Ante el equilibrio y el caos
Rubín Solórzano expone su muestra de tinta sobre papel, que titula Línea-vector-extensión.

por juan carlos Lemus
Fotos: Carlos Sebastián
En esta muestra pareciera que a Rubín Solórzano le interesa explorar dos factores: la rectitud y la belleza. No la rectitud como asunto moral, sino como la perspectiva sobre la cual viajamos en el espacio.
El equilibro propuesto en estas piezas está dibujado con líneas rectas, escuadras, puntos de fuga bien marcados hacia los cuales convergen muchas otras líneas procedentes del cuadro.
Tampoco se trata de una belleza tradicional, acaramelada o la postulada por el romanticismo, por ejemplo; el interés de Solórzano va sobre una belleza fría y erótica al mismo tiempo, que está marcada por líneas curvas de los cuerpos de seres humanos y flores hongoides.
Una de las características que se aprecia, tanto en esta como en las anteriores exposiciones del pintor, es su experimentación, casi obsesiva, con el dibujo de masas óseas. Pero, a diferencia de una de sus muestras, la titulada Homo Viator o el Hombre Peregrino, donde impera la figura humana al punto de que la convierte en personaje central de cada cuadro, esta colección tiene por unidad temática la actitud del ser humano ante la existencia.
Los seres, se amen o no, están separados por espacios pequeños, pero que emocionalmente son abismales. Es por eso que la figura humana, en esta muestra, la minimiza hasta el punto en que cede el espacio a otros vacíos más fuertes, representados por la preeminencia de espacios blancos.
En este caso, Solórzano nos recuerda que lo sustancial, la parte íntima del ser, su espíritu, alma o pensamiento, según la creencia de cada espectador, es un factor aislado en el universo, conectado, si mucho, por la sensualidad o la violencia, pero que se mantiene como una isla incomunicada.
Los espacios entre dos o más seres, en sus cuadros, son pequeños, porque se encuentran apenas a dos pasos unos de otros, pero están completamente separados porque cada mente es un vector indescifrable. Y el pintor lo expresa de esa manera al colocar líneas y vacíos, y profundidades, que expresan una completa separación; cierta helada blancura.
De ahí, probablemente, que Rubín Solórzano haya nombrado a esta muestra suya, que incluye 15 cuadros, Línea-vector-extensión.
Tal ecuación mental, al vagar entre la rectitud lineal y la belleza corporal, desprende un factor filosófico que expresa en el Yin y el Yang. No es un elemento que destaque en cada cuadro, como si fuese un Leitmotiv; mas aún con eso el pintor consigue dar un carácter de profundidad metafísica a su muestra.
Como sabemos, el Yin y el Yang son complemento, lo masculino y lo femenino, el aquí y el ahora frente a la eternidad; es un viaje infinito entre el día y la noche que las culturas occidentales entendemos como el bien y el mal. Es por eso que Rubín Solórzano inserta esos elementos precisamente donde hay cuerpos desnudos. Tributo a la mujer en dos sentidos: como curva, cuerpo delineado que da complemento a la existencia recta y fría, y como ser llevado a la fosa nacional del crimen.
Lo sensual y lo grotesco, las flores y los huesos, las curvas infinitas y finitas en los cuerpos y el Yin y el Yang inciden en el aspecto de su obra. Esos elementos bien pueden ser complementarios u opuestos, pero, en todo caso, son siempre motivo de caos en un humano normal, pues la belleza también puede ser anárquica y desconcertante, caótica y equilibrada.
Las flores, en estos cuadros, no concuerdan con la idea frecuente del colorido, de la delicadeza y la condición efímera de esas plantas. Es belleza como la del hongo, robusta como las piernas y sensuales como la desnudez por sí misma.
La exposición incluye a un “exterminador” a tinta, un extraño ser óseo cuyos rasgos sensuales contradicen su supuesto ejercicio violento. La masa ósea, insistimos, es una característica del pintor a lo largo de esta muestra y de sus anteriores. Quizá Rubín Solórzano llegó “sin querer” o sin darse cuenta a apoderarse de los elementos óseos al punto de que hoy forman parte de su estilo. Mas lo cierto es que hacia la verdad de nuestro interior solo llegamos por medio de lo que parece una ocurrencia o una idea. Cada gesto, trazo y palabra, se supone, es un ramalazo hacia el exterior de lo que tenemos adentro. De manera que su constante dibujar de huesos y la textura de hongos acaso reflejan algo de él mismo. Ese algo coincide con cada uno de sus cuadros. Es cierta devoción por lo bello no romántico y lo recto no moral. Sus cuadros tienen un vasto simbolismo que cada espectador podrá interpretar hacia fuera y hacia adentro de esta propuesta plástica: lo que el artista, en este caso, expresa de cómo ve el mundo, y el reflejo de su obra de arte en la conciencia individual.
El pintor
- Rubín Solórzano (Guatemala, 1965) egresó de la Escuela Nacional de Artes Plásticas, Enap.
- Es maestro de dibujo y pintura en la Enap y en la Escuela Metropolitana de Arte.
- Su página: http://geocities.com/rubsol2002
- La exposición Línea-vector-
extensión se encuentra abierta en Galería Guatemala, vestíbulo del Banco G&T Continental, 6a. avenida 9-08, zona 9. Cierra el 28 de febrero.
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