Jake, un gringo que sabe de alta cocina
De Jake´s, uno de sus restaurantes, se puede decir que es de cocina gourmet por la calidad, y gourmand por la cantidad.
por Rosario Herrera

En una ocasión le preguntaron a sir George Bernard Shaw, escritor de origen irlandés muy conocido por sus famosas anécdotas y frases, además de su literatura, qué le había parecido la cena de la noche anterior. Su respuesta fue más o menos que si la sopa hubiera estado tan caliente como la ensalada, la ensalada tan fría como las pechugas de pollo y éstas tan abundantes como las de la camarera, la cena habría sido excelente.
No pretendo ser como él, pero sí me propongo criticar lo bueno y lo malo de los restaurantes que visite. La crítica gastronómica es subjetiva, pues como reza el dicho: “en gustos se rompen géneros”, y los paladares varían. Sin embargo, hay cosas que cualquier amante del comer bien toma en cuenta cuando hace su apreciación de los restaurantes que frecuenta: la calidad del material, el método y término de cocción, el sabor, la presentación, la cantidad y la creatividad en recetas nuevas. Además, aspectos como el servicio, el precio, el ambiente, el estacionamiento y otras facilidades.
No es la primera vez que visito Jake´s, pero sí la primera que hago una crítica pública, y aquí les va mi experiencia del día que llegué a almorzar: Como siempre, mis acompañantes y yo fuimos muy bien recibidas por una amable anfitriona que ofreció sentarnos en cualesquiera de los ambientes: la terraza, sombreada y agradable, o alguno de los salones que hay en el interior, amenizados con música agradable. Como esta vez fui con el fin de escribir una crítica, puse más atención que la habitual. Leí todo el menú, desde las sopas hasta los postres, lo que en Jake´s es una tarea larga, ya que tiene una lista muy grande de platillos y especialidades de diferentes culturas. Con esa variedad nadie se queda sin satisfacer sus antojos. Para entretenerme, tomé uno de los vinos que tienen en su selección, tanto por copa como por botella.
De entrada pedimos un gratinado de espinacas y cangrejo, acompañado de panitos fritos con especias, muy rico, sobre todo por ser cangrejo y no el sucedáneo que sirven en algunos lugares. Preparado con una salsa bechamel muy delicada y un gratinado light, que no resulta adecuado para quienes quieren comer tanto queso que mejor harían pidiendo un fondue. El plato, bastante grande, es demasiado para una sola persona.
El mesero nos hizo saber las especialidades del día: la de pescado, que ya llevaba planeado comer, era un chilean sea bass sobre una tortita de arroz de Indonesia, con una salsa agridulce y coco. El sea bass es la familiar curvina. Muy bueno el corte, porque no es un filete delgado, sino un trozo hecho al horno, acompañado de brócoli al vapor.
El placer de comer es uno de los mejores, pero es supremo si se hace en buena compañía. Mi cuñada, Lesley, y mi sobrina, Lesley Ann, la más pequeña, pero la más gourmet, fueron mis acompañantes, y gracias a ellas probé aún más comida. Lesley pidió un green pepper steak, del que me pareció muy rica la salsa y de muy buena calidad el lomito, con el término exacto que pidió; como guarnición, vegetales: zuchini, zanahoria y chile, que a ambas nos pareció podrían haber estado menos cocidos. La petite gourmet pidió un fetuccini Alfredo: era una pasta de excelente calidad, hecha al dente, digna de cualquier italiano que se precie de serlo. Para terminar, dos infusiones de té: una de menta verde y otra de cuentos de hadas en el bosque, que vale la pena probar, más dos postres deliciosos: el gigi cheescake, que es una combinación de cheesecake con creme brulé, y un pudín de pan con amaretto y crema condensada. Debo agregar que el menú incluye pastas, aves, carnes rojas, mariscos y pescados, y el ambiente es propicio para llevar niños. El estacionamiento es amplio, aunque hay que caminar media cuadra.
A los lectores que gustan del buen comer, salud y bon appétit.
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