Semanario de Prensa Libre • No. 246 • 22 de Marzo de 2009

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D farándula

Romántico trovador
César Lima es un narrador de historias urbanas, a las cuales les pone letra y música.


César Lima.

por Francisco Mauricio Martínez

César Lima es un trovador que encuentra en cada personaje que observa en la calle, una historia que convierte en música, capaz de despertar la sensibilidad de cualquiera que la escuche. Es un compositor guatemalteco que, en 1978 y 1979, encontró en Facundo Cabral (argentino), Alberto Cortez (mexicano) y José Luis Perales (español) a “sus maestros a distancia”, porque de la misma manera como puede lanzar al viento una canción de denuncia llena de filosofía, también puede ser una muy apasionada y sentimental.

Sus más de 500 composiciones narran historias reales: desde la chica de una oficina, la mujer que cocina y lava ropa, hasta el andar pausado de un anciano. El viejo del violín, por ejemplo, cuenta en tres minutos la vida de un anciano de traje azul que interpretaba este instrumento, entre las 15 y 18 horas, en la plaza central. “Está escrita para aquellas personas de pueblos y grandes ciudades que ejecutan un instrumento a cambio de una limosna. La gente los ve, pero no los escucha”, dice Lima.

El compositor es un enamorado de la música que encontró en las canciones de los nicaragüenses Carlos y Luis Enrique Mejía Godoy una fuente de inspiración y referencia en sus primeros años de estudiante en la Universidad de San Carlos (1980). Cantar Quincho Barrilete, El Cristo de Palacagüina y escribir algunos temas de protesta le generó “clavos” en el Alma Máter, al punto de ser amenazado de muerte. A partir de esos años también nació su admiración por Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Pablo Milanés y Silvio Rodríguez.

La Usac lo contagió del espíritu revolucionario de esa época, y comenzó a incursionar en la vida política de la Facultad de Derecho. De esos años sobreviven temas como Revolución, Disculpe la niña, Silencio, Lucía, Dos cruces, El canto de un pueblo, El funeral, Idealista, Siempre habrá un motivo para cantar, El campesino, Fantasías, Mi amigo Juan, Hasta cuándo y otras. Lima no pierde la esperanza de un día grabar un disco completo con esta música inédita, que podría llevar el nombre de Alma rebelde.

Muchos en uno

Los motivos de su inspiración se encuentran en todos lados, y para poder escribir las canciones se adentra y vive cada uno de ellos, de tal manera que cuando se pregunta a sí mismo ¿quién soy?, las metáforas fluyen y ya no sabe ni quién es. Vive tantos papeles que, según dice, hasta Freud encontraría difícil determinarlo. “A veces soy el soñador, el que juega con el futuro y presume de idealista; otras, el realista que se aleja de los sueños. A veces soy el bohemio, trovador que cuenta historias que no le pertenecen, que se emociona con el aplauso y se siente vivo arriba del escenario, otras soy el obrero de la música que se cansa y se desvela cantando para un público que me oye, pero no escucha”.

La riqueza trovadora de este guatemalteco, que vive de impartir clases en el nivel medio y ha dado a conocer su arte mediante siete CD (dos de música propia y cuatro de cover), en centros nocturnos, restaurantes y conciertos, se evidencia cuando dice: “A veces soy el filósofo que medita sobre el amor, la virtud y la justicia, y en otras ocasiones soy un cernícalo (ignorante) que no puede expresar sus pensamientos. También puedo ser el ave que disfruta su libertad y alzo vuelo lejos, y otras, el esclavo, el prisionero encadenado a sus miedos... a veces ya no sé ni quien soy, quizá un poco de todo eso”.

La Luna que olvidó

Su talento musical lo descubrió desde que tenía 5 años, cuando asistía al colegio. En una ocasión le pidieron que cantara Luna de Xelajú, y mientras lo hacía se le olvidó la letra, por lo que tuvo que improvisar algunos párrafos, lo cual hizo tan bien que pocos se dieron cuenta de lo sucedido. Tampoco olvida sus años en Sacapulas, Quiché, cuando se paraba bajo la ceiba del pueblo y cantaba las canciones de moda, mientras la gente le aplaudía y le regalaba jocotes de marañón.

Sus primeros intentos por componer música se dieron cuando complacía a sus compañeros de escuela que disfrutaban los cambios de letra que les hacía a las melodías que estaban de moda. Canciones trágicas las convertía en cómicas, y dos de las primeras fueron El progreso, de Roberto Carlos, y El último beso. La primera canción que aprendió acompañado de una guitarra fue El gato en la oscuridad, también del referido cantante brasileño.

Su primera canción la compuso en 1978 —cuando tenía 14 ó 15 años—, motivado porque Francisco, uno de sus compañeros de colegio, tenía una propia. “Vos Pancho, cantá tu canción, me decían los compañeros, y yo me preguntaba ¿cuándo escribiré una canción?”, relata. Pocos meses después cumplió su sueño, con su primera inspiración, que tituló Recuerdos. “De ahí para esta fecha he escrito cerca de 500 temas”, comenta.

Sus canciones

  • Temas e ideas que predominan en las canciones que contiene en el CD: Desde la ventana.
  • “Si la muerte toca hoy a mi puerta, talvez no la deje entrar; pero si viene con una buena oferta ¡qué hacer!, no me puedo negar…”
  • “Si un día caigo, me levanto y seguiré, y si el viento me regresa…insistiré”.
  • “Hay tantas cosas que deberían cambiar, que si no las cambia el hombre, que las cambie un animal”.
  • “Hay quienes tienen ciego el corazón y no pueden ver la luz del verdadero amor…”
  • “Guatemala, amor mío…musa de Asturias y Betancourt, siglos de historia en casas viejas”.
  • “Lucía ya no sueña, es toda una mujer, madre de una chiquilla que papá no ha de tener”.
  • “Hijos míos, son mi adoración…ser un hombre es una dicha…ser su padre, bendición…”
  • “Miéntele, dile...te amo, aunque por dentro estés gritando…¡cómo te extraño!”
  • “Prevalecerá… el amor que por ti siento, prevalecerá aunque tú guardes silencio”.
  • “Más que mi amor de siempre, más que anillo en un dedo, mucho más que una palabra”.

   

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