El rey sin corona
En Los siete pilares de la sabiduría, Thomas Edward Lawrence describe sus años en el desierto.

por Sébastien Perrot-Minnot
París, 1919. Una conferencia internacional, organizada por los vencedores de la Primera Guerra Mundial —entre los cuales destacan Francia, Gran Bretaña, Italia y los Estados Unidos— prepara los tratados de paz y consagra la desaparición de tres imperios: el alemán, el de Austria-Hungría y el otomano (el cual abarcaba Turquía y el Cercano Oriente). Nuevas naciones surgirán de los escombros de estos frágiles mosaicos de pueblos y religiones.
Entre los participantes de la Conferencia de París, un hombre cansado y melancólico: Thomas Edward Lawrence, agente británico y miembro de la delegación del emir Faysal (hijo del rey de La Meca, Husayn ibn Alí).
T. E. Lawrence (1888-1935), alias Lawrence de Arabia, ya es célebre en 1919. Pero permanece discreto, encerrado en sus obsesionantes pensamientos que lo traen irremediablemente de vuelta a su querido desierto árabe.
Nacido en el gris País de Gales, de padres de ascendencia inglesa e irlandesa, Lawrence estudió en Jesus College de Oxford, en el sur de Inglaterra; allí germinó su pasión por la arqueología. Durante los veranos de 1907 y 1908 surcó Francia en bicicleta para visitar fortalezas medievales, iglesias y catedrales. En 1909 su pasión lo llevó al Líbano y a Siria, donde examinó los castillos edificados por los cruzados; recorrió más de mil 500 kilómetros en tres meses. Tras graduarse, participó en varias misiones arqueológicas en el Líbano, Turquía y Egipto, bajo la dirección de arqueólogos famosos.
Pero en 1914, con el estallido de la Primera Guerra Mundial, todo cambió en la vida del joven Thomas Edward. Inglaterra entró en conflicto con Alemania, Austria-Hungría y sus aliados… entre los cuales estaba el Imperio otomano. El Ejército británico, presente en el territorio egipcio, reclutó a especialistas del mundo oriental, para ayudar a sus servicios de inteligencia a acabar con el férreo yugo turco en las comarcas árabes. En octubre de 1914, Lawrence fue contratado. Dos años más tarde fue enviado al desierto, para apoyar la revuelta de los nacionalistas árabes contra los ocupantes turcos; combatió bajo el doble mando del emir Faysal y del Estado Mayor británico, en el marco de una tenaz guerrilla. Aceptado por los beduinos, de los cuales adoptó la vestimenta y el modo de vida, Lawrence logró unir contra los turcos a tribus árabes antiguamente enemigas. Con la toma, en octubre de 1918, de la ciudad siríaca de Damasco, la “capital histórica del mundo árabe”, terminó de derrumbarse el viejo edificio colonial otomán.
La Conferencia de París marcó el fin del imperio turco, pero también del sueño de un Estado árabe unificado. Este sueño, alimentado durante la guerra por los británicos y los franceses, era en realidad condenado por los acuerdos secretos mediante los cuales las dos potencias europeas iban a repartirse los antiguos territorios otomanos. Aunque no dijo nada al respecto a sus amigos del desierto, Lawrence probablemente nunca dudó de la traición final y llevaría consigo, para el resto de su vida, un sentimiento de culpabilidad.
Fue hace 90 años, durante la conferencia de París, que T. E. Lawrence comenzó la redacción de una obra maestra de la literatura: Los siete pilares de la sabiduría. En base a sus notas diarias y a los informes enviados al Estado Mayor, se puso a reconstituir de forma detallada los dos años en el desierto luchando contra los turcos. Contó con la ayuda de su amigo escritor George Bernard Shaw, quien revisó las páginas originales. El título del libro se inspira en un versículo de la Biblia: “La sabiduría edificó una casa: talló sus siete pilares”. (Proverbios 9:1).
El ejemplar de Lawrence tuvo una suerte tormentosa, a la imagen de la trayectoria y personalidad del autor. La mayor parte del primer manuscrito fue perdida en diciembre de 1919, en una estación de ferrocarril de Inglaterra. El segundo texto, que según Lawrence aparecía “completo y exacto”, aunque “de una desesperante pobreza literaria”, fue escrito el año siguiente, pero quemado (salvo una página) por el autor en 1922. La tercera versión fue publicada el mismo año en Oxford, en solo ocho ejemplares, conforme al deseo de Lawrence. En 1926, una versión un poco más corta fue publicada en 200 ejemplares. Con el fin de conservar los derechos de autor, Lawrence hizo imprimir también su obra en Estados Unidos: “10 ejemplares fueron puestos a la venta, a un precio suficientemente elevado para que nunca sean vendidos. Ninguna otra edición de Los siete pilares de la sabiduría será hecha en mi vida”. En 1927, no obstante, salió una versión extremadamente condensada del libro, bajo un título distinto: Revuelta en el desierto. Se reeditó en 1935 la versión de 1926, garantizando el duradero éxito de la obra del héroe de la revuelta árabe.
Los siete pilares de la sabiduría, dedicados a una misteriosa persona designada por las siglas S.A., revelan los sorprendentes lazos que unían su autor con las poblaciones árabes. Lawrence llegó a identificarse con el movimiento nacionalista antiturco, actuaba como un emir y se ganó el respeto de los más feroces jefes de tribus beduinas. Sin embargo, nunca renegó de sus orígenes. Siempre se presentó como británico y (al menos culturalmente) cristiano y sirvió concienzudamente a los intereses de su gobierno… Si alababa la nobleza y la austeridad del carácter beduino, criticaba también el integrismo religioso y ciertos comportamientos sociales.
Las últimas líneas del relato de Lawrence dejan despuntar la melancolía, que probablemente nunca más abandonaría la mente del autor. El que fue arqueólogo, agente de la inteligencia británica y jefe de guerra pidió a su superior, el general Allenby, el derecho de retirarse, poco tiempo después de la caída de Damasco. “Al final, aceptó; y supe en seguida cuán triste estaba yo”.
Diplomático
- Tras la victoria contra los turcos, Lawrence, que había alcanzado, a pesar suyo, una deslumbrante celebridad, ocupó diversos cargos dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores y el Ejército británico, y junto con su amiga arqueóloga Gertrude Bell, obtuvo para Faysal, expulsado de Damasco por los franceses, la corona de Iraq.
- Entre 1926 y 1928, fue afectado a una base militar en la India, en la frontera con Afganistán.
- Progresivamente, Lawrence se estaba volviendo un fantasma, una sombra que huía constantemente de las luces de la fama.
- Terminado su contrato, se retiró del Ejército en marzo de 1935. Algunas semanas más tarde perdió la vida en un fatídico accidente de moto, en el sur de Inglaterra. Pero con Los siete pilares de la sabiduría, el que los árabes llamaban El Aurens, dejó un generoso oasis donde no cesan de abrevarse la inspiración y la reflexión.
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