Réplicas mayas
La destreza de los artesanos mayas en la alfarería aún se mantiene viva.
por Francisco Mauricio Martínez
fotos: Carlos Sebastián

En los mercados de artesanías de algunas poblaciones y de la capital es frecuente encontrar imitaciones de antigüedades mayas elaboradas en barro, con diseños y acabados propios de nuestros antepasados. En la mayoría de casos no se necesita ser experto en arqueología para darse cuenta de que se trata de toscas réplicas; sin embargo, en otros, su calidad hasta despierta la curiosidad de los conocedores.
Una muestra de que las destrezas de los antiguos habitantes del país en el manejo de la arcilla y la pintura aún se conserva se puede admirar en Artesanías Maya Republik, en el Mercado de Artesanías, zona 13. En este lugar, los visitantes pueden observar réplicas de vasos, incensarios, jarrones y dioses, tan semejantes a los auténticos, que a los compradores se les extiende un certificado donde se hace constar que la obra no es original y ha sido avalada por el Registro de Bienes Culturales de la Dirección General del Patrimonio Cultural y Natural, del Ministerio de Cultura y Deportes.
Estas imitaciones son elaboradas por artesanos del área rural de Villa Canales, quienes utilizan un barro similar al de Rabinal, Baja Verapaz, y con el cual ponen en práctica técnicas heredadas de sus antecesores. “Cada una de las piezas es única, debido a que se elaboran sin moldes”, explica María José Leonardo, directora del referido lugar de artesanías.
Todo natural
La argamasa que se utiliza para fabricar esta artesanía es una mezcla de barro, cascajo, tierra blanca y agua. Después de su preparación vienen las fases de moldeado, secado, pintado y la etapa del quemado, que se efectúa en hornos artesanales.
El primer paso en este proceso consiste en recolectar el barro, que se caracteriza por ser arenoso. Cada una de las piezas se elabora manualmente y, cuando aún están frescas, se le agregan elementos decorativos, como rostros, manos, pies o figuras de animales, comenta Samuel Donis, quien durante algunos años se dedicó a este oficio.
Cuando las piezas ya están secas por la temperatura ambiente, las introducen a un horno con cúpula de ladrillo que se calienta con leña. María José refiere que durante esta etapa, por lo general, de cada 10 piezas, dos se quiebran y, algunas veces, se reconstruyen y le dan un aspecto de mayor antigüedad.
Después de enfriarse, los artículos se “medio lijan” para que adquieran un aspecto vetusto. El espíritu artístico de los artesanos sale a relucir cuando, sobre el barro cocido, pintan figuras y símbolos mayas, para lo cual utilizan tintes rojos, negro y amarillo, que obtienen de la tierra, y el blanco de la cal. El último paso consiste en la fijación de los colores, que se logra al introducir las obras en el horno a una temperatura más baja y por menos tiempo.
Durante los últimos años, esta clase de piezas ha cobrado gran importancia nacional e internacional en la ornamentación. La mayoría está decorada con figuras de dioses, escenas de ritos y tradiciones mayas, que conservan los diseños, colores y textura rústica, como las que se elaboraban hace cientos de años.
- Los tintes que se utilizan para decorar estas artesanías son naturales; se extraen de tierra y algunas plantas.
- Los artesanos saben identificar de qué tipo de tierra se puede obtener un color oscuro, y de cuál un tono más claro o rojo y amarillo. Esta técnica se conoce como pintura con engobes.
- Fabrican piezas como vasos, vasijas, máscaras, incensarios, perfumeras, platos, réplicas de jaguares y figuras de ídolos y dioses indígenas.
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