la forma creada por la escuela: enseña a ser un ciudadano que provoca la impunidad o que no dice nada frente a la corrupción. Según la sociedad, esa es la escuela que necesita.
Además, debemos recordar que la escuela es más aniquiladora que formadora. Un niño entra con mucha alegría, y aunque obtiene conocimientos de historia, ciencia y más, lo principal de un ser humano se lo minimizan, hasta eliminarlo en algunos casos. En una sociedad impositiva, como la guatemalteca, se restringe aún más la libertad del infante. La escuela es reflejo de la sociedad. Por eso responden al silencio, represión, restricción. Siento que hay algo malévolo, una inversión en algo que daña. ¿Quién se ha beneficiado? los poderes que están atrás. Eso hay que cambiarlo.

¿Usted fue callado y buen estudiante?

Bastante buen estudiante; callado, no tanto, y menos en el (Instituto Rafael) Aqueche, que fue donde estudié magisterio, ya que tuvimos que revelarnos. Por cierto, la rebeldía es una característica más de una persona libre, muchas veces sana social y políticamente, al ser una lucha contra la opresión, el silencio o como forma de expresión; esa debe ser propiciada por la educación y no anulada. Es un derecho y no un defecto. La negativa es la patológica.

En el futuro, ¿volverá a combinar la política con le enseñanza?

No sé cómo será el futuro, pero de algo estoy seguro, y es que seguiré en la educación. No rechazo ni busco regresar a la administración pública. Creo que la educación de niños y jóvenes es lo más importante, porque el futuro estará marcado por lo que hagamos hoy.

Trayectoria

  • Maestro de educación primaria. Licenciado en Pedagogía y Ciencia de la Educación. Obtuvo su maestría en Pedagogía en la Universidad Nacional Autónoma de México. Doctor en Educación, en la Universidad La Salle, Costa Rica-Guatemala.
  • Imparte clases en la Universidad de San Carlos de Guatemala. Autor de 30 libros de Pedagogía, Filosofía y Derechos Humanos.
  • Viceministerio Técnico de Educación. Fue juramentado el 4 de marzo del 2008 y renunció el 10 de octubre de ese mismo año.
  • Paulo Freire, pedagogo brasileño, quien promovió la educación de la integración del individuo en su realidad nacional, es un autor que cita con frecuencia.
  • Sobre el caso de Joviel Acevedo cree que se convertirá en una lucha más política que legal. Sucedió justo durante el gobierno con quien tenía mejor relación.
 
   

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