Semanario de Prensa Libre • No. 230 • 30 de Noviembre de 2008

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D ciudad

Atención al joven de la calle
Sus moradas son las aceras de diferentes puntos de la urbe.

Imagen
Estos grupos están compuestos por personas de distintas edades.

por francisco mauricio martÍnez
fotos: carlos sebastiÁn

Cada día, ellos se acuestan y se levantan de las aceras o de las bancas de parques o edificios. Su casa es la calle, en la que desarrollan su vida, pero con dificultades y peligros, se trata de los niños, jóvenes y adultos.

Muchos al pasar a su lado aceleran la marcha, cambian de dirección o, simplemente, tratan de ignorarlos, pero, aunque se quiera invisibilizarlos, es una población que cada vez aumenta más.

Adriana ha pasado la mitad de sus 16 años en la calle, después de haber llegado de El Salvador, junto a su abuela y su hermano, en busca de su mamá. Por azares del destino, deambuló sola. Ahora, vive junto a otras personas en el Parque Centenario. A estos lugares que ocupan —en diferentes puntos de la ciudad —se les llaman focos. Ahí pernoctan a partir de las 19 ó 20 horas, al siguiente día, por la mañana, el ruido de las bocinas de los automóviles los levantan y van a “periquear ” (pedir dinero), otros cuidan o lavan vehículos para obtener dinero y comprar pegamento y alimentos.

Diversas organizaciones brindan ayuda a estas personas, proporcionándoles comida, un lugar en dónde dormir o vestuario. Sin embargo, la salud sexual quedaba sin cobertura. “El vivir en la calle no significa que no tengan sexo o que no lo practiquen”, dice Dalila De la Cruz, del Área de Educación de Aprofam, entidad que trabaja un programa para orientar a los jóvenes sobre este tema.

Adriana, a su corta edad, es madre de una niña de nueve meses. Este nacimiento ha hecho que modifique un poco su rutina, pues su dormitorio ya no es la acera, sino con su pareja pagan Q5 en un albergue.

El grupo objetivo es la población joven, desde niños hasta 24 años, al pasar de esa edad se convierten en indigentes, y otros programas se encargan de ellos. También se ayuda a las madres en gestación y a los hijos de esos muchachos. El vivir solos en las calles los hace buscar pareja, con quien mantienen relaciones sexuales, pero también algunos de ellos se prostituyen para ganar dinero, por lo que son una población de alto riesgo.

Por medio de talleres y actividades lúdicas se enseñan los peligros que se dan como consecuencia de tener sexo sin precauciones, desde un embarazo hasta contraer diferentes enfermedades, como el VIH/sida. “Se trata de aclarar dudas y cambiar conductas, pero no se obliga a nadie a utilizar métodos anticonceptivos ”, comenta De la Cruz. Además, se les brinda asistencia clínica y medicamentos .

Una investigación hecha recientemente con población que vive en la calle arroja que el 92 por ciento sabe cómo se contagia el VIH/sida y otras infecciones de transmisión sexual, pero solo el 48 por ciento usa condón. Esto ha hecho que las acciones se dirijan al conocimiento, pero también a que puedan, para que quieran cambiar aspectos de su vida, ya que una razón para tener una actitud negativa es la falta de temor a la muerte, pero sí les aflige el rechazo, el no sentirse “parte de”. Por eso los educadores de Aprofam utilizan frases como: “que no te saquen del juego y del grupo”, y se refuerzan con “protégete usando un condón”.

Ahora, muchos reconocen la importancia de usar un anticonceptivo, que es proporcionado de forma gratuita, o como Andrea, quien emplea la inyección para evitar embarazos.

Además de instruir en el área sexual, los integrantes de Aprofam motivan a los jóvenes a insertarse a la sociedad, lo que algunos hacen al comprender que no tienen un buen futuro en las calles, en donde sufren constantes agresiones.

Pocos regresan con sus familias, de donde han huido por haber sido abusados emocional o físicamente. Dalila De la Cruz expresa que es importante que los padres se preocupen por sus hijos. “A veces una se frustra porque se espera que todo cambie, pero sigue igual”, comenta. En especial, cuando se mira que en las calles viven niños de una tercera generación. Pero sin perder el ánimo agrega: “Quizá un día los muchachos estén en donde tienen que estar, en su casa y estudiando”.

Algo más

  • Los focos localizados en la ciudad son en el parque Centenario, Gómez Carrillo, Colón, Plaza El Amate, La Placita, La Bolívar, La Casona, llamada así a las cercanías de la estación de buses de las Rutas Orientales, en la 19 calle; en las proximidades de La Terminal. También en Utatlán y la Atanasio Tzul, que son los más recientes y los integran, en su mayoría, menores de edad.
  • El programa de educación sexual es un trabajo que se lleva a cabo en tres países latinoamericanos —Perú, Bolivia y Guatemala — con financiamiento de la Federación Internacional de Planificación de la Familia y la Comunidad Europea.
  • Atiende a adolescentes y jóvenes con consultas médicas en diferentes especialidades, pero con énfasis en ginecología, obstetricia, detección de VIH/sida, pruebas de embarazo y otros. Además, proporcionan medicamentos y métodos anticonceptivos.

   

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