Semanario de Prensa Libre • No. 247 • 29 de Marzo de 2009

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D ciudad

“Queremos que la gente venga”
La Fundación Teoxché trabaja para recuperar el Cerrito del Carmen.


La ermita es la mas antigua de la capital y un emblema del Cerrito.

por ana martÍnez de zÁrate
fotos: francisco sÁnchez

En el Cerrito del Carmen se respira naturaleza y tranquilidad. Hoy, como cualquier otro día, varios pintores aficionados reciben clases y se inspiran en sus verdes alrededores y sus coloridas flores; los niños se divierten en su zona, habilitada con juegos; los jardineros cuidan la grama, y los obreros trabajan en su restauración. Todo este movimiento hubiera sido imposible hace pocos años.

Tiempo atrás

Antes era impensable siquiera cruzarlo para atajar entre las zonas 2 y 1. “La gente daba toda la vuelta al Cerrito con tal de no entrar”, pues era muy peligroso, explica Isabel Paiz de Serra, presidenta de la Fundación Teoxché, quien se declara amante del Centro Histórico y de los espacios abiertos. Por esos motivos, al percibir tal grado de degradación decidió crear una fundación junto a 15 amigos con el objetivo de recuperar “el único parque en el centro de seis manzanas de terreno”, cuenta.
Desde hace cuatro años, cuando empezó la Fundación a trabajar, los cambios han sido notables. José Mendoza, quien se encuentra preparando un boceto de uno de los árboles más antiguos del lugar, al que llaman Gran Abuelo, opina que “se ha hecho una excelente labor de limpieza”, y que desde que él va al Cerrito, en 1982, ha notado “un antes y un después gracias a la Fundación Teoxché”.

La degradación que existía no era cosa nueva. Por ejemplo, en los años de presidencia de Jorge Ubico (1931-1944), “el general Roderico Anzueto ya se propuso revitalizar el Cerrito”, narra Paiz. Entonces, muchas familias e instituciones colaboraron para impulsar su proyecto. Castillo Hermanos construyó una banca con mirador, cuya parte de abajo se pretende usar para hacer teatro de títeres y cuentacuentos. Las demás bancas también fueron edificadas en esa época, con la colaboración de varias instituciones, como el Club Rotario, las embajadas de España y la de Israel, y la colonia china. De EE. UU. hay otra banca y un muro de contención, e incluso una plaza llamada Guatemala-México, decorada con bonitos azulejos de Puebla. Asimismo, la familia Herrera donó una biblioteca, que también quieren recuperar, porque otro objetivo importante de Teoxché es convertir ese espacio en “un lugar de cultura”.

La Fundación pretende rescatar todo aquello que se construyó en la década de 1930. Sin embargo, “vamos poco a poco”, dice Paiz. “Cuando acabamos una cosa, empezamos la siguiente”, añade. Aunque en lo que nos centramos es en la gente. “Queremos que venga”, señala. El horario de visitas es de 6 a 18 horas, todos los días del año.

Fondos

“Cómo obtener la financiación, no me preocupa mucho, pues cuando explico el proyecto, todos nos quieren ayudar”, expresa Paiz. Y es que, aunque al principio hubo un poco de desconfianza por parte de los vecinos que tenían miedo de que el Cerrito se privatizara, cuando percibieron todas las mejoras y que se les tenía en cuenta, se volcaron al proyecto. Pero la Fundación no solo consultó a los habitantes de la zona; también quiso que se involucrara la municipalidad, el Gobierno, la Universidad de San Carlos, grupos sociales y muchas iniciativas privadas. Por ejemplo, varias personas han proporcionado plantas, flores o tierra. Esa colaboración hace que los responsables de Teoxché estén muy orgullosos, ya que “demostramos que podemos unirnos”. También apoyan la Escuela de Arte al Aire Libre Max Saravia Gual y la de guitarra, con el fin de potenciar la educación artística entre niños y adultos.
Además, cada acto cultural organizado es utilizado para recaudar fondos. La próxima actividad será en junio, y consistirá en la realización de un taller de grafitos y de hip-hop. Incluso la caseta que vende caramelos y bebidas dona algo para la causa.

Valió la pena

Las mejoras son evidentes. También hay avances importantes en cuestiones de seguridad. Eso es gracias a la municipalidad, que, aparte de proporcionar electricidad y agua, se ocupa de algo tan relevante como la protección de los ciudadanos. Todavía queda mucho trabajo por hacer, reconoce Paiz.
“Para nosotras, ver cómo está el Cerrito hoy nos hace darnos cuenta de que todo ha merecido la pena, a pesar de los dolores de cabeza y los esfuerzos que hemos tenido que hacer”, manifiesta. Ana Carolina Alejos, coordinadora de la Fundación, agrega que ella se ha vuelto experta en dos cosas: “en tener paciencia y en hacer trámites burocráticos”.


   

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