De hadas, príncipes y tristezas...
Muchas narraciones antiguas contenían tramas violentas que terminaban en muertes, pero fueron modificadas para hacerlas agradables a los niños.

Caperucita roja
por Julieta Sandoval
FOTOarte: billy melgar
Había una vez unos cuentos de hadas que no tenían finales tan felices o las historias no eran tan inofensivas como las que se han dado a conocer por el cine. En muchos de ellos, el beso del príncipe azul nunca existió.
Antes, estos escritos eran tradiciones orales, su público incluía a personas de todas las edades. Fue en los siglos XIX y XX cuando se asociaron a la literatura infantil, por lo que los desenlaces dichosos aumentaron, eliminándose la violencia. Esto sucedió cuando se aceptó la figura del niño como tal en la sociedad, y fue una de las consecuencias de la Revolución Industrial, explica Frieda Morales Barco, doctora en Literatura Infantil, pues hasta el siglo XVIII, un ser humano era considerado adulto a partir de los seis años, cuando superaba la etapa de las enfermedades, de ahí que se integrara al trabajo en fábricas o talleres, más que sus padres, por lo que peligraba su vida.
De esta problemática surge la protección al infante y la escuela fue instituida como obligatoria para los hijos de los obreros. “No había nada para los menores, al buscar, encontraron a Charles Perrault y Madame D’Aulnoy, pero sus cuentos habían sido escritos para entretener a las cortesanas o acompañantes de la reina; eran pícaros y eróticos porque tenían una doble intención”, dice Morales.
Después esos relatos fueron llevados por Walt Disney, a partir de los años 1920, a la pantalla grande en dibujos animados.
La niña de rojo
Muchos hemos crecido sabiendo que, pese a que el lobo se comió a Caperucita Roja y a su abuelita, un leñador o cazador —depende de las versiones— las sacó de la barriga del animal.
El francés Charles Perrault, el primero en escribir este relato, lo finaliza después de pronunciar aquellas expresiones famosas: “Abuela, ¡qué dientes tan grandes tienes! —“¡Son para comerte!” Y al decir estas palabras, el lobo se arrojó sobre Caperucita Roja y se la comió. Fin. Después, hay una moraleja para que las muchachas no hagan caso al primero que se les acerque.
Andrew Lang, estudioso inglés y compilador de cuentos, aseguró que si todas las variantes de Caperucita Roja terminaran como la de Perrault, el relato se habría relegado al olvido. Según el libro Psicoanálisis de los cuentos de hadas, de Bruno Bettelheim, existen otras versiones de esta historia en las que el lobo obliga a la muchacha a comer carne y a beber sangre de la abuela.
Este autor infiere, además, que Caperucita estaba en la pubertad, por lo que es seducida por el lobo. Cuando Perrault describe que la fiera le dice que se acueste a su lado, ella se desviste. Al meterse entre las sábanas exclama —“Abuela ¡qué brazos tan largos tienes!”— Sin embargo, este personaje, explica Bettelheim, gusta en todo el mundo, porque a pesar de ser una persona virtuosa, cede también a las tentaciones. Sugiere como peligroso continuar siendo ingenuo durante toda la vida.
Tres intentos
En el relato de Blancanieves de los Hermanos Grimm (Jacobo y Guillermo), la protagonista sucumbe cuando su madrastra disfrazada de una vieja vendedora le da a comer una manzana envenenada, pero antes hay dos intentos de asesinato. El primero, cuando la malvada le vende un corsé y se lo amarra tan fuerte que la deja sin aliento, hasta que cae sin conocimiento al suelo. Al llegar los enanos, rompen los lazos y ella respira. En el segundo, usa una peineta envenenada que, al ensartársela en la cabeza, la hace desmayar; de nuevo, los pequeños la rescatan. Con la manzana, los intentos para reanimarla son inútiles.
Al final, otra vez la madrastra pretende hacerle daño a Blancanieves cuando se casa con el príncipe, pero los enanos la llevan a un cuarto del palacio, le colocan unos zapatos de hierro caliente, la golpean con látigos y la obligan a correr y bailar hasta que cae muerta.
Bettelheim explica, con referencia a los enanos, que al darles un nombre y una personalidad —en el cuento original son todos iguales— como en la película de Walt Disney, obstaculizan la comprensión inconsciente de que simbolizan una forma de existencia pre individual e inmadura que Blancanieves ha de superar. Añadir a los cuentos de hadas esas modificaciones erróneas, que aparentemente incrementan el interés de la historia, sólo consiguen destruir el relato, al dificultar la comprensión correcta del significado profundo de éste.

Blancanieves (izquierda) y La Cenicienta (derecha).
Una suegra ogresa
La Bella durmiente, de Perrault, según Bruno Bettelheim, tiene su antecedente en Giambattista Basile, quien publicó una colección llamada Pentamerone, en 1636, en la que había una historia titulada: Sol, Luna y Talía. Ésta narraba que sabios y adivinos pronosticaron que la hija del rey tendría un accidente, y sucedió. El padre sentó a su hija en una silla de terciopelo, cerró la puerta del palacio y se fue para olvidar su infortunio. Tiempo después, pasó un rey, quien encontró a Talía en un profundo sueño. Su belleza lo cautivó hasta el punto que no pudo evitar acostarse con ella.
Nueve meses más tarde, Talía dio a luz dos niños que se alimentaban de su pecho. Un día, uno de ellos puso la boca en su dedo y le extrajo la astilla que le había provocado el profundo sueño. El rey recordó su aventura y volvió, encontró a la princesa despierta y a sus hijos, se sintió feliz, pero él estaba casado.
La esposa, al enterarse, mandó a matar a los niños y a su madre, en el último momento apareció el rey y lanzó a su mujer a las llamas. El monarca se casó con Talía.
Perrault reemplaza a la esposa por una madre ogresa y descarta que la doncella hubiese sido violada por el rey. La versión más conocida es la de los Hermanos Grimm, cuando el príncipe encuentra a la Bella durmiente y la besa.
La zapatilla de cristal
Un relato muy antiguo, aunque ya existía, se escribió por primera vez en China en el siglo IX. Perrault redactó la versión que se conoce hasta ahora. Basile había publicado la Gata Cenicienta, en ella, Zezolla es maltratada por la nueva esposa de su padre. Le dice a su nodriza que hubiese preferido que ella fuera como su madre, entonces, ésta planea que la niña mate a su madrastra rompiéndole el cuello.
La nodriza se casa con el padre, pero ésta tenía seis hijas ocultas, y se dan las penalidades de Cenicienta. Otra variación es la de un árbol que sembró la protagonista y es el que le concede sus deseos. En esa versión, son tres bailes, en la de Perrault son dos, y es en la que se basó Walt Disney para hacer su propia historia, hay solo uno. Los Hermanos Grimm cuentan que las hermanastras se mutilan los pies para que les calcen los zapatos, y cuando van a la boda de Cenicienta unas palomas les sacan los ojos; el fin: “Por su maldad y falsedad se les privó de la vista para el resto de sus vidas”.
Nunca hubo besos
Las narraciones dicen que con un beso el héroe despertó a la protagonista, originalmente, nunca sucedió. En Blancanieves, cuando su urna era transportada hacia el palacio del príncipe, uno de los que la llevaba tropezó y la princesa sacó el bocado de manzana que tenía en la garganta, así, respiró. En la Bella durmiente, el príncipe se acercó al lecho... y cayó de rodillas a su lado. Entonces, como había llegado el fin del encantamiento, la princesa despertó, y él sólo le tomó la mano. Un paje le colocó la zapatilla a Cenicienta y, al calzarle bien, la condujeron a donde el príncipe la esperaba, pocos días después celebraron sus bodas.
Bettelheim explica que en estas historias se sabe del amor que el príncipe le tiene a la protagonista, mas nunca de los sentimientos de éstas. Ellas aceptan pasivamente que las amen. En ese entonces, la sociedad le imponía a la mujer que debía esperar al hombre ideal, comenta Frieda Morales. Los cuentos toman las características del momento en el que surgen y evolucionan de acuerdo a las reglas sociales. “Por ejemplo, la versión original de Robinson Crusoe es una crítica al auge de la industrialización. Los Viajes de Gulliver son una censura al capitalismo y al comunismo”, indica.
En Psicoanálisis de los cuentos de hadas se dice que éstos son el resultado de interpretaciones hechas por adultos de diferentes épocas, que agregaron sus propios elementos.
Siglos después de haber sido escritos los relatos, las versiones románticas y tiernas con finales felices son las que se quedaron en la mente de muchos.
Maestros del cuento
Francia. Charles Perrault (1628-1703) cultivó diversos géneros literarios, fue parte de la Academia Francesa, pero su gloria inmortal radica en sus cuentos de Caperucita Roja, La Cenicienta, La Bella durmiente del bosque y El gato con botas.
A Madame D’Aulnoy (Marie-Catherine de Jumel, (1650 ó 1651-1705) la llaman la gran dama de las letras europeas. Capaz de dar nombre a las historias que fueron occidentalizándose, tomadas de fábulas orientales. La recopilación de sus relatos se conocieron como Conte de fées (cuento de hadas).
Alemania. Los Hermanos Grimm, Jacobo (1785-1863) y Guillermo (1786-1859), viajaron por los pueblos de su país para recopilar las historias que eran contadas de manera oral. Al escribir durante el período romántico, le añadieron a lo popular y mágico un aire de poesía y ternura.
Dinamarca. Hans Christian Andersen (1805-1875), poeta, novelista y cuentista, célebre por éste último género. Entre sus historias están: El patito feo y El soldadito de plomo.
Austria. Bruno Bettelheim (1903-1990), psicoanalista naturalizado estadounidense. En su libro Psicoanálisis de los cuentos de hadas subraya el importante papel del cuento en la liberación de las emociones del niño.
La doctora en Literatura Infantil Frieda Morales explica que son llamados cuentos de hadas porque interviene un ser mágico, al igual que en la tragedia griega participa un dios. Estos relatos han sobrevivido porque no confunden al lector gracias a que tienen un hilo conductor y un protagonista principal.
Al empezar con la frase: “Érase una vez” o “Había una vez”, no sitúa al receptor en ninguna parte, lo cual hace que a un niño no le afecte lo que escucha —por muy cruel que sea—, pues quizá nunca existió, no hay temporalidad, dice Morales.
Otras fuentes: algundiaenalgunaparte.wordpress.com; guzmanurrero.es; biografíasyvidas.com
- Evolucionó durante centurias; en ese proceso se fueron añadiendo elementos propios de los cuentos de hadas de hoy.
- En ciertas épocas primitivas de la literatura de un país ha habido solo cuentos; la novela corta aparece en los períodos más adelantados, pero siempre subsiste y se desarrolla el cuento.
- Es tan antiguo como la humanidad. Quizá las primeras hipótesis para explicar la realidad exterior revistieron la forma de cuentos.
- Hay cuentos religiosos, mágicos, de iniciación (como Barba Azul), genealógicos y para exponer principios éticos. Son una abundancia en literatura primitiva de los pueblos.
- La Edad Media fue propicia para los cuentos. Los viajes de peregrinos, mercaderes y cruzados difundieron esos relatos por todas las regiones.
- Fuente: Julio Torri, Los Clásicos, Grandes Cuentistas.
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