Semanario de Prensa Libre • No. 256 • 31 de Mayo de 2009

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D ciudad

Ejemplo de servicio
La Policía Nacional Civil no tiene la mejor imagen ante la población, pero siempre hay agentes que cumplen con su labor.

por roberto villalobos
fotos: carlos sebastiÁn y fÉlix acajabÓn

Son innumerables las quejas que la población tiene en contra de la Policía Nacional Civil: que es corrupta, que no respeta, que nunca aparece cuando se le necesita, etcétera. Es innegable. Incluso, así lo confiesa un policía, que no quiso dar su nombre: “Mire, aquí hay gente deshonesta, pero así como están esos irresponsables, también hay muchos otros que son honestos”. Eso, es cierto. No debemos olvidar de que el suyo es un trabajo digno y honrado. Pensando en eso, decidimos hacer un recorrido con dos policías que tienen varios años de servicio y que —según sus superiores— tienen una trayectoria limpia. Ellos son los agentes José Luna Estrada y Luz Cabrera Calderón. Ambos pertenecen a la Comisaría 14.

Difícil labor

“Uno no es monedita de oro; hay quienes nos aprecian, otros no. Cada quien tiene sus motivos”, dice Luna Estrada, de 62 años de edad. Empezó en esa institución en septiembre de 1987, en la antigua Policía Nacional, cuando el uniforme era una camisa celeste y un pantalón azul oscuro.
En ese entonces tenía 40 años, pero la edad límite para ingresar era de 35. Con él hicieron una excepción, pues insistió en que le dieran la oportunidad.
Ocho días después recibió un telegrama, donde se le indicaba que se presentara a hacer las pruebas.
Tres meses estuvo allí y, a falta de cinco días para graduarse, lo trasladaron a Chimaltenango a prestar servicio, junto a otros 14 compañeros. La guerrilla rondaba aquel departamento. “Prácticamente solo teníamos la teoría de cómo era ser un policía, y nos faltaba la experiencia”, explica. Sus primeras atribuciones fueron atender emergencias en el hospital (preguntar a los heridos sus datos personales) y levantar cadáveres. “Tuvimos que sacar fuerzas de flaqueza”, recuerda.
Estrada cuenta que el momento en el que más arriesgó su vida fue cuando se fugaron 78 reos de la Cárcel de Alta Seguridad El Infiernito, Escuintla, en junio del 2000. “Mis compañeros y yo estábamos a unas cuadras de allí, terminando de prestar servicio en el estadio de futbol de la localidad. En eso, escuchamos disparos, por lo que nos tuvimos que tirar al piso”, relata.
A pesar de los peligros a los que se expuso por su labor, nunca tuvo miedo. “Fíjese, era más tranquilo cuando estaba el problema de la guerrilla; ahora, el país es más peligroso”, asegura.
En la actualidad, el agente Luna Estrada está asignado al serenazgo Milles Rock, en la zona 12 de la ciudad. Allí pasa 10 días consecutivos y en sus tres días de descanso viaja a Escuintla, de donde es originario. En 22 años de servicio, indica, nunca se vio envuelto en actos anómalos: “Hay personas que ofrecen cosas, pero el policía debe tener dignidad y el sentimiento de vergüenza. Nosotros debemos hacer las cosas sin esperar nada a cambio, pues ese es nuestro trabajo. Se sabe de los malos agentes, pero cada quien decide cómo actúa, tanto ante la ley como ante Dios”, refiere.
Luna Estrada espera jubilarse a inicios del 2010. “He sido un buen agente; así lo dicta mi conciencia”, puntualiza.

Mujer policía

Antes trabajaba en el departamento de envase de medicamentos de un laboratorio farmacéutico. Ganaba poco dinero, y por eso decidió ingresar a la policía. Ella es la agente Luz Cabrera Calderón.
Era 1986 cuando empezó con las pruebas, y el 2 de febrero de 1987 le dieron la bienvenida. “Con la Policía Nacional ganaba Q235; eran Q100 más de lo que ganaba antes, y eso era bastante”, comenta. En esa época tenía un hijo qué mantener; además, era madre soltera.
Calderón, además, decidió adherirse al cuerpo policial porque siempre le gustó ayudar a los demás. Su vida como agente fue patrullar en las calles, soportando los poderosos rayos solares o la intensa lluvia.
¿Hay machismo en la institución? Claro que lo hay. “Eso hay que superarlo. Los hombres siempre quieren ser superiores y dominar a la mujer”, refiere. Sin embargo, también está consciente de que ciertas actividades deben ser exclusivas del hombre; por ejemplo, vigilar a un pandillero peligroso. “Hay que tener en cuenta que ellos tienen, por naturaleza, más fuerza que nosotras”, indica, pero “no por eso hombres y mujeres tenemos diferentes derechos; somos iguales”.
La agente tiene tres hijos. El mediano, de 19 años de edad, quiere ser como ella. “Yo lo apoyaré, siempre y cuando vista este uniforme con orgullo y que haga su trabajo con honestidad”, comenta, con firmeza. Y como sabe la población, muchos de los policías tienen una mala imagen: “Sé que la gente no tiene credibilidad en esta institución, y lo lamento. Los malos actos de un solo agente afecta a todo el grupo; eso duele, porque aquí es donde laboro, y le tengo mucho cariño a la Policía Nacional Civil”, cuenta.
Sobre los sobornos, piensa: “Todos los seres humanos podemos ser tentados, pero hay que recordar que lo fácil tiene un final desagradable”.

Luz Cabrera se encuentra en la estación de la Central de Mayoreo, Cenma.
“Quienes quieran ser policía, lo deben ser de manera desinteresada; no deben aprender de los malos ejemplos, y solo absorber lo positivo”, recomienda. “Solo así nos podremos quitar la mala imagen, pues sí habemos buenos policías”, puntualiza.


   

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