Lo más reciente de Elías Valdés

Un incidente trivial (la figura de dos semovientes en un potrero) desencadena una serie de reacciones en respuesta a un esquema de comportamiento humano, hilvanadas dentro de un agradable relato.
La finalidad del mismo es describir un cuadro campestre y comprobar que en las familias pobres se cultivan las buenas costumbres, y la convivencia social va de la mano con los valores éticos.
Con imágenes cotidianas de un ambiente rural, aparentemente fuera de contexto para los modelos de la vida actual, el lector, en esta novela de Elías Valdés, fácilmente encuentra el trasfondo e identifica al personaje, a quien las circunstancias van moldeando con su carácter a merced de hechos fortuitos que lo fortalecen y convierten en “todo un hombre”.
Suya y muy particular es la determinación de no ceder ante la adversidad hasta cumplir sus propósitos, lo que a su modo de ver las cosas debe llevar a realizarlos, pues es como un mandato supremo de su esfuerzo interno.
Entresacado del más puro entorno campirano, este relato es otra forma de ver la vida: desde las raíces más sencillas de nuestra tierra. En la obra, son evidentes la riqueza del lenguaje y el claro mensaje positivo.
Todo un hombre. Elías Valdés.
Edición de autor. Jocotán Chiquimula. ISBN: 978-99922-2-577-6.
En librerías.
Teatro
Esto no es una pipa (Carlos Valenti)

En esta obra, dirigida por Guillermo Monsanto, se escenifica la visión de diferentes personas importantes tanto de las artes visuales como de las literarias sobre el pintor Carlos Valenti. Entre ellos destacan Rafael Arévalo Martínez, Agustín Iriarte, Carlos Mérida, Eduardo de la Riva o Rafael Yela Günther.
Lugar: Teatro Dick Smith IGA en el Distrito Cultural 4 Grados Norte, zona 4.
Fecha: Todos los martes de junio,
a las 20 horas.
Admisión: Q50; y estudiante con carné, Q25.
PRESTO NON TROPPO
Aspen Santa Fe Ballet
Por Paulo Alvarado
A principios de este mes actuó en nuestro país una de las compañías estadounidenses de danza que mejor representa el sentido de lo neoclásico en esa disciplina: el Aspen Santa Fe Ballet.
Asentado en el midwest desde su fundación hace 13 años, este conjunto pone un cuerpo de baile de gran calidad técnica a disposición de coreógrafos de trayectoria internacional para crear su repertorio (lo que le diferencia de compañías que generan sus propias coreografías). Además, sigue una corriente del movimiento que se deriva de figuras míticas como Balanchine, y se manifiesta hoy en los diseños de coreógrafos como William Forsythe y Twyla Tharp. Recursos extracoreográficos al mínimo, escenario limpio, luces blancas, vestuario neutro. Una puesta en escena que se expresa con los elementos narrativos del ballet abstracto del siglo XX, aunque mantiene la tradición clásica.
Sus recientes funciones en la sala Juan Bautista Gutiérrez, de la Universidad Francisco Marroquín, fueron una excelente muestra, casi con un carácter retrospectivo, de una década de labores. Desde Sweet Fields (uno de sus primeros trabajos, que se acompaña con rígidos himnos religiosos, y que en la velada sirvió como una formal introducción de los miembros de la compañía) hasta el estreno latinoamericano de Fugaz (una creación del español Cayetano Soto), el Aspen Santa Fe Ballet no dejó ningún gesto dancístico al azar. Su escrupulosa medida del espacio y del tiempo, más el impecable rendimiento de los bailarines, ha puesto en claro su compromiso estético: una danza cuyo sentido es el movimiento por sí mismo.
A la salida, una bailarina guatemalteca me pregunta: ¿Por qué acá no podemos hacer algo así? La respuesta: Sí podemos. Pero hay que dejar atrás la repetición, temporada tras temporada, de los mismos programas (igual en los cuerpos oficiales de baile que en los privados, igual las compañías que las academias...), meterle a la formación en danza contemporánea, y quitarle a los bailarines nacionales la necesidad de andar mendigando patrocinios y salas donde presentarse.
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