Durante un mitin en San Marcos, un niño de 10 años se acercó a platicar. “¿Quién es el que viene ahora?, preguntó el pequeño, quien no va la escuela porque tiene que ayudar a su papá a trabajar para mantener a sus siete hermanos.
El candidato presidencial, junto al resto de candidatos locales, habló durante unos minutos en el parque de la comunidad.
Enumeró decenas de proyectos y posibilidades para cambiar el pueblo, mientras la canción de su partido se escuchaba a todo volumen y se repartía propaganda con la foto del sujeto.
Un vecino hablaba en voz alta: “Siempre es lo mismo, vienen a prometer y después se olvidan de nosotros”. Otro aseguró que el asfalto que han solicitado durante cuatro campañas políticas sigue intacto, sin que nadie haya escuchado su principal necesidad.
El pequeño siguió de cerca la caravana, se mantuvo atento a todo lo que dijeron.
Me hizo decenas de preguntas, desde el por qué de mi grabadora hasta el día en que el candidado iba a volver a ese lugar e iban a cumplir sus promesas.
¿Será que si le digo a ese señor que no puedo ir a la escuela porq ue tengo que trabajar, me va ayudar?, ¿Será que él puede pedir en las escuelas que reciban a los niños aunque no tengamos dinero para comprar el uniforme?
Las nuevas generaciones tienen preguntas qué hacer, especialmente en los poblados alejados y de difícil acceso. Ojalá no los ignoren en su campaña y les puedan dar respuesta a sus interrogantes.

Diversos estudios evidencian que, de no aumentarse el presupuesto actual de Educación (Q5 mil millones), será imposible cumplir con las metas que organizaciones públicas y privadas se han planteado para asegurar una educación de calidad para todos y todas. Según el estudio del Icefi, titulado “Más y mejor educación en Guatemala: ¿Cuánto nos cuesta?”, alcanzar las metas que se han convenido en esta materia requiere casi duplicar el presupuesto actual a unos Q9.3 mil millones en el 2008. Esto, por supuesto, exige una muestra de solidaridad real, que pasa por tratar con seriedad lo que hemos venido postergando: una reforma tributaria. Si queremos ver a Guatemala fortalecida, convertida en una nación que dignifica a sus ciudadanos y les garantiza un desarrollo pleno, tenemos que estar dispuestos a pagar la factura, especialmente los políticos, que en este momento tanto ofrecen pero no necesariamente dejan claro cómo piensan cumplir con sus promesas.
A los gobiernos locales también les corresponde asumir una mayor responsabilidad. Los vecinos están reclamando que así sea. Hasta ahora, la inversión municipal apenas representa en promedio el siete por ciento del total del presupuesto en cada municipio. Así lo destaca el estudio “Guatemala: la dinámica de las finanzas municipales y el gasto de inversiones que realizan en el sector educación”, elaborado por Usaid/AED.
En algunos casos, como el de Chuarrancho, la inversión municipal en educación apenas llega al uno por ciento. No es de extrañar entonces que este municipio sea uno de los del departamento de Guatemala con mayores carencias y rezagos en el ámbito educativo, con la tasa neta de escolaridad más baja en primaria y en básico, con las tasas de terminación más bajas en primaria y en básico y los puntajes más bajos del departamento en las pruebas de Matemáticas y Español.
Los vecinos no se han quedado de brazos cruzados, esperando la oferta electoral. Han decidido participar. Líderes de Chuarrancho, San Juan Sacatepéquez y San Miguel Petapa, en el departamento de Guatemala, y el liderazgo de los departamentos de Quiché, Huehuetenango y Alta Verapaz —en donde los índices de cobertura y calidad educativa son más precarios— han comenzado a sumarse al proceso “Más y mejor inversión en educación”.
Todos están presentando planteamientos a los candidatos a la alcaldía de esos lugares, en los que exponen sus necesidades más sentidas y demandan compromisos concretos para atenderlas. La gente está decidida a no dejarse engañar por falsas promesas. Dará su voto a aquel candidato y partido que asuma compromisos reales por más y mejor inversión en educación.
¿El voto joven será decisivo en este proceso electoral, más del 40 por ciento del padrón electoral está compuesto por personas comprendidas entre 18 y 35 años y actualmente alrededor de cuatro millones de adolescentes y jóvenes viven en nuestro país, por lo que los partidos políticos deberán realizar un arduo esfuerzo en ganar la simpatía de la juventud guatemalteca.
Recientemente, la Coordinadora Juventud por Guatemala estableció que algunos de los problemas que están afectando a la juventud son su criminalización y represión, el incremento de la violencia y delincuencia, asesinatos y detenciones ilegales de jóvenes, represión al movimiento estudiantil, la falta de fuentes de empleo e incremento de desempleo y los embarazos en adolescentes, aunado a ello el aumento de casos de jóvenes que conviven con VIH y sida, y un alto nivel de apatía en torno a la participación ciudadana, así como la utilización de las y los jóvenes en los partidos políticos.
Ante tal situación, aún no se conoce ninguna propuesta por parte de los partidos políticos para abordar, de una forma seria, tales temas; sin embargo, sí hay un esfuerzo en incluir en los discursos que la juventud será una prioridad, se dará más participación y ya se ha empezado a utilizar la imagen juvenil en la propaganda electoral, dando a conocer que se están postulando jóvenes a cargos de elección popular, pero no se dice que éstos van en las últimas casillas, con casi nulas posibilidades de ser electos, por lo que aún no se percibe que la juventud sea prioritaria para quienes aspiran a gobernar Guatemala.
Responder a la juventud pasa por identificar los problemas que le afectan, conocer su forma de pensar y generar propuestas que respondan a sus necesidades, aprobar leyes y políticas públicas que favorezcan su desarrollo, fomentar la apertura de fuentes de empleo, eliminar las barreras que impiden el acceso a la educación para jóvenes, hacer accesibles los servicios de salud de una forma diferenciada para mujeres y hombres jóvenes, así como fomentar alternativas de organización y participación juvenil, desde lo comunitario hasta las estructuras de toma de decisión nacional.
Este es, entonces, el reto para los partidos políticos y es un llamado a la juventud guatemalteca para que exijan a éstos que los tomen en serio, reflexionar sobre las diferentes propuestas de los partidos y ejercer su voto de forma consciente en este proceso electoral.