A galope por Guatemala
Sentir el clima de cada región, observar de cerca el trabajo de los campesinos y conversar alrededor de una fogata son vivencias que se pueden disfrutar en una travesía a caballo.

Por Francisco Mauricio Martínez
Fotos: Carlos SebastiÁn
Carlos Chajón es un caballerango de la finca Filadelfia, en Antigua Guatemala, que se las sabe todas en cuestión de caballos, machos, yeguas y mulas. Desde cepillarlos y colocarles el mantillón, para que no los lastime la montura, hasta hacerlos correr de prisa en el momento que se quedan rezagados del grupo. Es común escucharlo gritar: “¡Vamos, Hillary; vamos, Carter!” cuando esta mula y este macho caminan lento aprovechando que los jinetes son inexpertos. De forma constante regresa de la cabeza de la caravana, donde marcha como director, para arrear a los animales que se retrasan. La paciencia es una de las virtudes de este mozo, originario de Escuintla, pero que tuvo que emigrar a este lugar para hacer un trabajo que le agrada.
Cada vez que habla deja entrever que no solo es experto en el cuidado de equinos, sino que también ha aprendido a ser guía de turistas. Al nada más montar su macho, principia a narrar una síntesis de la historia de la finca y sus primeros pobladores, luego, conforme se va adentrando en la montaña, describe cada una de las plantas que se observan a la orilla del empinado camino. “Este árbol se llama gravilea y le da sombra a las plantas de café. Allá (señala) está Antigua Guatemala, Ciudad Vieja, San Juan del Obispo y, más acá, San Felipe”, dice, al detenerse a mitad de una escarpada cuesta que conduce a un mirador.
Filadelfia es uno de los sitios del país donde los turistas nacionales y extranjeros pueden alquilar un caballo, yegua, mula o macho para recorrer veredas, admirar montañas y volcanes, sentir los microclimas, observar campesinos en labores agrícolas y callejuelas de poblados de Sacatepéquez. Esta forma de conocer Guatemala se está convirtiendo en una de las atracciones más solicitadas, y donde más operan es en Petén, Sololá, Alta Verapaz, Quetzaltenango y Huehuetenango. Según Karina Velásquez, directora de Comunicación Social del Instituto Guatemalteco de Turismo, no se cuenta con un registro de la cantidad de empresas que prestan este servicio, debido a que forman parte del paquete que ofrecen hoteles y otro tipo de negocios similares. “Los más conocidos son Unicornio Azul y la finca Filadelfia”, expresa.
Entre las nubes
Recorrer las planicies de la Sierra de los Cuchumatanes montado en el lomo de un corcel y confundirse entre la neblina perpetua de la región es una experiencia que no tiene parangón. Respirar el aire fresco de las cumbres a más de tres mil 200 metros de altura y avanzar por caminos serpenteados delimitados por rocas kársticas, plantas de maguey y otras propias del páramo, es lo que ofrece Paseos y expediciones a caballo Unicornio Azul, ubicado en la aldea Chancol, Chiantla, Huehuetenango. Este es un viaje tentador y emocionante, sobre todo cuando se hace por varios días, y durante la noche se enciende una fogata. “Es como soñar lo que uno hizo o quiso hacer de niño en la finca del abuelo”, refiere Pauline Décamps, propietaria del centro.
Esta empresa es una de las que ofrece los tours más largos, ya que en su oferta hay entre uno y nueve días de duración. Los más apetecidos son los que se llevan a cabo entre tres y cuatro días, porque permiten sentir lo gélido de la meseta de los Cuchumatanes, debido a que el recorrido se hace en terrenos ubicados entre tres mil y tres mil 600 metros de altura sobre el nivel del mar, en territorio de Todos Santos Cuchumatán y Chiantla. Para llevar a cabo esta travesía es necesario acampar durante las noches en orillas de ríos, fincas o terrenos de algunos aldeanos. Para calentar la noche no puede faltar una taza de café o buen trago de licor. El regreso se emprende al llegar a la ribera del río Azul, en San Antonio Huista.
Una propuesta extrema de Unicornio Azul es el recorrido de nueve días, el cual es poco solicitado, pero es el más atractivo y emocionante, pues permite al turista conocer la región del Triángulo Ixil, Quiché, lo que implica descender del páramo de Huehuetenango a los microclimas calurosos del área quiché. En este recorrido se atraviesan bosques nubosos, tierras áridas, zonas cafetaleras y pintorescas aldeas, donde el paseante puede observar la arquitectura de las casas de adobe, teja de barro o lámina de zinc, así como el colorido de los trajes típicos.
No cabe duda de que estos viajes son una experiencia maravillosa; sin embargo, los que deciden aventurarse deben saber que es fundamental prever algunas situaciones. Décamps dice que una persona que no sabe montar no aguanta más de dos o tres horas consecutivas a caballo sin dejar de sentir cansancio o dolor. “Saber montar implica haber tomado clases de equitación, para tener buen equilibrio y conocer técnicas básicas para esta clase de andanzas. Si no se tiene esta condición, se deben tomar clases o elegir un paseo más corto”, aconseja.
Otra expedición extrema es la que permite adentrarse en las entrañas de la selva petenera para alcanzar al sitio arqueológico El Mirador. Para llegar a este punto la empresa Turismo Aventura lo hace a través de dos rutas: por Uaxactún, la cual se hace en dos días y medio y el regreso es en helicóptero o por la comunidad de Carmelitas de donde parte el recorrido que dura dos días. En ambos casos los turistas duermen en casas de campaña que se instalan en campamentos abandonados de chicleros. Mónica Samayoa, ejecutiva de dicha empresa, dice que también se hacen expediciones a El Sotz, Nakún, El Naranjo y otros lugares.

Carlso Chajón, caballerango de finca Filadelfia.
En aguas cristalinas
Para quienes disponen de poco tiempo están los tours que se pueden hacer en un día. Viajes de este tipo lleva a cabo todos los días la agencia Rogertours, ubicada en Panajachel, Sololá. Traslada a sus clientes en lancha a San Pedro La Laguna (media hora), donde inicia el recorrido a caballo, el cual dura cuatro o cinco horas. A medio galope, los turistas pueden observar plantaciones de cebolla, tomate y café, así como su proceso de secado. El recorrido incluye un descanso, el cual se puede aprovechar para nadar en Playa Dorada, del Lago de Atitlán, en las faldas del volcán San Pedro.
Luego de la cabalgata se hace un breve recorrido por este pueblo, para conocer un poco la cultura tz’utujil. Para llevar a cabo estos paseos se emplean caballos y yeguas guiados por un instructor. En estos recorridos, según Rogelio Puac, director, no se necesita experiencia para montar a caballo, sino solo el deseo de “aventurar y disfrutar senderos naturales y un ambiente ecológico”.
Las aguas cristalinas del lago, los pueblos costumbristas que lo rodean y los volcanes Atitlán, Tolimán y San Pedro son los puntos que exploran las empresas de turismo de este departamento. La empresa de turismo de aventura Horseback Riding and Hiking/Trekking, ubicada en Santiago Atitlán, por ejemplo, conduce a los visitantes por campos de maíz y café antes de iniciar el ascenso a El Mirador, de donde se puede admirar, en un día claro, además del lago, el océano Pacífico. Este paseo se puede hacer en horario matutino y vespertino, pero el momento cumbre es observar la puesta del Sol y, minutos después, la luz titilante de las luciérnagas.
Por las faldas del volcán
En San Juan del Obispo, Antigua Guatemala, Sacatepéquez, los visitantes pueden buscar a Paula y Federick Haywood, quienes desde hace 20 años se dedican a esta clase de aventuras. Durante este lapso han guiado a miles de personas, sobre todo de Estados Unidos, Noruega, Holanda, Alemania, Suecia y Dinamarca. Los recorridos que ofrecen tienen como punto de referencia las faldas del Volcán de Agua y pueden durar entre dos y cinco horas. “Los caminos son maravillosos, el aire es fresco y desde lo alto se puede observar Antigua Guatemala. Ver la manera en que trabajan los campesinos es algo nuevo para los turistas”, dice Kathy Robbert, originaria de EE. UU.
En este lugar, llamado Ravenscroft Riding Stables, trabaja desde hace dos años Luis Fernando Ventura, quien es el responsable del cuidado de los animales. Este es un trabajo que deben llevar a cabo las empresas que se dedican a estas actividades, para que los equinos estén sanos. Ventura cuenta que rasura a los caballos cada dos meses; los cepilla a diario, para evitar que tengan garrapatas; los baña cada dos días con champú; les revisa las herraduras, para evitar que se reproduzcan hongos, y los alimenta. Además, mantiene limpios los establos.
El precio de esta clase de turismo varía de acuerdo al tiempo (horas o días) servicios (alimentación y traslados en automotor) y número de personas. En Filadelfia, por ejemplo, un recorrido de media hora cuesta US$13, mientras que un viaje de dos personas al sitio arqueológico El Mirador US$500, pero si van cinco US$435. “Con derecho a todos los servicios”, dice la ejecutiva de Turismo Aventura.
Respeto al caballo
Hay que actuar con responsabilidad durante la travesía
Pauline Décamps (francesa) y Fernando Mejía (guatemalteco) son una pareja que desde hace siete años abrió Paseos y Expediciones a Caballo Unicornio Azul, en la cima de Los Cuchumatanes. Su conocimiento sobre manejo de equinos, Pauline lo adquirió desde su adolescencia, cuando residía en su país de origen. Ella aconseja que los equinos deben tratarse adecuadamente, por lo que opina: “El caballo es uno de los animales más nobles que nos acompaña en nuestra vida, tolerando demasiadas veces la arrogancia, ignorancia e insensibilidad de los que pretenden dominarlo”.
No se debe montar un caballo que no esté sano, bien alimentado, tratado, herrado y trabajado con moderación. Tampoco se debe emplear uno demasiado pequeño, aunque su dueño asegure que aguanta. ¿Que diría el caballo si pudiera hablar? El jinete no debe pesar más del 18 por ciento del peso del corcel, porque podría lastimarlo.
Se debe revisar que el freno no esté duro, mal puesto u oxidado, o que la silla pese demasiado. También se debe supervisar que ningún accesorio esté a punto de romperse, porque podría causar un accidente.
Mucha gente piensa que el guía solo sirve para no perderse, pero también debe conocer sus caballos y dar a cada turista el que convenga, en función de su peso y su experiencia. También debe saber dar indicaciones antes y durante el recorrido, para que el jinete no dañe al caballo y sepa comunicarse.
Debe ajustar el ritmo del paseo a todo el grupo e informar sobre lo que va o puede observar durante el paseo. Es indispensable que esté atento a la seguridad de los jinetes y de los caballos; unos segundos de descuido o falta de prevención pueden provocar un accidente. Hay que ser respetuoso del entorno.
- Antes de montar un equino, los encargados lo cepillan, colocan un mantillón y luego la montura. Luego el freno y, por último, la tenedora, para que la montadura no se mueva hacia adelante.
- En algunos lugares, aparte de potros, emplean mulas y machos, que son lentos, pero más fuertes (aguantan hasta tres quintales) y seguros en los caminos escabrosos.
- En cada lugar los precios de los tours varían. En la finca Filadelfia, Sacatepequez, por ejemplo, media hora cuesta US$13; una, US$21, y dos, US$35. Una travesía al sitio arqueológico El Mirador en Petén, aproximadamente, US$500. En todos los casos el precio varía de acuerdo con lo que quiere el cliente.
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