El diplomático
Mantiene una relación con Guatemala que va más allá de haber sido embajador de Venezuela en este país durante siete años, tiempo durante el cual lo recorrió y cultivó muchas amistades.
por Francisco Mauricio Martínez
fotos: Carlos Sebastián

De 1990 a 1997 fue embajador de Venezuela en Guatemala, tiempo que le fue suficiente para penetrar en las entrañas de esta tierra, cultivar amistades y vivir sucesos que lo atan de por vida al país. El parche en el ojo derecho, secuela de un balazo que recibió en Guyana, lo destacaba cuando aparecía en las páginas sociales y políticas de los medios de comunicación.
Sadio Juan Miguel Garavini di Turno Amendola (1949) es un diplomático de conversación profunda, culta y variada, que ha desarrollado durante casi 25 años en esta profesión. A continuación, una conversación sostenida con este personaje que en la actualidad reside en Venezuela, pero que por razones de trabajo viene al país periodicamente.
¿Cómo ingresó en el servicio diplomático?
Mi primera embajada fue Guyana, que es vecino de Venezuela, como Belice y Guatemala, y con quien también tenemos un problema de reclamo territorial. Antes de entrar al servicio diplomático daba clases sobre el Caribe angloparlante, y fue una de las razones por las cuales me enviaron a ese país, incluso mi tesis doctoral fue sobre la relación con Guyana.
Mi última embajada fue en Suecia, donde estuve entre 1997 y 1999 cuando me reincorporé al servicio interno. Fui varias veces asesor del canciller en materia de frontera, y tuve a mi cargo varias direcciones de la Cancillería, pero cuando regresé a Venezuela solicité mi retiro anticipado, ya que no me interesaba representar al gobierno de (Hugo) Chávez. Hice bien, porque mis compañeros que se quedaron fueron maltratados, la Cancillería se desmanteló y ya no es profesional, porque solo hay gente que, simplemente, es leal al presidente.
¿A qué se dedica ahora?
Con Guatemala he tenido una relación muy buena, y mi familia quiere mucho a este país por varias cosas. Mi única hija (Claudia Beatriz) es made in Guatemala (risas), y es un regalo de Dios, porque, previamente, mi esposa (María Beatriz) tuvo cinco pérdidas; además, mis padres, soy hijo único, murieron aquí cuando yo era embajador, los dos están enterrados en el cementerio Las Flores. O sea, hay razones de tipo familiar que me atan a este país.
Aparte, continúo escribiendo una columna de opinión en Prensa Libre cada 15 días, lo cual también hago para El Universal y El Nacional, de Caracas, y algunos diarios virtuales como El Imparcial, de Madrid, y revistas como Venezuela Analítica.
También asesoro a una empresa italiana que tiene intereses en Centro y Sudamérica (Ghella-sogene), lo cual me hace venir cada tres o cuatro meses. Y tengo otra razón: concluí mi misión acá con la inauguración de un parque conmemorativo, que se construyó en Petén, donde cayó un avión en 1986 y murieron muchas personas, entre ellas mi maestro el ex canciller venezolano Arístides Galvani, quien fue secretario general de la Internacional Democracristiana y también para América. Él colaboró mucho en el fortalecimiento de la democracia en Centroamérica y particularmente en Guatemala, en 1985. También falleció su esposa, que cuando fue alcaldesa de Caracas me casó y fui profesor de una de sus hijas que también murió en ese accidente. En el sitio hay una frase de mi maestro, que seleccioné, y dice: “La democracia hay que establecerla donde no existe, consolidarla donde se ha establecido y perfeccionarla donde se ha consolidado”.
Suficientes razones, ¿no?
Hay una relación que va más allá de haber vivido aquí unos años, porque fue profunda con la gente; mi esposa, por ejemplo, adora Antigua Guatemala, y por eso uno de nuestros sueños es tener una casita en esa ciudad. Conocimos gente con la cual entablamos bellas amistades, que cuando regresamos sentimos.
Hay algunos diplomáticos que pasan por el país, pero el país no pasa por ellos; si uno quiere ser bueno tiene que adentrarse, y en ese sentido creo que mi familia y yo lo hicimos, porque no solo lo recorrimos en toda su extensión, sino también convivimos con la gente.
¿Qué consejo le daría a un embajador?
Le recomendaría conocer a fondo el territorio, y no permanecer solo en la capital yendo a reuniones sociales. Creo que un buen diplomático debe entrar en la sociedad de manera profunda, no solo con los sectores políticos y económicos, sino también con la gente sencilla con la cual uno puede auscultar y entender mejor la sociedad. Esto también tiene su lado difícil, debido a que después de unos años, cuando uno debe marcharse e hizo relaciones afectivas le duele irse.
Algunos diplomáticos creen que es mejor no relacionarse demasiado y quedarse en la superficie de la relación, y cuando se van no les afecta tanto.
En mi caso, Dios ha querido que mi vínculo con Guatemala se mantenga vivo y me permite regresar a menudo, lo cual es bonito porque los amigos lo reciben a uno con el afecto de siempre.
Algunas personas creen que al diplomático le pagan por hacer vida social.
Esa es la visión un poco superficial que se tiene; hay un viejo dicho que muchos recuerdan que dice: “Los diplomáticos son gente buena, enviada al exterior para mentir por su país” (risas), y no es verdad. Uno de los grandes diplomáticos de la historia, el barón de Taledon, canciller de Napoleón y Luis XVIII, decía que una de las cosas fundamentales para un diplomático es la credibilidad, porque al decir mentiras termina mal, porque puede mentir una vez, pero una vez que ha mentido perdió credibilidad.
¿Y decir las cosas a medias?
Lo anterior no quiere decir que se pueda mantener la reserva diplomática. Santo Tomás decía: “No es necesario decir toda la verdad, todo el tiempo a todo el mundo”, uno se puede reservar la verdad, pero sin decir mentiras, que son dos cosas distintas. En la diplomacia hay una frase que se escucha mucho que es: no comment, o sea: de esa pregunta no puedo hacer comentarios, porque estaría obligado a no decir a verdad, por lo tanto, no digo nada.
La gente cree que decir la verdad siempre es bueno, pero no necesariamente, por ejemplo, alguien se imagina a un señor que se está muriendo en un hospital y lo va visitar, y él pregunta ¿cómo me ves? y la respuesta de uno es: “Malísimo, horrible”, esa sería la verdad, pero debe guardarse por el bien de esa persona que se está muriendo, por eso es importante entender esa diferencia.

Sadio Garavini conversa con el entonces presidente Vinicio Cerezo.
¿Cómo se pueden observar los resultados de esa vida social?
Mucha gente tiene una mala idea de la actividad diplomática, de que simple y llanamente uno se la pasa entre cocteles y reuniones sociales, pero muchas veces son funcionales, porque si uno tiene algo que decir o preguntar a más de un funcionario público resultan una gran oportunidad, porque pedir audiencia a cada uno sería perder una mañana y uno solo necesita dos o tres minutos.
Estas actividades se prestan para eso, porque uno va con el ministro o colega, y le dice: “Perdón, tengo algo que decirle”, entonces se aparta y se hace la pregunta, con lo cual se resuelve el problema, en un solo coctel se pueden resolver dos o tres problemas.
Entre la población se utiliza mucho la frase “habla con diplomacia”, como sinónimo de “dorar la píldora”.
Repito, esa es la visión superficial; en la diplomacia, la cortesía es importante, yo puedo tener una gran diferencia de opinión con alguien, pero no necesariamente tengo que insultar o atacar a la persona, lo cual, por cierto, habría que enseñarle a mi presidente Hugo Chávez Frías, quien definitivamente no ha entendido. Uno puede estar en perfecta contradicción con alguien por sus opiniones y atacarlas, pero sin necesidad de decirle imbécil, estúpido, borracho, burro (risas), como acostumbraba decirle a los ex presidentes (George) Bush, (Vicente) Fox, que hasta generó el retiro de embajadores y al primer ministro de Inglaterra (Tony) Blair.
El diplomático puede decir muchas veces que no, pero elegantemente para mantener las relaciones, porque los embajadores representamos países, y éstos, a diferencia de las personas, no se terminan; por ejemplo, Venezuela y Colombia, Guatemala y El Salvador son vecinos y, aun si no lo fueran, van existir para la eternidad. En cambio, las personas pueden romper relaciones, incluso sucede entre hermanos, hasta el final de sus vidas; los países en cambio, bien o mal, van a seguir existiendo, entonces el diplomático es el encargado de mantener esa buena comunicación.
¿Cualquier persona puede ocupar un cargo dentro de la diplomacia, como sucede en el país?
En realidad es un gran debate que los países más avanzados e institucionalizados mantienen, en el sentido de que éstos (los diplomáticos) estudian determinada carrera, como Relaciones Internacionales, Economía o Derecho, y después se presentan en un concurso de oposición, para ver si están capacitados con esa formación académica, para luego iniciar una carrera donde se empieza como tercer, segundo, primer, secretario, ministro consejero y embajador, eso es lo ideal.
Los países desarrollados tienen un porcentaje de embajadores que son nombrados, por ejemplo, un político de renombre, ex vicepresidente y ex presidente, entonces, sí se puede nombrar un porcentaje muy limitado, siempre y cuando atrás de él esté gente de carrera que le pueda ayudar. Un porcentaje muy pequeño, entre 3 y 5, de los embajadores europeos no son de carrera.
Su trabajo le ha permitido conocer varias culturas. ¿Qué tienen en común los humanos?
La humanidad, en el fondo, tiene la misma naturaleza, por eso hay una declaración universal de los derechos humanos. Todavía hoy leemos las tragedias de Esquilo, Sófocles o Eurípides que fueron escritas hace dos mil años, o las obras de Shakespeare de hace más o menos 500 años, y nos reflejamos en esa realidad donde permanece el amor, pasiones, emociones, odios, codicia, envidia y celos. Lo que dicen estas obras es eterno, uno las relee y se ve dentro de sociedades que eran totalmente distintas.
Imaginemos la Grecia de hace dos mil años con lo que tenemos ahora, pero aun así, nosotros no entendemos y comprendemos que se trata de la misma naturaleza humana, o sea, las cuestiones fundamentales en el ser humano siguen siendo las mismas y se repiten en la vida diaria.
Perfil
- Estudios: Doctor (Laurea) en Ciencias Políticas (Summa Cum Laude) Universidad de Roma (1973). Doctorado (Phd) en Ciencias Políticas (1987), Universidad Central de Venezuela. Estudios de Posgrado como “Fellow” del Centro de Relaciones Internacionales de la Universidad de Harvard (1986-87).
- Publicaciones (Inter alia): La presencia china en África (1976). La política exterior de Guyana (1988). La crisis del Estado Nación (1978). La institucionalización política y desarrollo (1979). Mito y democracia (1979). The United States, Latin América and Japan: A virtuous circle (1989) La democracia, estado de Derecho y economía de mercado en América Latina (1992). Negociación y sistema internacional (1996). Venezuela-Guyana: poder y negociación (2001). Sistema internacional y democracia (2007).
- Cargos: viceministro y ministro encargado de justicia de Venezuela (1979-1980); embajador de Venezuela en Guyana (1980-1984), en Guatemala (1990-1997), en el Reino de Suecia (1997-1999). Embajador asesor en la dirección de fronteras, Ministerio de Relaciones Exteriores (1984-1986 y 1987-1990).
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