El ballet no tiene sexo
Cada vez hay menos prejuicios hacia los bailarines.

Raul Martinez, Carlos Mejia Godoy, Silvio Linarte, Humberto Quintanilla y Ofilio Picon
por ana martínez de zárate
fotos: alfredo vicente
¿Por qué se relaciona ballet con lo femenino? Si en realidad, como dice Eddy Vielman, maestro y coreógrafo del Ballet Nacional de Guatemala y de la Escuela Nacional, “la estética y el movimiento no tienen sexo”. “Es por las mallas (vestuario)”, comenta Amalí Selva, directora del Ballet Guatemala, pero este tipo de baile es igual que practicar cumbia, salsa, hip-hop, tap o cualquier otro. Sea por lo que sea, lo cierto es que un gran porcentaje de personas relacionaba —y algunos todavía— bailarín de ballet con homosexual.
Prejuicios
Sin embargo, los prejuicios desaparecen poco a poco. El ejemplo perfecto se encuentra en la Escuela Municipal de Danza, en el edificio de Correos. No han empezado todavía las clases de danza, pero 14 niños y un par de profesores acudieron a la llamada de la directora Reina Silva, para la sesión fotográfica y las entrevistas de este reportaje. Se nota que los niños disfrutan, incluso, alguno pide que ya comiencen las clases. Se pelean por embadurnar sus zapatillas en brea, que sirve para evitar escurrirse, y las risas invaden el salón con barras y espejo, donde entrenan todos los días; los más pequeños, durante una hora, y los mayores hasta tres. Para ellos es más que un juego. Es su vocación.
Por primera vez, desde su creación en el 2004, son tantos los jóvenes inscritos. “Este año se apuntaron 28”, refiere Silva, aunque la cifra dista mucho de las mujeres, 200. Los hombres pueden entrar desde los 8 hasta los 21 años. Es distinto con las mujeres, quienes solo pueden inscribirse a la edad de 8 y 9 años. Por la escasez y la necesidad de varones, para ellos se han ampliado los límites de edad.
Escuela Municipal
Se destaca que ahora se produce una apertura de mente, en comparación con épocas anteriores, según reconoce la mayoría de los bailarines. “Antes era terrible”, cuenta Manuel Ocampo, uno de los primeros bailarines estrella del Ballet Guatemala y fundador y director del grupo de danza de la Universidad San Carlos. No obstante, todavía varios bailarines de ballet han tenido problemas de aceptación, tanto de sus compañeros de colegio como de la familia. Es el caso de Walter Mayén, de 14 años, quien a pesar de haber obtenido el apoyo de su madre, quien lo inscribió, sus compañeros del colegio lo molestaban tanto que se llegó a pelear con uno de ellos y casi lo expulsan. Ahora estudia en otro lugar, pero no revela que por las tardes recibe clases de danza. Pese a ello, tiene claro su sueño: “Voy a ser uno de los mejores bailarines internacionales”, asegura convencido. Por eso quiere ir a París, para ampliar su formación.
Oportunidades
Viajar es otra de las ventajas del ballet, ya que se tienen muchas oportunidades de conocer otras culturas. Por ser una carrera muy corta —“los hombres tenemos nuestra mejor época entre los 18 y los 36”, explica Roberto Castañeda, primer bailarín guatemalteco y uno de los fundadores del Ballet Guatemala— “hay que aprovecharla al máximo”, añade. Y se tiene que estar dispuesto a que te absorba, incluso el resto de tus otras facetas, hasta “la sentimental”, expresa Édgar Urízar, maestro de la Escuela Municipal y director del Ballet Folclórico del Centro Cultural de Escuintla. Además, en Guatemala, según Vielman, “hay que beneficiarse de que existe menos movimiento para experimentar y hacer crecer la danza en el país”, porque también “es más fácil obtener espacio para presentarse que en otros países”.
Época de Oro
A todos les gustaría que en Guatemala se recuperara la etapa de oro, que comprendió las décadas de 1960 y 1970, con estrellas de la talla de Richard Devaux, Antonio Crespo, Manuel Ocampo, Roberto Castañeda y Carlos Marroquín, entre otros. En esta etapa el ballet nacional llegó a ser superior al mexicano, según Silva. “En una ocasión tuvimos mejores críticas que el ballet cubano de Alicia Alonso”, refiere Castañeda. “Ahora hay muy buena técnica, pero falta innovación y entrega”, agrega. “Haría falta que vinieran más maestros extranjeros”, opina Ocampo. No ayuda la situación económica actual. Los sueldos hacen imposible que un profesional del Ballet Nacional se pueda dedicar solo a ser bailarín de ese grupo, por lo que la mayoría lo combina con otras labores, como Julio Ramírez, primer bailarín, con un hijo a su cargo, quien se dedica por las tardes a ser maestro de danza en la Escuela Municipal, y los fines de semanas trabaja en academias privadas. Norman Barrios, de 20 años, continúa sus estudios de Arquitectura, porque ve incierto el futuro de esta danza, a pesar de ser calificado como un gran bailarín con muy buen porvenir. Quedan lejos aquellos Q20 al mes que recibían Ocampo o Castañeda, pero también ahora los cabezas de familia se preocupan porque sus hijos quieran pertenecer a un mundo tan sacrificado y volátil, en el que se obtienen beneficios económicos tan ínfimos. Sin embargo, todos coinciden en que es una “profesión muy bonita”, resume Barrios, y animan a que se unan a ellos más jóvenes, y no se dejen llevar por los prejuicios.
Historia
- El ballet es una forma de danza teatral que se desarrolló en la Italia del Renacimiento (1400-1600).
- En 1661, Luis XIV, conocido como el rey Sol, por un papel de ballet, fundó la Académie Royale de Danse, una organización profesional para maestros de danza.
- Al principio, todos los bailarines eran varones, y los papeles femeninos los interpretaban hombres disfrazados de mujeres.
- Las primeras bailarinas en una producción aparecieron en 1681, en el ballet llamado Le triomphe de l’amour.
- Fuente: Enciclopedia Encarta.
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