Semanario de Prensa Libre • No. 237 • 18 de Enero de 2009

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D artesanía

Creatividad en cera
Una pareja de estudiantes elabora velas con distintas formas.

por Francisco Mauricio Martínez
fotos: Mynor de León

Cuando se analizan las posibilidades de desarrollo de los jóvenes en el país, el estribillo es “no hay oportunidades”. Después de haber conocido el proyecto empresarial de Daniel Toledo (23 años) y Clarybell Flores (22), éste podría perder fuerza o al menos hacernos reflexionar en cuanto a su validez.
El objetivo inicial de este reportaje era conocer el proceso artesanal de elaboración de unas velas que, por su diversidad y bellas formas, la mayoría de personas no las encienden, sino las guardan como artesanías. Sin embargo, resulta también interesante conocer la visión de esta pareja de novios y estudiantes de la carrera de Ingeniera Industrial de la universidad Galileo.

Todo es posible

El aparecimiento en el mercado de Chandelle (vela, en francés), cuyo lema es “Creatividad en cera”, sucedió en la Navidad del 2005, cuando Daniel y Clarybell tuvieron la idea de elaborar productos dándoles formas de personajes de la época, como Santa Clos, la señora Clos y Frosty. La iniciativa surgió debido a que cuando Clarybell tenía 15 años tomó un curso de elaboración de velas. “Entonces, ella aportó su creatividad y yo la gana de iniciar este proyecto”, dice Daniel.
Los primeros que conocieron el producto fueron los trabajadores de las oficinas de las agencias Way, pues las lucieron en sus oficinas. Las ganancias fueron pocas, pero se dieron cuenta de que era un proyecto factible, por lo que para la Cuaresma del 2006 diseñaron figuras con forma de cucuruchos de La Merced, Antigua Guatemala. El encargado de mercadear el producto fue Daniel, quien logró que en esa iglesia le recibieran a consignación 20 muestras, para exponerlas el día de la venta de turnos del Santo Entierro.
A las 12 horas de ese sábado de Cuaresma, la pareja recibió una llamada para solicitarles 200 más; porque se habían agotado las dos docenas. El problema era que también debían estudiar, por lo que tuvieron que organizarce para cumplir con el pedido. Aparte, necesitaban tener una estufa para derretir la cera, por lo que aprovechaban los tiempos en que las familias de ambos, en las zonas 7 y 17, no utilizaban sus cocinas.
Además de cumplir con el pedido, durante las procesiones de Semana Santa, se dedicaron a vender sus artículos en las calles. “Nuestra estrategia de venta fue ofrecerlas en charolas y marchar adelante de las procesiones”, cuenta Daniel. Para promocionarse, dentro del empaque de celofán colocaban un papelito donde aparecía un número telefónico por el cual se podía hacer pedidos. A partir de ahí, las puertas del éxito se les abrieron de par en par debido a que comenzaron a llegar pedidos con formas extrañas y para diversidad de eventos. Durante la última Navidad, sus productos fueron vendidos en una cadena de supermercados.

Sí es posible

La pareja recuerda que cuando se iniciaron en este negocio, y aún le sucede, las personas veían como “un chiste” su proyecto. “Dedíquense a estudiar”, les repetían algunos allegados. Pero ellos estaban seguros de que con esfuerzo podían entrelazar ambos propósitos. “El estudio ayuda mucho, pero no hay razón para no crear algo antes de graduarse”, reflexiona Daniel.
La filosofía de la pareja parece partir de bases sólidas, cuando explican la forma como amalgaman sus estudios universitarios con su pequeña empresa. Dicen que en sus estudios no buscan “cómo ganar un curso, sino qué deja el mismo para aplicarlo en la empresa”. A partir de esta premisa han aprendido a reducir costos, tiempos de fabricación, aumentar colores y a elaborar páginas web. Así también, los proyectos que les dejan de tarea los catedráticos los elaboran a partir de su empresa. “A los profesores les gusta porque estamos viviendo lo que planteamos”, expresa Clarybell.
Ambos están seguros de que sí es posible salir adelante en el país. “Lo que pasa es que, como nos sucedió a nosotros, la gente subestima y desconfía de que los jóvenes podemos concretar proyectos”, refiere Daniel. “En la U nos conocen como los de las velas”, cuenta Clarybell.

  • Para Daniel y Clarybell, la base del éxito está en ser emprendedores y creativos. “Hacemos lo que sea, no limitamos la imaginación”.
  • En el negocio, cada una de las velas es original, ya que son hechas a mano, sin moldes. “Todas son diferentes, como la naturaleza”.
  • En cada vela las personas encuentran un detalle que les es familiar o les trae recuerdos. “La gente dice: Este se parece a mi papá, por los cachetes o por la ternura del rostro”.
  • El gran proyecto es exportar sus productos y tomar el mercado nostálgico de Estados Unidos. “Nuestras velas típicas, para los migrantes de cada uno de los departamentos”, afirman.
  • La meta a corto plazo es instalar quioscos en centros comerciales y exportar a México y El Salvador. “En estos países tenemos familiares”, refieren.
  • Los materiales que emplean son cera alemana, aceite de aromas, esencias, colores en polvo, pinturas acrílicas y mecha ecológica.ustavo Ponce (Gordoponce) es profesor de física en la Universidad
    Autónoma de Honduras (doctor en física por la Universidad de Texas).

   

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