Dulce remembranza
Dulcería Doña María Gordillo, una tradición, de 136 años, que gusta
a chapines y a extranjeros.
por roberto villalobos
Poseedora de amplio reconocimiento y prestigio, dulcería Doña María Gordillo aún ofrece sus mágicos y cautivantes sabores a los paladares guatemaltecos y extranjeros. Además, este negocio se ha convertido en ícono de la cocina del país.
La tienda fue fundada en 1872, en Antigua Guatemala, por la monja Dolores Ortiz y una adolescente de 16 años llamada Mercedes —con el mismo apellido, pero no eran hermanas—. Desde entonces, las golosinas han sido elaboradas en forma artesanal y siempre conservan las mismas recetas. “Mantener la tradición es una tremenda responsabilidad, y mis hijos la deben continuar”, dice María Cristina de Durán, la actual propietaria y la cuarta heredera del lugar.
La dulce historia
A casi dos mil kilómetros de distancia —y mientras apenas se abría el pequeño negocio—, una rebelión en México ocasionó que muchos ciudadanos de ese país se exiliaran en Guatemala, entre ellos, José Patrocinio Gordillo.
Atraído por la joven Mercedes —quien era la encargada de despachar en la tienda—, empezó a frecuentar y a degustar los dulces. Así se inició una nueva historia de amor. Hubo casamiento, y luego, llegaron los hijos. Primero, Miguel (1892), y después, María (1894) quien después sería conocida con el honorable apelativo de doña María y aprendió a hacer más de 50 variedades de dulces: espumillas, quesadillas, polvorosas, yemitas, empanadas, mancuernitas, bolitas de morro o jaleas de guayaba y de membrillo; o bien, los marquesotes, salporcitos, bocadillos de coco y zapote, gaznatos o nuégados, entre otras tantas exquisiteces.
De esos dulces, De Durán dice: “No podemos hacerle cambios a las preparaciones, porque así le gusta a nuestro público”. Por eso, cada vez que alguien pruebe una de las 90 variedades de bocadillos, debe imaginar que se transporta en el tiempo, de cuando los caballeros vestían de negro y sombrero, y las damas de vestido largo y abombado, acompañadas de una elegante sombrilla.
Otras artistas de la cocina han creado otras golosinas: mazapanes en cuadritos, tamarindos, higos rellenos de mazapán, cocadas, naranjas rellenas, encanelados de leche, colochos de guayaba, las paciencias o la pepitoria. Todos estos dulces, aún hoy en día, son preparados en los mismos peroles y tarimas de mármol y madera de guayacán.
Asimismo, resalta el hecho de que quienes trabajan allí son mujeres. “No tengo nada en contra de los hombres; lo que pasa es que solo la mujer puede poner un toque dulce a las cosas”, expresa.
La casa de las delicias
Este lugar atrae por su peculiar decoración, que incluye dos filas de tecolotes en las estanterías superiores, platos de cerámica, lámparas tipo colonial y gruesas vigas de madera. Destaca también su resistente mostrador de madera, el mismo en donde doña María Gordillo servía a su clientela desde inicios del siglo XX.
De igual forma, esta casa tiene una rica historia: data de 1546, ha caído varias veces a causa de fenómenos naturales, se ha reconstruido, pero lo más significativo es que siempre se ha conservado el estilo original, que tiene paredes de hasta 90 y 110 centímetros de grosor.
- Fue fundada en 1872.
- La tienda ofrece unas 90 variedades de dulces típicos, con aspecto y formas de influencia árabe, mudéjar y maya.
- Un total de 25 mujeres trabajan en la dulcería. “No hay ningún hombre, y no es que tenga algo en contra de ellos, es simple tradición”, dice María Cristina de Durán, propietaria y administradora del negocio.
- De Durán, a finales del 2008, presentó su libro La dulcería guatemalteca, nuestros rasgos y símbolos culturales, con el apoyo de la Fundación G&T
Continental.
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