En exceso
Se ha puesto a pensar qué habrá empujado a ese hombre o a esa mujer a la depresión, al alcoholismo que los hizo resbalarse hacia el borde del abismo. No es difícil encontrarlos tirados por las calles, en la aceras, frente a los bares de poca monta. Quizás algunos piensen que están exhibiendo su personalidad débil, caótica y autodestructiva. Otros simplemente pasarán a su lado y borrarán de su mente tal imagen.
Ellos, sin duda, han sido pésimos gestores de su vida, pero quizás ésta ha transcurrido en medio de horribles alucinaciones y espantosos alaridos.
El periodista Roberto Villalobos se adentró en la vida de algunos charas, como les llamamos en Guatemala a los alcohólicos crónicos. Recorrió algunos bares y analizó el contenido químico de las bebidas que ingieren. Porque si esta droga de forma moderada ocasiona daños a la salud, el exceso es sinónimo de graves problemas.
Produce trastornos digestivos, es incompatible con muchos medicamentos, altera el metabolismo y el sistema endocrino, daña el hígado y el páncreas, perjudica las funciones neurológicas y favorece y agrava las alteraciones psíquicas. También causa cardiopatías y aumenta el riesgo de tumores, fundamentalmente los de la cavidad oral, faringe, esófago y laringe —el etanol es un compuesto citotóxico que lesiona la célula y favorece la aparición de mutaciones secundarias—. Finalmente, si su consumo se une al de otras drogas, sobre todo al tabaco, sus efectos devastadores se multiplican.
Viviana Ruiz,
editora
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