“La información es poder”. Ese pensamiento expresado por el inglés Francis Bacon, canciller de Inglaterra a principios del siglo XVII, es una idea que con mucho sustento se ha confirmado a lo largo de la historia moderna, en todos los sistemas políticos que la humanidad ha conocido.
La conclusión lógica ante este planteamiento es que la información debe estar en poder del pueblo, para que se consolide la democracia. Por esa razón es que los gobiernos totalitarios o autoritarios siempre intentan controlar la información y a la Prensa, para detentar así el poder absoluto.
En un proceso electoral como el que ha principiado en Guatemala, el flujo de información es de vital importancia, toda vez que, para ejercer el derecho al voto, que todos los ciudadanos tenemos, es necesario disponer de la mayor información posible, a fin de que nuestra decisión sea acertada.
Esta semana iniciamos en Prensa Libre la tercera etapa de Tribuna, un suplemento de contenido editorial político que pretende ampliar el espacio informativo de este diario en materia electoral, precisamente para poder trasladar más y mejor información a todos nuestros lectores.
Dar a conocer a los candidatos y a los partidos políticos, divulgar sus planes de gobierno y poder analizar sus trayectorias, tanto en su vida pública como privada, es un compromiso que asumimos cada cuatro años, para cumplir con nuestra vocación y obligación.
Los electores, ustedes, nuestros lectores, tienen el derecho a estar bien informados y así poder votar de manera más acertada, con todos los elementos de juicio que se requieren.
Como parte de la misión de informarnos se debe repasar la historia de la actual era democrática, con el objetivo de aprender de los errores que pudimos haber cometido como informadores, pero también como electores.
Por ejemplo, los medios debemos investigar sobre el perfil de los candidatos. Cada elector tiene derecho a saber si se trata de una persona que ha tenido logros, ya sea como político, como profesional, como líder social o como empresario, con el fin de que ello sirva para una mejor evaluación.
Si un aspirante a presidente de la República no ha sido exitoso en su vida, si no ha pasado por puestos de importancia y trascendencia, si no tiene experiencia en la resolución de conflictos y si no ha integrado nunca equipos de trabajo, difícilmente podría gobernar adecuadamente.
Si, por otra parte, el “presidenciable” ha pasado por cargos públicos y ha sido ineficiente y hasta corrupto, es obligación nuestra informar a los electores, para no cometer errores como los de nuestro pasado reciente.
La convocatoria que hizo la semana recién pasada el Tribunal Supremo Electoral ha sido el banderazo de partida oficial para una contienda que, como cada campaña electoral, es de trascendencia para nuestro futuro.
Por eso, no debemos dejar en manos de otros la decisión. Cada uno de los guatemaltecos empadronados tenemos la obligación de participar y votar conscientemente. La Prensa tiene el deber de brindar la información necesaria para que el ciudadano común y corriente ejerza su derecho y muestre su poder.

Como ha sido en oportunidades anteriores, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) garantiza un proceso totalmente limpio, a la vista de todos, otorgando las garantías individuales y colectivas para que en verdad sea una fiesta cívica.
En nuestro diccionario, la palabra “fraude” está totalmente descartada.
Los magistrados que integran el TSE cuentan con un equipo eficaz y de experiencia lograda en elecciones pasadas, además de la cooperación ofrecida por organizaciones, entidades y personas en lo individual —como observadores del proceso o integrantes de comisiones y de las mesas electorales—, en distintos puntos del país.
El Tribunal tiene la responsabilidad de organizar las elecciones generales de 2007, comicios que marcarán un hito en Guatemala, pues esta vez serán involucrados en el proceso más ciudadanos que viven en el área rural, mediante un programa de descentralización que llevará las mesas electorales a lugares remotos donde vivan más de 500 empadronados.
Los comicios incluyen la elección de presidente y vicepresidente de la República y los 158 diputados al Congreso (por distritos electorales y lista nacional). También, la elección de 332 corporaciones municipales, integradas por alcaldes, síndicos y concejales (con titulares y suplentes), que suman tres mil 190 puestos.
El TSE tiene programado seguir una serie de etapas, de acuerdo con el diseño de trabajo aprobado por el Tribunal: promoción para el empadronamiento mediante largas jornadas en el campo por las brigadas especiales, y difusión del programa estratégico del ente rector en los medios informativos, además de informar acerca del trabajo técnico de la Unidad de Cartografía Electoral, a fin de determinar los lugares donde existen las facilidades necesarias para ejercer el voto y enviar los resultados al TSE.
Las facilidades principales son: acceso terrestre o fluvial, seguridad, energía eléctrica y comunicación para transmitir los resultados por medio de teléfono, fax, vía satelital o Palm.
En algunos casos, podrían enviarse las actas y demás documentos electorales con medios propios hasta el lugar próximo donde existan medios de transmisión.
A toda esta organización rural se agrega el trabajo de empadronamiento que se intensifica en las áreas urbanas, para facilitar a los ciudadanos votar cerca de sus residencias, con el fin de que más guatemaltecos puedan ejercer este derecho ciudadano.
La meta es llegar a 5.8 millones de ciudadanos empadronados y listos para votar.
Esta sería la mayor representatividad para constituir un gobierno fuerte que pueda atender las necesidades de la población, al igual que el Congreso y los gobiernos municipales.
Así es que las reglas del juego están claras; la ley no es casuística y todos deben comprometerse a hacer un juego limpio.