Atención al joven de la calle
Sus
moradas
son las
aceras de
diferentes
puntos de
la urbe.

Estos grupos están compuestos por personas de distintas edades.
por francisco mauricio martÍnez fotos: carlos sebastiÁn
Cada día, ellos se
acuestan y se levantan
de las
aceras o de las
bancas de parques
o edificios. Su casa es
la calle, en la que desarrollan
su vida, pero con dificultades
y peligros, se trata
de los niños, jóvenes y
adultos.
Muchos al pasar a su lado
aceleran la marcha, cambian
de dirección o, simplemente,
tratan de ignorarlos, pero,
aunque se quiera invisibilizarlos,
es una población que
cada vez aumenta más.
Adriana ha pasado la mitad
de sus 16 años en la calle,
después de haber llegado de
El Salvador, junto a su abuela
y su hermano, en busca de su
mamá. Por azares del destino,
deambuló sola. Ahora,
vive junto a otras personas
en el Parque Centenario. A
estos lugares que ocupan
—en diferentes puntos de la
ciudad —se les llaman focos.
Ahí pernoctan a partir de las
19 ó 20 horas, al siguiente día,
por la mañana, el ruido de las
bocinas de los automóviles
los levantan y van a “periquear
” (pedir dinero),
otros cuidan o lavan vehículos
para obtener dinero y
comprar pegamento y alimentos.
Diversas organizaciones brindan ayuda a estas personas,
proporcionándoles
comida, un lugar en dónde
dormir o vestuario. Sin embargo,
la salud sexual quedaba
sin cobertura. “El vivir
en la calle no significa que no
tengan sexo o que no lo practiquen”, dice Dalila De la
Cruz, del Área de Educación
de Aprofam, entidad que trabaja
un programa para
orientar a los jóvenes sobre
este tema.
Adriana, a su corta edad,
es madre de una niña de
nueve meses. Este nacimiento
ha hecho que modifique
un poco su rutina,
pues su dormitorio ya no es
la acera, sino con su pareja
pagan Q5 en un albergue.
El grupo objetivo es la
población joven, desde niños
hasta 24 años, al pasar
de esa edad se convierten en
indigentes, y otros programas
se encargan de ellos.
También se ayuda a las madres
en gestación y a los
hijos de esos muchachos. El
vivir solos en las calles los
hace buscar pareja, con
quien mantienen relaciones
sexuales, pero también algunos
de ellos se prostituyen
para ganar dinero, por lo que
son una población de alto
riesgo.
Por medio de talleres y
actividades lúdicas se enseñan
los peligros que se
dan como consecuencia de
tener sexo sin precauciones,
desde un embarazo hasta
contraer diferentes enfermedades,
como el VIH/sida.
“Se trata de aclarar dudas
y cambiar conductas,
pero no se obliga a nadie a
utilizar métodos anticonceptivos ”, comenta De la
Cruz. Además, se les brinda
asistencia clínica y medicamentos .
Una investigación hecha
recientemente con población
que vive en la calle
arroja que el 92 por ciento
sabe cómo se contagia el
VIH/sida y otras infecciones
de transmisión sexual,
pero solo el 48 por ciento
usa condón. Esto ha hecho
que las acciones se dirijan
al conocimiento, pero también
a que puedan, para que
quieran cambiar aspectos
de su vida, ya que una razón
para tener una actitud negativa
es la falta de temor a
la muerte, pero sí les aflige
el rechazo, el no sentirse
“parte de”. Por eso los educadores
de Aprofam utilizan
frases como: “que no te
saquen del juego y del grupo”, y se refuerzan con “protégete usando un condón”.
Ahora, muchos reconocen
la importancia de usar
un anticonceptivo, que es
proporcionado de forma
gratuita, o como Andrea,
quien emplea la inyección
para evitar embarazos.
Además de instruir en el
área sexual, los integrantes
de Aprofam motivan a los
jóvenes a insertarse a la
sociedad, lo que algunos
hacen al comprender que
no tienen un buen futuro en
las calles, en donde sufren
constantes agresiones.
Pocos regresan con sus
familias, de donde han huido
por haber sido abusados
emocional o físicamente.
Dalila De la Cruz expresa
que es importante que los
padres se preocupen por
sus hijos. “A veces una se
frustra porque se espera
que todo cambie, pero sigue
igual”, comenta. En especial,
cuando se mira que
en las calles viven niños de
una tercera generación. Pero
sin perder el ánimo agrega:
“Quizá un día los muchachos
estén en donde tienen
que estar, en su casa y
estudiando”.
Algo más
- Los focos localizados
en la ciudad son en el
parque Centenario, Gómez
Carrillo, Colón, Plaza
El Amate, La Placita, La
Bolívar, La Casona, llamada
así a las cercanías de
la estación de buses de
las Rutas Orientales, en la
19 calle; en las proximidades
de La Terminal.
También en Utatlán y la
Atanasio Tzul, que son los
más recientes y los integran,
en su mayoría,
menores de edad.
- El programa de educación
sexual es un trabajo
que se lleva a cabo en
tres países latinoamericanos
—Perú, Bolivia y Guatemala — con financiamiento
de la Federación
Internacional de Planificación
de la Familia y la
Comunidad Europea.
- Atiende a adolescentes
y jóvenes con consultas
médicas en diferentes
especialidades, pero con
énfasis en ginecología,
obstetricia, detección de
VIH/sida, pruebas de embarazo
y otros. Además,
proporcionan medicamentos
y métodos anticonceptivos.
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