Semanario de Prensa Libre • No. 240 • 08 de Febrero de 2009

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D ecología

Aunque muertos, siguen en pie
Poco se conoce sobre la importancia de las colecciones de animales disecados.

por ana martínez de zárate
fotos: carlos sebastián


Águila arpía.

Muchos se preguntarán ¿para qué sirven los animales disecados o conservados en frascos con alcohol? La respuesta es muy amplia. El estudio de estos seres vivos, desde anfibios y reptiles, insectos, hasta peces, aves y mamíferos de todo tipo, implica beneficios ecológicos, además de los didácticos.
En Guatemala solo hay tres lugares con este tipo de colecciones, la Universidad del Valle y la San Carlos de Guatemala (Usac), dedicadas, sobre todo, a la investigación, y el Museo de Historia Natural, cuyo objetivo es didáctico y de exhibición. Sin embargo, las tres instituciones tienen el mismo problema: falta de presupuesto para poder aprovechar esos estudios, ya que todavía no se valora la importancia de dichas colecciones.

Laboratorio

El ambiente donde se encuentran las colecciones no suele ser demasiado agradable, sobre todo por el olor. Los ojos y la nariz se irritan un poco. “Es por los líquidos en los que se conservan los animales: formalina o etanol y también por el insecticida que se echa en las pieles, para evitar los insectos”, explica Mayra Maldonado, quien fue la encargada de la colección de la Universidad del Valle durante 12 años.
Solo existen dos formas de disecar: en solución con aquellas sustancias, para anfibios, peces y reptiles, que primero se suelen echar en formalina y luego en etanol; y en piel, para mamíferos y aves, cuyo procedimiento es quitar toda la parte interna, que se rellena principalmente con algodón, y por último aplicar un poco de formalina.
Además, tienen las ventanas tapadas con cartulinas negras para que el sol no dañe las especies. En los muebles permanecen guardados los animales para estudio, y algún cuaderno está suelto con anotaciones y dibujos. La colección de la Universidad del Valle fue creada hace 35 años por los esposos Margaret y Michael Dix —inglesa y estadounidense—, que vinieron por dos años, cuando se creó el Departamento de Biología en Guatemala, pero que se enamoraron tanto del país que nunca se fueron y continúan trabajando. Según Margaret, “Guatemala es un paraíso para un biólogo”, aunque, precisa que está “en peligro”, por el desinterés general hacia esta materia. Lucía Margarita Prado, directora del Museo de Historia Natural de la Usac, coincide y señala que “falta mucha investigación” y que el laboratorio de esta Universidad tiene deficiencias en cuanto a luz y humedad. “Demandamos la construcción de otro edificio”, agrega.
Asimismo, Guatemala “es el país de Centroamérica donde se creó más tarde la carrera de Biología”, refiere Prado, especialista en moluscos. “Las primeras generaciones de biólogos tuvieron que huir, por la situación violenta del país”, añade; lo que explica que haya poca concienciación sobre la importancia de su trabajo.

Preservar

El fin de estas colecciones es la conservación y protección de los animales, para que no ocurra de nuevo que la única especie se encuentre en un frasco o con algodón y serrín dentro. “Tenemos animales que estaban en bosques en donde ahora ya no existen ni los bosques, ni las especies”, expresa Alejandro Anzueto, actual encargado de la colección de la Universidad del Valle. Para ello, tienen que colectarlas, pero “no se mata por matar”, solo se recoge “una muestra representativa para realizar un estudio”, explica. Enio Cano, profesor universitario especializado en entomología (estudio de insectos) e investigador del Museo, cuenta que gracias a estos estudios se consiguió nombrar zona protegida al volcán de San Pedro, en Sololá, para preservar al pavo de cacho, en peligro de extinción.

Diversidad

También son importantes estos estudios genéticos para “saber la distribución y diversidad de las especies en el país” y eso se puede lograr mediante “análisis de ADN”, afirma Anzueto. En Guatemala se han localizado seis sitios donde hay especies endémicas.
Otra función es el uso de los animales para medicamentos, aunque aquí todavía no se ha desarrollado. Según Maldonado, “aproximadamente dentro de cinco años se tendrá relación con laboratorios que hagan este tipo de trabajo”.
Otro problema que afrontan es que muchas de las especies guatemaltecas fueron llevadas a otros países. “Queremos transmitir que aquí están en buenas condiciones para que estén a disposición de la gente local”, asegura Anzueto, aunque Cano reconoce que algunas veces han perdido datos y piezas, “no somos los únicos, hasta Darwin se confundió”, y hay escasez de personal, ya que en el laboratorio de la universidad del Valle hay seis trabajadores, solo cuatro están contratados y son pagados, la misma cifra que en la Usac, pero peor son los casos del Museo de Historia Natural, con solo un encargado de la colección.
Tampoco podemos olvidar la belleza de algunas especies. Jack Schuster, director del Laboratorio de Entomología Sistemática de la Universidad del Valle, asegura que este factor también es muy influyente, mientras enseña sus insectos favoritos, los de la familia Passalidae, (un tipo de escarabajo), cuya colección es “una de las mejores del mundo”, dice orgulloso, aunque solo se puede dedicar a su cuidado, junto con otra persona, menos de medio tiempo. Además, también se encarga de asesorar cuando se presentan riesgos de plagas.
Maldonado opina que hay que proponer que “estas colecciones sean factibles económicamente, para hacerlas más atractivas”. Por ejemplo, la Universidad del Valle elabora “guías de campo”, es decir, libros de referencia, para vender en el futuro. En tanto, aún queda mucho trabajo por hacer. “El 90 por ciento de los insectos todavía no se ha descubierto”, afirma Schuster.


Jovenes voluntarios e investigadores de la Universidad del Valle hablan con la fundadora del laboratorio, Margaret Dix, frente a la colección de cangrejos en la que trabajan. En total este laboratorio tiene más de 22 mil 400 ejemplares identificados.



   

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