La historia sin fin
Después de 26 años, poco a poco nos hemos ido reencontrando.

Foto Prensa Libre: Ana Martínez
Soy un joven de 21 años de edad. Después de haber leído tantas historias en este espacio, me decidí a compartir una maravillosa historia familiar que aún no tiene fin.
Soy de una pequeña aldea llamada La Mesilla, Huehuetenango (que empieza a tomar notoriedad gracias al equipo local Peñarol Mesilla, que está actualmente desempeñándose en la primera división del futbol nacional), y mi papá, un señor de mas de 50 años de edad, desde pequeño sufrió la pérdida de sus padres. Eso hizo que sus hermanas tomaran rumbos distintos. Una de ellas vivió e hizo su vida en Retalhuleu; otra más, en Belice, y la más pequeña de ellas emigró a México.
Pasado el tiempo, mi tía que vivía en Retalhuleu murió y dejó en la orfandad a tres de sus hijos. Eso conmocionó a mi papá, quien en ese entonces vivía en una finca de Suchitepéquez.
Él decidió hacerse cargo de mis tres primos, pero cuando emprendió el viaje para ir a traerlos se topó con la sorpresa de que mis primos ya no estaban. Él siempre vivió preguntándose qué habría sido de ellos, hasta que, después de 26 años, pudimos encontrar a una de ellas, mi prima Maricruz, que actualmente radica en Retalhuleu.
Dios le permitió a mi papá volver a ver a mi tía que vive en Belice. Ahora preparamos una reunión familiar que esperamos con ansias mis primos y mi papá.
Lamentablemente no hemos podido encontrar a mis otros primos Roger y Yadira, de apellidos González Domínguez. Si alguien lee esto y los conoce, que les diga que seguimos tratando de localizarlos, a ellos y a mi tía que emigró a México. Fue por eso que titulé esta nota La historia sin fin, pues, si Dios nos permitió poder encontrar a mi prima y a mi tía, esperamos que nos dé la oportunidad a nosotros y a mi papá de encontrar o saber algo de nuestros demás familiares. Para Dios todo es posible. Solo hay que pedirle y él obrará. En la fotografía aparecen Maricruz y mi papá.
Abner Domínguez
abner12@hotmail.com
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