Semanario de Prensa Libre • No. 237 • 18 de Enero de 2009

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En primera persona

Sacrificios y alegrías
Su labor es ayudar al necesitado

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Ella va de aquí para allá, con su puñado de llaves en la cintura, para abrir y cerrar las puertas del Hogar Santa Catalina Labouré. Es sor María Toribio, quien está a cargo de este centro, en donde se ayuda con hospedaje y comida a aquellos que viajan de los departamentos para recibir tratamiento médico en los hospitales públicos de la capital.

Muchas veces es una vida sacrificada y dolorosa. “Veo la situación de las personas y no tengo los recursos para ayudarlas, pero siempre damos apoyo emocional y espiritual para reconfortarlas”, dice, pues la falta de dinero no le ha impedido prestar auxilio a quien llega a tocar la puerta del hogar. Ella ha aprendido a ser creativa para buscar lo necesario, por eso, hace rifas, vende ropa u objetos que han sido donados en buen estado para obtener dinero y así poder seguir con su trabajo. “Nunca me quedo cruzada de brazos”, refiere.

Sor María Toribio pertenece a la comunidad de las hijas de la caridad de San Vicente de Paúl, a donde ingresó desde muy joven; a los 20 años. “Siempre tuve el deseo de servir a Dios y a los pobres”, expresa. Al principio, sus padres se opusieron, pero cambiaron de opinión al darse cuenta del trabajo que hacía.
Muchos la llaman madre, y no le molesta, pero en su congregación se dicen hermanas —que en francés es soeur y suena como sor; de ahí su nombre sor María—.
Ella no hace votos perpetuos, sino anuales, por eso, el 25 de marzo de cada año renueva su promesa de servir, ya que está libre para continuar o retirarse. “Nuestro compromiso es el servicio al pobre en cualquier forma que se nos presente: niños abandonados, ancianos, enfermos mentales o de sida. No tenemos un grupo determinado”, expone.

Sor María ha estado en diferentes lugares, ya que debido al voto de obediencia que hizo debe estar disponible para ir a donde le indiquen. Ella trabajó todo el tiempo en hospitales, porque, además de pertenecer a la congregación de San Vicente de Paúl, también se graduó de enfermera. De esa cuenta, ha estado en diferentes lugares del país, como Retalhuleu, Zacapa y, en el extranjero, en Costa Rica.
“Estoy contenta de hacer el trabajo que hago, y me siento bien de ayudar al necesitado”, afirma.

(JS)

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