El liderazgo empieza en casa
Está convencida de que todos los propósitos se pueden alcanzar si se toman con persistencia, corazón, pasión y entusiasmo.

por Francisco Mauricio Martínez
fotos: Esbin García
Cuando se habla de la exportación de productos no tradicionales no se puede dejar de mencionar a la Asociación Guatemalteca de Exportadores (Agexport), y enseguida mencionar el nombre de Fanny de Estrada, quien durante 33 años se ha dedicado a impulsar este gremio. Esta emprendedora, licenciada en Comercio Internacional, nació en Honduras y vino al país cuando tenía 17 años, y desde entonces se subió al barco de la exportación.
Es directora de competitividad de Agexport, y pese a las más de tres décadas que tiene de trabajar en esta organización afirma que se siente con la misma energía de cuando inició. A continuación, una entrevista con quien también fuera ministra de Economía (1993).
¿Desde cuándo está vinculada al sector exportador?
Llevó 33 años. Principié a relacionarme cuando aún era estudiante universitaria (17 años). Ingresé como practicante en el recién inaugurado Instituto de Comercialización de Productos Agrícolas, conocido como Guatexpro, que se dedicaba a la promoción de las exportaciones (1972-1983). Fue un ente que lamentablemente tuvo corta vida, pero que llegó a ser muy reconocido a nivel internacional, porque era manejado de forma mixta entre el sector privado y público; allí estuve 9 años.
¿Cómo ingresó en esa organización?
Entré en un puesto para estudiante y después de nueve años de trabajo llegué a ser subgerente. En esa institución tuve la oportunidad de recibir durante cinco años entrenamiento por parte del Centro de Comercio Internacional de las Naciones Unidas, y creo que lo aprendido pulió la formación que traía de la universidad.
Fue cerrada por una decisión política, sin mayor explicación, debido a que teníamos un gobierno de facto, y los mismos empresarios, que eran pocos, ya habían sembrado la semilla de lo que hoy es Agexport. Al salir de allá me llamaron para que me incorporara.
¿Qué otra actividad influyó en usted para desarrollarse?
En la universidad Rafael Landívar había un programa de liderazgo dirigido al área rural, para mejorar las condiciones de vida de las comunidades, y escogieron un grupo de 35 estudiantes; también hubo algunos de la Universidad de San Carlos. Es increíble cómo este grupo de líderes llegó con el tiempo a jugar papeles protagónicos en el país. Entre ellos estaban Federico Linares, Lizardo Sosa, Raquel Zelaya, Ramiro De León Carpio, Gabriel Orellana, Peter Lamport, Fernando Paiz Andrade y yo.
Después de 33 años en este ambiente, ¿cambiaría de trabajo?
No. Estoy con el mismo entusiasmo del primer día, porque mi labor es sumamente motivante, porque una puede ver cada día el resultado de la tarea que se emprende por la mañana. Con los años, Agexport ha llegado a ser una organización con muchos empresarios y una de mis fortunas ha sido estar cerca de un grupo de guatemaltecos visionarios y dinámicos, pero, sobre todo, con una gran facilidad para emprender cosas nuevas y con un entendimiento tan claro que la pobreza solo se elimina cuando existen oportunidades de trabajo.

He visto cómo la infraestructura del país se transformó totalmente; en aquellos tiempos el café, banano, azúcar y algodón representaban el 75 por ciento de lo que el país exportaba hoy estos productos representan solo el 23 por ciento, el resto son productos nuevos. Se ha ampliado el número de mercados, por eso Guatemala es uno de los países que mejor se encuentra pese a la crisis, debido a que exporta a muchas naciones y la dependencia de Estados Unidos es cada vez menos.
De niña, ¿qué soñaba ser cuando fuera adulta?
Creo que la formación de liderazgo empieza en casa y yo recibí mucho estímulo por parte de mis padres. Mi papá fue un autodidacta que nació en un pueblo, en el cual logró ir a la escuela y, luego, desarrollar su carrera como periodista y gerente de un banco. Creo que el ambiente de estímulo en la familia incide mucho en la autoestima, así como el reconocimiento y entusiasmo. Eso me pasa con mis hijos, pues en la familia hay una relación muy competitiva en cuanto a niveles de lectura, discusiones y capacidades; al final, todo queda en negociación, ya que el que quiere algo tiene que justificar, argumentar y convencer, lo cual significa un esfuerzo muy grande. Cuando una quiere hacer una cosa tiene que aprender a justificarla.
¿El liderazgo es innato o se desarrolla?
Creo que hay condiciones para un liderazgo natural, pero no hay duda de que se forma y lo que se recibe en casa es clave, por eso es que existen muchos programas y cursos de liderazgo que orientan cómo perseguir metas, vender y transmitir ideas a grupos, por lo que si cualquiera quiere tener éxito en la vida debe fijarse metas. Estoy convencida de que si una se propone algo lo puede lograr si lo toma con persistencia, corazón, pasión, entusiasmo y trabajo. El éxito de una persona no solo es la satisfacción de sus necesidades materiales, va mucho más allá, como la realización personal, social y profesional, y cuando se logra tampoco es solo de una, también es de la familia, comunidad y del país.
¿Qué hecho le ha llenado más la vida?
Tengo muchas realizaciones cada día. Me siento orgullosa de mis hijos. El año pasado se graduó de la universidad el más pequeño; los otros cuatro ya lo habían logrado, incluso, dos de ellos ya formaron su familia. También haber trabajado y estudiado al mismo tiempo ha sido una de mis grandes satisfacciones y realizaciones. En lo profesional, transformamos junto a un grupo de empresarios la estructura productiva del país, la conceptualización de la competitividad y el hecho de haber iniciado esta organización con tres personas. De igual manera, también me llena el positivismo y propuesta que ha transmitido Agexport, pues si se quiere cambiar las cosas hay que trabajar duro, proponer y contagiar a los tomadores de decisiones.
Cuando una ve solo las cosas negativas, la energía se drena en situaciones que no llevan a ningún resultado; y de lo que no salió bien, hay que aprender lo que una hizo mal e invertir esa energía en construir cosas nueva. Hay que ir siempre adelante.
Tuve la suerte de formar un matrimonio fabuloso durante 30 años, en el cual tuve cinco hijos, pero lamentablemente mi esposo murió hace ocho años, víctima de la violencia. Ahora estoy casada otra vez, queriendo construir otro matrimonio exitoso, y no tengo ni la menor duda de que lo lograré.
¿Cuál es su mayor sueño?
Las personas nunca deben dejar de tener un proyecto en sus manos, porque creo que el día que una no tenga un proyecto en sus manos estará muerta. Las metas no tienen que ser necesariamente grandes, pueden ser pequeñas; por ejemplo, si ya me aburrí del color de mi casa debo ponerme a pintarla. Hace un tiempo tenía un carro viejito que me encantaba, porque me sentía tranquila, hasta abierto lo dejaba, pero se quemó y entonces me puse la meta de reponerlo, y lo logré.
¿Es difícil para una mujer alcanzar un alto cargo?
Creo que todavía existe una cultura machista, que es en parte cultural, pero ha ido cambiando mucho. Cuando ingresé en la universidad habían 105 estudiantes, de los cuales solo cinco éramos mujeres, pero en la actualidad si una va a estos centros académicos, la mitad o más son féminas. Se les observa en posiciones importantes. El gobierno anterior, por ejemplo, tuvo siete ministras y secretarias ejecutivas; en el Congreso hay pocas, pero muy capaces. El éxito es una carrera, porque uno va avanzando y adquiriendo experiencia, criterios, habilidad para relacionarse y comunicar ideas a los demás, mostrando liderazgo para que los demás sigan.
- Graduada en Comercio Internacional en la Universidad Rafael Landívar.
- Fundadora y directora de la Asociación Guatemalteca de Exportadores (Agexport). Institución privada no lucrativa que aglutina a los exportadores de productos no tradicionales.
- Durante 22 años ha dirigido esta organización que inició con cinco empresarios y ahora la integran más de mil empresas, 87 por ciento de las cuales son pequeñas y medianas.
- Fue designada como una de las 10 mujeres más influyentes del país, por su capacidad para lograr cambios en las políticas del sector empresarial y apoyar el surgimiento de nuevas compañías.
- Ocupó el cargo de ministra de Economía en 1993 y formó parte del equipo negociador del acceso de Guatemala al GATT, Acuerdo de la Organizaron mundial del Comercio.
|