Herramientas para una baja visión
Hay personas que presentan grandes dificultades para ver, pero no están ciegas.
Yolanda Estrada muestra el circuito visual para aumentar el tamaño de las letras.
por julieta sandoval
Fotos: esbin garcía
A veces se critica a alguien que observa una vitrina con mucha atención, pero lleva un bastón que hace pensar que se trata de un invidente, o a quien usa unas gafas, aparentemente de sol, sobre anteojos comunes. Estas personas no lo hacen por ser excéntricas, sino por padecer de baja visión. Se ayudan con artilugios como lupas, binoculares o filtros, para poder desenvolverse.
La baja visión es definida por el oftalmólogo Byron Polanco como la pérdida de la capacidad visual en ambos ojos, y que después del tratamiento médico o quirúrgico no se restablece una visión normal. Sin embargo, existe un remanente visual que les permite efectuar actividades, ellos pertenecen al grupo intermedio, que está entre los que ven bien y los invidentes.
Aura Campos tiene 59 años de edad y trabajó mucho tiempo como secretaria, pero un día sufrió un derrame ocular. Tuvo un sangrado severo en el ojo izquierdo y como consecuencia, le quedaron cicatrices en la retina. Siguió su vida normal porque utilizaba el ojo derecho, pero hace seis años éste empezó con los mismos problemas, hasta quedar sólo con visión periférica.
“Después de tratamientos largos y dolorosos decidí ir a Pro Ciegos para aprender a desenvolverme como invidente, pero me encontré con el programa de Baja Visión. Allí me readapté, al saber utilizar de mejor manera la poca visión que poseo”, refiere Aurora. En ocho meses aprendió a enfocar su mirada, volvió a leer y a escribir, aunque despacio, y a utilizar lupa y binoculares, según la distancia del objeto que desea observar. “Sin la lupa no podría verme ni las uñas”, comenta. Además, se apoya en lámparas para eliminar sombras que le dificultan la visión, y de un atril, en donde coloca sus papeles para escribir y leer. “Así no me agacho mucho, porque es incómodo y desagradable para otros”, explica.
Las herramientas para quienes padecen de baja visión pueden ser ópticas y no ópticas. Del primer grupo, además de los anteojos, se cuenta con lupas, telescopios (en lugar de éstos se utilizan binoculares, que son más fáciles de conseguir en Guatemala), filtros (cuando molesta la luz y ciertos colores) y circuitos visuales (éstos son monitores en donde se aumentan las letras para leer o escribir). En el segundo grupo, lámparas, atriles, bastones o perros guías.
En el mercado internacional existen catálogos de ayudas con más de 10 mil productos, pero en el país, los objetos son limitados. “Una persona con baja visión siempre utiliza más de una herramienta, al no existir un lente mágico”, explica el médico Byron Polanco, jefe del programa de Baja Visión del Hospital Rodolfo Robles.
Falta educación
Las baja visión se da por causas congénitas, problemas durante el embarazo que afectan al feto; en la etapa de niño o adulto por traumas, tumores, derrames, cataratas o glaucomas. Uso de medicamentos sin prescripción de un oftalmólogo, en especial aquellos que contienen esteroides que ocasionan ceguera, advierte el especialista.
La falta de conocimiento de la sociedad guatemalteca sobre el uso de herramientas ópticas o no ópticas por personas con baja visión ha causado que éstas afronten dificultades para emplearlas en todo momento, ya que muchas veces se les limita llevarlas. Polanco relata que un paciente que usa binoculares, cuando los sacó en un centro comercial, en pocos minutos tenía a la seguridad del lugar a su lado, porque se pensó que sus intenciones eran malas, y le pidieron que no los usara. Y aún existen lugares donde no se permite el ingreso de perros guías. “No se comprende que es necesario para quienes tienen visión disminuida”, lamenta.
Una década atrás, a quienes padecían de baja visión, también conocida como ceguera legal, se les trataba como si fueran invidentes. Se les enseñaba a leer en Braille y a usar bastón para toda actividad, pero hace seis años se empezó con el programa en el Hospital Rodolfo Robles, para dar otras oportunidades.
Estos pacientes se dividen en dos grupos. El primero lo integran niños de seis meses hasta los 5 años de edad, a quienes se les ofrece estimulación visual, por medio de luces y juegos. Al segundo pertenecen niños de 6 años en adelante. A éstos se les brinda rehabilitación visual, para que aprendan a encontrar el punto de mayor visibilidad y a desenvolverse en la sociedad.
La paciente Aura Campos cuenta que camina despacio porque no puede ver todos los objetos que están a su paso, pero al atravesar una calle o para abordar la camioneta, debe pedir ayuda. Si pasan tres vehículos, alcanza a ver, quizá, dos, y no distingue los números de los buses. “Gracias a Dios, hasta hoy la gente me ha ayudado; no desconfía de mí, a pesar de que me miran sin ningún problema”, agrega.
Con sus ayudas volvió a trabajar de secretaria, aunque quizá no tiene la rapidez de años atrás, y es que la habilidad visual no le impide a las personas de baja visión desarrollar sus otras facultades para ser parte de la sociedad.
- Los problemas oculares se dividen en cuatro grupos:
- Pérdida de campo central: falta de la capacidad de luz en el centro del ojo. Se mira una mancha. No puede verse el objetivo de frente, por lo que tiene que mover la cabeza, pero al hacerlo algunos lo toman como una descortesía.
- Pérdida de campo periférico: existe visión solo en la parte central del ojo. El campo visual es reducido. Por ejemplo, al caminar debe bajar la vista, pero ya no se observa lo que está al frente.
- Hemianopsia: una parte de la retina está negra o alterada; solo se puede ver de un lado, el izquierdo o el derecho.
- Visión borrosa generalizada: opacidad de la córnea. Para ver un poco, el paciente debe aproximarse bastante a los objetos.
- Las personas de baja visión, además de tener un problema como alguno de los descritos arriba, también padecen astigmatismo, miopía u otros.
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