Es preferible morir por la ley...
Ser forense es algo más que abrir cadáveres, es contribuir a la justicia en el país.
por ana martÍnez de zÁrate
fotos: carlos sebastiÁn

Jorge Nery Cabrera es un apasionado de su trabajo. Es médico forense y coordinador de la morgue metropolitana del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif). Cuando nos recibe en su despacho, con un impecable y elegante traje y su corbata rosada, nadie se imaginaría que la mayor parte del tiempo lo pasa en la morgue practicando necropsias, también llamadas autopsias. Aunque para muchos es una labor desagradable, él sabe la importancia de averiguar cómo y por qué murió una persona. Efectúa su oficio apegado a la ciencia, con la perspectiva de cumplir la ley y con el fin de contribuir con la justicia en el país.
¿Cómo es un día normal en el trabajo?
Me levanto a las cuatro de la mañana, porque tengo dos niños pequeños que van al colegio y paso a dejarlos. Llego aquí a las seis de la mañana y, si me va bien, me voy a las cinco de la tarde, aunque mi horario normal es de ocho a cuatro, pero trabajo más porque me interesa mucho ver que el servicio esté al cien por cien. Se trabaja en tres turnos, para que haya siempre alguien las 24 horas del día. Es una institución nueva y joven, nacimos en diciembre del 2007, y queremos hacer las cosas bien hechas, y parte de eso es el servicio permanente y constante durante todo el día. La violencia no permite ni acepta horarios. Contamos con 23 médicos en la morgue y, en cada turno, hay de cinco a seis de ellos. En el nocturno hay uno solo que está desde las 22.30 horas a las seis y media de la mañana.
¿Cómo es el procedimiento?
Cuando recibimos la orden judicial para que se haga la autopsia, se le asigna a un médico de turno, quien se encarga del cuerpo completo y, si surge alguna duda, se consulta al especialista. También vienen de los hospitales. Traen cuerpos cuya muerte fue violenta y aquellos casos con alguna mínima sospecha de las razones de su muerte. Por ejemplo, si se determina que la causa fue un infarto, pero hay una ínfima sospecha de que pudo ser provocado, se trae aquí para investigarlo. Los objetivos de una necropsia son tres: averiguar la hora de muerte, la causa y certificar la defunción. Siempre se trata el cuerpo como si estuviera vivo, con dignidad y respeto.
¿Cuántos cadáveres se reciben cada día y cuánto tiempo lleva investigarlos?
Cada día recibimos una media de 20 cuerpos. El año pasado recibimos cinco mil 700 casos, aproximadamente. Y tardamos dependiendo de los casos. Lo normal son dos horas y media. Lo máximo que he tardado son seis horas. Hay que asegurarse muy bien del diagnóstico, porque luego lo tienes que defender en un juicio y decírselo al fiscal.
¿Lo más común son las muertes violentas?
Sí. Tenemos que ver si se encuentra algún proyectil dentro del cuerpo, porque eso será un elemento para descubrir al culpable y conseguir una condena. Y por último, esa prueba se manda al Ministerio Público, que es el ente investigador. Se proyecta que el Inacif guardará el archivo balístico del país; así, cada vez tendremos más carga, y lo queremos hacer desde la parte científica, porque manejamos esto como lo dice la ciencia.
¿Qué pasa si no encuentran la causa?
Hay un porcentaje de muertes indeterminadas a nivel internacional. Estos casos son llamados “autopsias en blanco”, porque no se encuentra absolutamente nada. Más o menos recibimos un 10 por ciento de cuerpos en los que no conseguimos averiguar las causas. Por ejemplo, para los niños que fallecen de muerte súbita no hay explicación científica.
Además de autopsias, ¿qué hacen?
También hay un área de atención a deudos, que es una innovación muy importante, porque atiende al familiar que viene dolido. Nuestra intención es eminentemente científica y participar como un eslabón en la cadena de justicia, a la vez de servir a una población y estar sensibilizados y humanizados con nuestra gente. Además, nos dedicamos a la parte clínica, es decir, vemos vivos. Miramos abusos sexuales, violencia intrafamiliar, muchas cuestiones de este tipo. El médico forense debe corroborar que de verdad esas personas han sufrido esos daños. Es un área desconocida y aporta mucho. En la mayor parte de estos casos, vamos a debate. También hacemos exhumaciones y visitamos a reos. Ahora, el forense sale de la morgue.

¿Cuáles han sido los cambios más significativos desde que usted empezó hace 12 años?
Antes, la medicina forense en Guatemala se trabajaba en el Ministerio Público, donde yo estaba, y en el Organismo Judicial. Cuando se creó el Inacif se unieron las dos partes para crear un solo ente que pudiera emitir las pericias a nivel forense. A pesar de que acabamos de cumplir un año, los avances han sido muchos, por ejemplo en fotografía forense. Antes, los dictámenes eran muy deficientes, pues eran escritos en media hoja y se llegaban a entregar dos o tres años después. Ahora, ocupan un mínimo de siete páginas y se entregan en 15 días.
¿Qué se requiere para ser forense?
Aquí en Guatemala no existía la carrera. Lo único que se solicitaba era el título de médico y cirujano. Ahora se necesita la maestría en medicina forense. Los médicos que tenemos en Inacif la tendrán, porque este año la culminan. La Universidad Mariano Gálvez es la que lleva la tutela de esta maestría que dura dos años. Luego, cada uno, además, se puede especializar en otra rama. Por ejemplo, yo soy patólogo, o sea, me encargo de los tejidos.
¿Qué se necesita en cuanto a facultades personales?
Solo vocación. Es una profesión que incluso en el gremio de los médicos no gusta mucho. Pero los que estamos aquí, tenemos vocación. Creemos que es una parte importante y que podemos colaborar, por ejemplo, en los casos de maltrato infantil, de abuso sexual, femicidios y homicidios. Todo esto requiere de profesionales que hagan bien su trabajo y se encuentren sensibilizados frente a este problema.
¿Cuándo empezó a interesarle ser médico forense?
Desde niño quería ser médico. Tenía muchas expectativas por conocer cómo es la mejor máquina que ha existido y que ha creado Dios. Y antes de entrar a la especialidad, al mes de graduado, ya estaba en el Departamento de Patología, practicando autopsias.
Su familia y amigos ¿qué le dicen?
La mayoría de mis familiares son profesionales y ellos entienden que a mí me gusta y es mi vocación. También creen que es bien importante. Sin embargo, se hacen la misma pregunta: “¿Cómo le gusta ver muertos?” o “¿Por qué no quiere curar a los vivos?”. Además, me ponen apodos como “panteólogo” (por panteón).
¿Le gustaría que sus hijos se dedicaran a esta profesión?
Sí. Es una bonita carrera, aunque cada quien trae su vocación. Son muy pequeños todavía, pero ellos se sienten muy orgullosos de mí.
¿Es un trabajo duro?
Sí. Significa sacrificios, entrega y estudio continuo. Padecemos mucho de tensión y estrés porque, además de que todos los días nos enfrentamos con muertes violentas, que acaban afectándonos, siempre queremos hacer muy bien nuestro trabajo y tenemos mucha presión por ello.
¿Ha cambiado la mentalidad de la gente con la aparición de series internacionales de televisión sobre forenses?
Sí. Pero también a partir de estas series hemos recibido muchas preguntas folclóricas, como que se piense que los casos pueden resolverse con una colilla de cigarro. Y no es así. Pero creo que ahora la gente lo ve como con ojos mucho más críticos que antes. Sí, tenemos auge. Además, en justicia, se dice que la prueba forense es la prueba científica, “la prueba reina”. Cada día hay más contundencia. Los criminales tienen que saber que estamos haciendo un buen trabajo. El objetivo es fortalecer el sistema de justicia, siempre. Me siento orgulloso de que en todos los debates en los que he participado, más de 40 en el año pasado, se ha logrado una sentencia condenatoria.
¿Hay también un fin médico, es decir, se pueden descubrir causas de enfermedades que pueden suponer un avance en la medicina?
No olvidamos la parte médica. Aunque la muerte se haya producido por un arma de fuego, también vemos si se estaba desarrollando un cáncer de tiroides, para entonces avisar a la familia y que sepan que tienen este antecedente.
¿Qué se siente cuándo se enfrenta a un cuerpo que han torturado?
Como profesionales, lo vemos desde un punto de vista científico, pero somos humanos. Sobre todo, afectan los casos de niños. Un compañero pasó una semana deprimido por el caso de un niño. Ninguna muerte violenta tiene justificación, nadie puede quitar la vida a alguien, si no la puede dar. Por eso, nuestro objetivo es contribuir a encontrar al autor de estas atrocidades contra la humanidad.
¿Qué sucede si el médico de turno recibe un cadáver de un amigo o un familiar?
Se tiene la obligación de decirlo, porque por ley está prohibido que se haga la autopsia a alguien conocido.
¿Qué pasa si se encuentran con un caso de eutanasia o aborto, que son ilegales?
El Inacif debe estar siempre apegado a la ley, si no, estaríamos en la anarquía. Nuestra ética profesional nos indica que tenemos que denunciarlo. Es preferible morir por la ley que vivir sin ley.
¿Recuerda alguna anécdota divertida?
Una vez reclamaron el cuerpo de un hombre tres mujeres diferentes. Tenía tres familias diferentes. Ninguna era la esposa legal. Se creó un conflicto. Al final, se lo dimos al hermano.
Al terminar nuestra conversación, Jorge Nery retorna a la morgue. Se disculpa con nosotros, porque no podemos entrar allí, ya que es un lugar con evidencias legales y, quien sabe, con algún virus o infecciones que podrían afectarnos.
Breve
- Cabrera nació hace 39 años en Guatemala.
- Está casado y tiene dos hijos.
- Es médico y cirujano, por la Universidad de San Carlos de Guatemala, especializado en Patología (IGSS-USAC).
- Tiene diversos cursos de Femicidio e Investigación Judicial (avalado por la Cooperación Española y la Fundación Centro de Educación a Distancia para el Desarrollo Económico y Tecnológico); de Odontología Forense, impartido por el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Colombia, entre otros.
- Ha realizado pasantías en el Instituto de Medicina Legal de San Juan Puerto Rico y en la Medical Examiner’s Office del Condado de Harris, Houston, Texas (EE. UU.).
- En la actualidad, cursa el último año de Maestría en Medicina Legal (por la Universidad Mariano Gálvez, el Inacif y el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Colombia).
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