Lugar de las Ceibas
El pequeño pero atractivo municipio de Pochuta está rodeado de numerosas fincas con importantes tesoros naturales escondidos.

texto y fotos: ana MartÍnez de zÁrate
Viajar por el país siempre constituye una aventura, y no solo por las carreteras y sus pilotos inconscientes que marchan a toda velocidad, sino porque en cualquier lado se pueden descubrir tesoros escondidos. Es el caso del municipio de San Miguel Pochuta, que nos recibe con un amplio cartel: “Bienvenidos a la tierra del café y del trabajo”.
Retiro
Entre este municipio y Patulul, Suchitepéquez, y cinco kilómetros antes de llegar a la cabecera de Pochuta, existe una reserva natural privada: El Retiro, cuyo nombre indica perfectamente dos de sus acepciones: es un lugar distante del bullicio de la gente, que propicia la abstracción, el apartamiento o el recogimiento. Pero, afortunadamente, no solo es ideal para personas que quieran desconectarse, pues ni siquiera tienen cobertura los celulares, sino también es una preciosa finca ecológica en la que se está en comunión con la misma naturaleza selvática y tropical, que debería visitar todo amante de los tesoros de la madre tierra. Sin embargo, a pesar de su inmenso atractivo, se nota que lleva algún tiempo sin recibir visitas turísticas. Arturo Luis, trabajador de la finca, que abarca “casi tres caballerías”, explica que en la actualidad solo se dedican a laborar el café y atender las pequeñas plantaciones de banano y plátano. Una pena, porque el entorno tropical ofrece muchas posibilidades: se puede pasear, bañarse en la piscina, tomarse un refresco apreciando las bonitas vistas, leer los varios libros que hay en el salón de la casa, que casi parece una biblioteca. Incluso, si alguien se anima, hay un piano, todavía en funcionamiento, que los apasionados de la música pueden tocar. La casa tiene tres cuartos, en los que caben hasta cuatro camas, más una amplia cocina, totalmente equipada, y una terraza con varias mesas y sillas para disfrutar de las vistas, a la sombra para resguardarse del potente sol. También hay un bungaló independiente con un par de habitaciones y baño. Si se tiene suerte, además de palmeras, helechos y diferentes tipos de árboles, se podrán observar animales como venados de cola blanca, pizotes, tacuacines o tepezcuintles, entre otros. Asimismo, anteriormente había tours de visita por la planta de café, en donde explicaban el procedimiento de su cultivo. Allí solo procesan la materia prima, recibida de Atitlán y llevada, luego, a Exporcafé. Además, existe una pequeña iglesia católica, que al igual que la finca lleva tiempo abandonada y sin recibir fieles, ansiosa por volver a estar llena de personas de todas las edades que sepan disfrutar de estas casas y su entorno.
Su representante, Enrique Rodríguez, explica que en la actualidad el hotel permanece cerrado, pero que están a la espera “de encontrar socio para reabrir”, y recuerda aquellas épocas en que llegaban pequeños grupos de turistas, “sobre todo europeos”, a los que preparaba un menú especial, y que hasta podían montar a caballo. Sin embargo, “por no poder atender como se debe a la demanda, se tuvo que cerrar hace un par de años”, afirma. Su página en Internet es: www.elretirofinca.com.
Venecia
Un problema que encontramos en Pochuta es que está rodeada de fincas privadas, con numerosos sitios dignos de ver, pero ocultos y de difícil acceso para el gran público. Es el caso de la Cueva Venecia, que en la actualidad pertenece a Sicasa, la “única gran empresa de sílice (mineral utilizado para fabricar vidrios) en Guatemala”, explica Selvin Delcompare, trabajador de la empresa, sorprendido porque haya interés en verla. “Aquí no la valoramos”, reconoce, aunque precisa que es posible visitarla si se pide permiso a la gerencia.
Ruinas
En la cabecera del municipio existen unas ruinas “supuestamente” coloniales, “declaradas zona arqueológica”, refiere Juventino Castillo, director y cofundador del Instituto Carlos Luttmann Klentze, donde se encuentran partes de las mismas junto a las canchas de baloncesto. También hay vestigios arquitectónicos en el cementerio. Mientras se pasea por las calles de Pochuta se percibe que, a pesar de que “alrededor del 80 por ciento de la población es kaqchikel”, nos dice Vicente Noj, asistente del despacho municipal, estos no se visten con los trajes típicos. Rodolfo Jocholá, trabajador de una caseta cerca de la municipalidad, reconoce con tristeza que “se ha perdido la identidad”.
Finca El Pacayal
Para acabar el día, nada mejor que subir hasta la finca El Pacayal para apreciar las bonitas vistas. Por el camino nos topamos con el río Nicán, uno de los 12 ríos que atraviesan esta región, además de varios riachuelos y una catarata, llamada La Chorrera. En El Pacayal, de nuevo, encontramos el mismo problema, ya que es propiedad privada, dedicada en gran parte a la producción de café, por lo que para visitarla es necesario pedir permiso.
Es una pequeña ciudad con iglesia, comercios y campo de futbol, en la que viven en época de cosecha, hasta 700 personas, cuenta Yobani Véliz, administrador del campo. La cosa era diferente hace varios años, cuando por ejemplo Noj subía de niño a jugar hasta allí y miraba el amanecer con los volcanes, el Acatenango y el de Fuego, de fondo. Algo que, sin duda, debe ser espectacular y que ojalá algún día podamos disfrutar.

Más datos
- Pochuta es un municipio del departamento de Chimaltenango, cuyo mejor acceso es a través de la ruta al Pacífico, Cocales y Patulul.
- Ocupa un área de 170 kilómetros cuadrados y se eleva 916 metros sobre el nivel de mar.
- El nombre de Pochuta, según el Diccionario Geográfico Nacional, puede provenir del náhuatl pochotl, que significa “lugar de ceibas”.
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