Semanario de Prensa Libre • No. 244 • 8 de Marzo de 2009

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D mundo

El Buda viviente
Lleva 50 años de gobernar en el exilio, pero el Dálai Lama, además de ser el jefe de Estado, es el maestro y gran figura espiritual para los tibetanos.



por JULIETA SANDOVAL
fOTOS: ARCHIVO

La reencarnación del Buda de la compasión, el maestro o líder espiritual, todo eso significa el Dálai Lama para millones de personas que son parte del lamaísmo o budismo tibetano. La palabra Dalai en mongol es “océano”, y Lama de origen tibetano, “sabio” o “gurú”. También los tibetanos se refieren a él como Yeshe Norbu (la gema que concede todos los deseos), Gyalwa Rinpoché (precioso vencedor) o Kundum (la presencia).
Para los fieles de esa religión, el Dalái Lama es la encarnación de un mismo espíritu en un nuevo cuerpo, quien de forma consciente decidió resurgir numerosas veces para continuar con sus propósitos religiosos del linaje Gelugpa, escuela de budismo fundada por Tsongkhapa (filósofo y líder espiritual tibetano) en 1391 de nuestra era; y servir a la humanidad.
El Dalái dirigió el gobierno tibetano de 1642 a 1959 en Lhasa, la capital del país. La República Popular de China había invadido esa región desde 1952, pero el Dalái Lama número 14 resistó hasta 1959 cuando buscó refugio en la India; cruzó el Himalaya a pie, junto a unos 80 mil tibetanos que lo acompañaron. Desde entonces vitttve en Dharamsal, conocida como la pequeña Lhasa, donde gobierna en el exilio y busca la autonomía del Tíbet.
En 1963 promulgó una constitución democrática, basada en el budismo y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos; como modelo para un Tíbet libre, ha sido defensor de la democracia y ha presentado propuestas para la independencia de su país.
Después de su obligada salida, el actual Dalái Lama se convirtió en el primer jefe de su pueblo que ha hecho innumerables viajes por el mundo para promover la libertad y la filosofía budista.
Antes, eso era algo impensable, ya que esa nación vivía en el aislamiento al prohibirse el ingreso de extranjeros, a menos que fueran budistas, quienes en su mayoría venían de China y la India para venerar al maestro a la ciudad de Lhasa.
En las costumbres tibetanas siempre ha sido importante la religiosidad; a ellos les preocupa alcanzar la “serena eternidad”, por eso, en cada familia por lo menos un hijo entra, durante su infancia, en un monasterio para servir a la religión y después de singulares y largos estudios puede alcanzar la dignidad de lama.
Esa devoción ha influido a que no hayan tenido, a lo largo de los años, mucho contacto con el resto del mundo. Su misticismo hace que en rocas, casas y templos coloquen inscripciones devotas. Además han elaborado ruedas llamadas de rezar, que son movidas a mano, por el viento o por corrientes de agua, que repiten mecánicamente oraciones a la divinidad. Al finalizar el día de trabajo, las personas se reúnen en la plaza para hacer la oración de la noche.


La sucesión del líder

Al fallecer el Dalái, los lamas (monjes) del Monasterio Amarillo designan al sucesor en un niño de corta edad del Tíbet, que haya recibido el divino espíritu al momento de la muerte del soberano. No tuvo que haber nacido en el instante que su predecesor fallece. El menor debe interpretar una serie de signos religiosos, así como reconocer objetos de su antecesor; la búsqueda puede durar varios años.
El infante es trasladado al palacio blanco, el Potala, situado en la cumbre de una montaña, en la ciudad sagrada de Lhasa, para ser instruido por los maestros del budismo tibetano hasta los 18 años, edad en la que es coronado rey con toda la fastuosidad tradicional.

La enseñanza es esmerada y cubre todos los ámbitos de la vida budista que deben ser practicados. Aprender a meditar es importante y deben saber todos los aspectos de su tradición. Pese a su conocimiento, autoridad y prestigio, nunca es visto como la suprema autoridad doctrinal, a diferencia del Papa en la Iglesia Católica.
Esta sucesión no es una dinastía de monarcas hereditarios, sino la máxima magistratura de un régimen teocrático. En el tiempo entre la muerte de un Lama y la llegada a la mayoría de edad del siguiente, el Monasterio ejerce de forma directa el poder al designar a un regente.

El actual Dalái Lama ha dicho que la reencarnación no se llevará a cabo en territorio de la República Popular de China, ya que el propósito de la reaparición es terminar las tareas pendientes, por lo que si la situación en el Tíbet no cambia, lo más probable es que la actual reencarnación continúe hasta que la misión se cumpla.

Fuentes consultadas: BBC Mundo. biografiasyvidas.com; budismo.com; fritzgestalt.com

Los destacados

  • Ge-dun-grup-pa (1391- 1474) fundador de los monjes amarillos y del sistema sucesorio de la reencarnación de los lamas.
  • Sonam Gyatso, III Dalái Lama (1543-88), primero en asumir el título de Dalái al convertir a los mongoles al budismo; asentó de forma definitiva la hegemonía de la secta en el Tíbet, extendiendo su influencia sobre Mongolia, China occidental, Bután y Sikkim.
  • Ngawang Gyatso, V Dalái Lama (1617-82), primero en asumir el gobierno temporal del Tíbet, además del liderazgo espiritual, al destronar en 1642 al príncipe mongol Gusri Khan, quien se limitó a ejercer un protectorado militar sobre el Dalái. Al morir Gusri en 1655, el Lama pasó a controlar el poder en solitario. Construyó el Palacio de Potala en Lhasa.
  • Tshangyang Gyatso, VI (1683-1707). Destruye el prestigio de los monjes amarillos por su comportamiento disoluto; esto fue aprovechado por el emperador chino para cortar la influencia espiritual del Dalái sobre Mongolia y la China. Se dio la primera invasión al Tíbet.
  • Thupten Gyatso, XIII (1876-1933). Se preocupó de que el aprendizaje de los monjes fuera más estricto, ya que en una expedición a Mongolia comprobó que los lamas de ese lugar citaban textos que él nunca había estudiado, por lo que reorganizó el plan de estudios.
  • Tendzin Gyatso, XIV y actual (1939- ) declarado mayor de edad antes de tiempo por la invasión china. En el exilio ha fundado más de 200 monasterios para mantener la tradición budista. En 1989 recibió el Premio Nobel de la Paz.

   

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