Semanario de Prensa Libre • No. 242 • 22 de Febrero de 2009

Portada | Archivo | Contacto | Directorio


   > Editorial
   > En tercera persona
   > Cartas
   > D todo un poco
   > D frente
   > D tecnología
   > D portafolio
   > D tradición
   > D fondo
   > D desarrollo
   > D mundo
   > D recomendación
   > D farándula
   > D viaje
   > D Punto final

 


En primera persona

La historia sin fin
Después de 26 años, poco a poco nos hemos ido reencontrando.

Imagen
Foto Prensa Libre: Ana Martínez

Soy un joven de 21 años de edad. Después de haber leído tantas historias en este espacio, me decidí a compartir una maravillosa historia familiar que aún no tiene fin.
Soy de una pequeña aldea llamada La Mesilla, Huehuetenango (que empieza a tomar notoriedad gracias al equipo local Peñarol Mesilla, que está actualmente desempeñándose en la primera división del futbol nacional), y mi papá, un señor de mas de 50 años de edad, desde pequeño sufrió la pérdida de sus padres. Eso hizo que sus hermanas tomaran rumbos distintos. Una de ellas vivió e hizo su vida en Retalhuleu; otra más, en Belice, y la más pequeña de ellas emigró a México.
Pasado el tiempo, mi tía que vivía en Retalhuleu murió y dejó en la orfandad a tres de sus hijos. Eso conmocionó a mi papá, quien en ese entonces vivía en una finca de Suchitepéquez.
Él decidió hacerse cargo de mis tres primos, pero cuando emprendió el viaje para ir a traerlos se topó con la sorpresa de que mis primos ya no estaban. Él siempre vivió preguntándose qué habría sido de ellos, hasta que, después de 26 años, pudimos encontrar a una de ellas, mi prima Maricruz, que actualmente radica en Retalhuleu.
Dios le permitió a mi papá volver a ver a mi tía que vive en Belice. Ahora preparamos una reunión familiar que esperamos con ansias mis primos y mi papá.
Lamentablemente no hemos podido encontrar a mis otros primos Roger y Yadira, de apellidos González Domínguez. Si alguien lee esto y los conoce, que les diga que seguimos tratando de localizarlos, a ellos y a mi tía que emigró a México. Fue por eso que titulé esta nota La historia sin fin, pues, si Dios nos permitió poder encontrar a mi prima y a mi tía, esperamos que nos dé la oportunidad a nosotros y a mi papá de encontrar o saber algo de nuestros demás familiares. Para Dios todo es posible. Solo hay que pedirle y él obrará. En la fotografía aparecen Maricruz y mi papá.

Abner Domínguez
abner12@hotmail.com

La vida está llena de anécdotas, unas tristes, otras alegres,
pero también hay sucesos fantásticos y heroicos. Cuéntenos la suya.
Envíela a revistad@prensalibre.com.gt o por correo a 13 calle 9-31 zona 1, 9o. piso.


   

© Copyright 2009 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.

www.prensalibre.com