Decisión 2007 No. 3 - Guatemala, martes 22 de mayo de 2007
Tribuna
Tema central
El coordinador del Gobierno
Capacidad y personalidad para tomar las riendas del Gobierno deben ser las principales características del vicepresidente.

Por Martín Rodríguez Pellecer

Es el que no aparece en los carteles, en las cancioncitas o en los foros. La cara poco conocida en las papeletas es la de quien tiene la responsabilidad de coordinar los gabinetes de gobierno y, en cierta medida, de administrar el quehacer del Ejecutivo. Experiencia y una personalidad conciliadora son dos cualidades que debiera de llenar el segundo de a bordo de los presidenciables.

“La Constitución da al vicepresidente de la República un mandato muy fuerte, el más fuerte de la región. Tiene que tener una experiencia de Estado, de ejercicio de la función pública, de entender las limitaciones y procedimientos”, asegura Raquel Zelaya, de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (Asies).

Para la académica y ex secretaria de la Paz, el vicepresidente tiene que tener una enorme capacidad de manejar una agenda exhaustiva en la coordinación de gabinetes. “Y no puede decidirse sólo por el económico o delegar, porque no hay un segundo vicepresidente”, enfatiza.

Los analistas consultados ven una característica infaltable en un vicepresidenciable: capacidad y personalidad para tomar las riendas de la administración pública.

Jorge Fuentes, decano de Ciencias Políticas de la Universidad Rafael Landívar, opina que el vicepresidente tiene que ser el estadista del binomio. “El marketing político nos vende a un presidenciable como un caudillo salvador, pero es el vicepresidente el que tiene que conocer la administración del Estado, la formulación de políticas públicas y el respaldo al mandatario”, sintetiza.

La Constitución, en el artículo 191, lo describe prácticamente como un copresidente o un sustituto. Le representa y coadyuva en la dirección de la política general del Gobierno, dirige con él la formulación de la política exterior y preside órganos de asesoría al Ejecutivo.

Gustavo Porras, sociólogo y ex secretario privado de la Presidencia, define los roles así: “El presidente es el líder de la Nación, y el vicepresidente, el encargado de administrar el Gobierno”.

Carmen Aída Ibarra, de la Fundación Myrna Mack, tiene otra visión. Considera que el vicepresidente es el que sustituye al presidente, y opina que es un tipo de bateador emergente. “Es el que tiene que contribuir con medidas audaces cuando el presidente se equivoca, salir a tomar las riendas cuando se necesita; muchas de las crisis recaen en su oficina durante períodos más largos de tiempo”, dice, en referencia al vicepresidente Eduardo Stein.

Fuentes coincide con ella y toma como ejemplos repetidos casos en los que errores del presidente Óscar Berger tuvieron que ser corregidos o manejados por Stein en los últimos cuatro años.

“No por ser el segundón del binomio es alguien que va a ser el segundón en el Gobierno. Es el segundo de mando en el Ejecutivo”, recalca Ibarra. Sobre el poder del vicepresidente, opina que depende del espacio que le dé el gobernante, mientras que Zelaya considera que el fuerte mandato constitucional lo sustenta.

Cuando se transita a la página de las cualidades vicepresidenciales, Zelaya afirma que tiene que ser el que lidere las relaciones del Gobierno con el Congreso, y por esto tiene que tener una capacidad demostrada de diálogo. “Después del gobierno de Álvaro Arzú, los gabinetes han sido conformados por personas fuera de los partidos, de distintos sectores, y por eso el vicepresidente tiene que tener la capacidad para coordinarlos”, enfatiza.

Para Ibarra, el vicepresidente tiene que tener una sólida formación democrática y profesional, y capacidad de administrar conflictos y buscar soluciones. Otra característica vital es una relación fluida entre el binomio, recuerda Zelaya.

Los cuatro de arriba

Al analizar a los cuatro candidatos vicepresidenciales que encabezan las encuestas, Fuentes señala que todos (Rafael Espada, Ricardo Castillo Sinibaldi, Alfredo Vila y Fernando Montenegro) tienen fuertes vínculos con el sector privado.

Análisis de los políticos
Stein: "Paciencia y complemento"

Para el vicepresidente Eduardo Stein, el puesto que ocupa tiene dos características indispensables: lealtad y ubicación, en cuestión de cómo se reparten las cargas con el presidente.

“A mí no me ha costado ser el número dos, y el presidente sabe que si se va del país no le voy a hacer travesuras acá. Cuando hay diferencias de opinión, hay que discutirlas, pero no perder de vista quién es el presidente”, anota.

Stein describe las funciones constitucionales del vicepresidente “como un primer ministro en otros países; es una especie de gestor interno del Ejecutivo en los gabinetes”.

Berger y Stein se repartieron la administración del Gobierno. El número dos se hizo cargo de la agenda social y el presidente de infraestructura y economía. “Él prefería crisis inmediatas, y yo, procesos de más largo plazo”, aseveró Stein.

Cuando se le preguntó qué recomendaría a un binomio, respondió que el presidente y el vicepresidente deberían ser idealmente complementarios.
Para Stein, también está la función de salir al encuentro a esfuerzos de concertación.

“Recomiendo ser un complemento y tener mucha paciencia”, puntualizó.

Otros binomios
Unionistas y FRG ya definieron a sus vicepresidenciables.

Unionista
Enrique Godoy ha trabajado junto a Fritz García-Gallont durante más de una década. Fue director del Fondo Nacional para la Paz (Fonapaz) y concejal primero.

FRG
Haroldo Quej es el indígena que más fondos públicos ha tenido bajo su responsabilidad. Fue director de Fonapaz, ministro de Ambiente y diputado. Es hombre de confianza de Efraín Ríos Montt.

“Todos han estado en posiciones que los obligan a tomar decisiones cruciales. Se conocen más los éxitos de Castillo y Montenegro, porque han tenido un perfil más alto; Vila ha estado en el Gobierno. Espada tiene experiencia en manejar decisiones de vida o muerte, como una operación a corazón abierto, pero otro asunto es manejar las complejidades de un país”, afirma Ibarra.

 

Empresario y funcionario
Alfredo Vila (Gana) es el que más ha estado en la función pública, pero no aporta balance a su presidenciable.

Su experiencia se puede resumir en haber sido la mano derecha del presidente Óscar Berger en los últimos 20 años en la gestión pública. Ha dirigido la Empresa Municipal de Agua (Empagua), siendo concejal capitalino, jefe de campañas políticas, secretario privado de la Presidencia y principal operador político del gobernante. Ahora, lo relevará como máximo dirigente de la Gran Alianza Nacional (Gana).

Vila es uno de los más importantes azucareros del país. Lleva 30 años de amistad con Alejandro Giammattei, y asegura que su fuerte es ser el binomio más integrado. Coordinaron las elecciones de 1985 y trabajaron en Empagua.

Giammattei lo escogió para evitar sólo “un matrimonio de conveniencia”, y por compartir visión de país. “Fue uno de los pocos amigos que no me abandonaron cuando me dio mi enfermedad”, recordó.

Esta misma visión del país y haber trabajado con las mismas administraciones le resta diversidad al binomio. También lo deja con menos relación con otros sectores nacionales distintos al empresarial.

 

Cirujano renombrado
Rafael Espada (UNE) tiene como mejor carta su prestigio. No tiene currículo en la administración pública.

Hacer una operación del corazón no es sólo poner una aguja, es coordinar a 500 especialistas y eso es lo que hago todos los días, y lo que antes eran seis u ocho operaciones diarias, van a ser seis u ocho proyectos diarios, aseguró el médico Rafael Espada, vicepresidenciable de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE).

Esta experiencia diaria en el campo y la coordinación de un complejo de hospitales en el que trabajan 275 mil personas a diario (en el Hospital Metodista de Houston, uno de los mejores del mundo en cirugías del corazón) resumen la experiencia que Espada aportará en el gabinete que presidiría Álvaro Colom, de ganar las elecciones. Sostuvo que su récord de honradez, el prestigio de su trayectoria y la independencia de sectores le dará libertad para gobernar.

En su contra está su falta de experiencia en la administración pública. Explicó que en los últimos 14 años ha venido al país una vez al mes. Lleva nueve meses de conocer a Colom y nunca han trabajado juntos. Afirmó que comparten valores y visión de país.

 

Negociador efectivo
Fernando Montenegro (EG) completa el binomio “más plural”; nunca ha estado en el Gobierno.

Fue presidente de la organización empresarial más conservadora, el Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras (Cacif), y ahora es vicepresidenciable de una activista de derechos humanos. “Los demás hablan, pero la diversidad de Guatemala está representada hoy sólo en nuestro binomio. Somos diversos y complementarios”, dice.

El empresario, fundador de Encuentro por Guatemala (EG), también presidió la Asociación Nacional del Café (Anacafé). Pertenece al Grupo Latinobarómetro. No ha estado en la administración pública.

“Puedo aportar al Gobierno mi experiencia en coordinar y lograr acuerdos con distintos sectores, y en cómo insertar al país en la competitividad y productividad”, aseveró Montenegro, quien conoció a Rigoberta Menchú en el Frente por la Democracia de 2003. Menchú lo escogió por su trayectoria reconocida y por ser un complemento. “Es muy atento, sencillo, con quien podemos discutir, trabajar y hacer planes. Es un encanto”, sostuvo la Nobel de la Paz.

 

Experiencia empresarial
Ricardo Castillo Sinibaldi (PP) tiene en su currículo el Irtra y el Intecap, pero no hace un contrapeso a su presidenciable.

Tiene una vasta experiencia en cómo funciona el sector empresarial y cómo se representa a los patronos ante el Estado. Sus mayores orgullos son el Instituto de Recreación para los Trabajadores de la Empresa Privada (Irtra) y el Instituto Técnico de Capacitación (Intecap).

Castillo fue también vicepresidente del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) en los años 1970, y ministro de Desarrollo Urbano y Rural en el gobierno de Jorge Serrano.

Fundó el Partido Solidaridad Nacional (PSN), que fue uno de los tres que llevó a Óscar Berger al poder, y luego cedió la ficha para que se creara la Gran Alianza Nacional (Gana) como partido. La decisión de hacer primarias para elegir al presidenciable lo decepcionó; después aceptó estar en el PP.

Otto Pérez Molina aseguró que lo escogió por su honradez, capacidad y experiencia, y por compartir visión de país. Ambos trabajaron en el equipo de campaña que llevó a Berger a la Presidencia, en 2003.