Semanario de Prensa Libre • No. 243 • 1 de Marzo de 2009

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Editorial

Rara violencia

Las historias color rosa —esas en las que los protagonistas, además de ser estandartes de virtudes, son físicamente atractivos— son las que ha empleado la meca del cine. La fórmula ha tenido tanto éxito que ahora se le conoce a esta industria como la máquina de sueños.

Lejos de la visión hollywoodense que ha tenido como uno de sus máximos exponentes —por lo menos en los cuentos infantiles— a Walt Disney, existen los verdaderos y, muchas veces, crueles textos de los cuales fueron extraídos solo los argumentos convenientes para rematar siempre con finales felices. La felicidad no es eterna y los cuentos de hadas lo advierten, pero de forma muy sutil. No es así en las versiones originales, que muchas veces concluyen con hechos criminales.

Por ejemplo, en el cuento que conocemos como La bella durmiente, el italiano Giambattiste Basile le denominó La historia de la durmiente napolitana. En ésta, un noble que va de caza por ahí descubre a una hermosa muchacha que no está muerta, sino que permanece en un mágico sueño, pero en vez de limitarse a darle un beso —como en los cuentos o en las películas—, tiene una reacción más primitiva, sigue sus instintos y la desflora.

Sobre el origen de algunos de los cuentos de hadas trata el tema de esta edición. La periodista Julieta Sandoval describe las obras de ciertos autores (los hermanos Grimm, Charles Perrault, entre otros) y, con la ayuda de expertos en la materia, elabora un análisis de estas narraciones que tienen una rara violencia.

Viviana Ruiz,
editora

 


   

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