Semanario de Prensa Libre • No. 256 • 31 de Mayo de 2009

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Editorial

Cosa de hombres

En una plaza, frente a una iglesia o en la calle. El lugar da igual, siempre y cuando sea el día de fiesta.
Pueden ser 20 ó 10; el número tampoco importa, pero el género sí; solo los del sexo masculino tienen el honor de bailar. Para las mujeres están reservados otros menesteres menos agotadores, dicen los bailarines. Ellas preparan la comida y acarrean flores, incienso o lo que haga falta para que sus esposos, hermanos o padres estén tranquilos
De suma importancia, para algunas danzas, es la energía. Antes de iniciar, los ejecutantes tienen que limpiar y purificar el lugar, para crear un ambiente positivo, el cual se expresa en el místico rito del saludo a los cuatro elementos y a los cuatro puntos cardinales. En él se eleva el incienso, suenan las voces de los instrumentos musicales, se pide y agradece a las divinidades la buenaventura, la gracia, los dones, y se pide al mismo tiempo permiso para la realización de los rituales.


Y es que estas manifestaciones son más que ganchos para atraer el turismo. “Son expresiones artísticas, sagradas y profanas, con estéticas específicas”, dice el antropólogo Carlos René García Escobar.
Sobre las danzas de Guatemala, pero con énfasis en aquellas poco conocidas, entre ellas, la de la Culebra, y resaltando los detalles de las famosas, como la del Venado, trata el tema Dfondo de esta edición a cargo de la periodista Julieta Sandoval.




Viviana Ruiz,
editora

 


   

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