Por Gustavo Adolfo Montenegro
Su modelo ideal de funcionario público es Tomás Moro, el canciller inglés que prefirió morir antes que traicionar sus principios morales, en el siglo XVI. “Si los políticos conocieran más la historia, tendrían mejores modelos y aprenderían de los errores de otros”, dice el padre Luis Felipe Alonso, párroco de San Jerónimo Emiliani, zona 6, y autor del libro El Cristiano y la política, una recopilación de opiniones sobre el servicio público y la vida democrática de acuerdo con el pensamiento social de la Iglesia.
¿Cuál debe ser el ideal del político?
Buscar el bien común, que no se reduce a la suma de los bienes individuales, sino a una vida más justa y más solidaria.

Hay candidatos que refieren a Dios entre sus valores. ¿Cuál debe ser el distintivo de un cristiano en política?
Lo primero que hay que decir es que no hay soluciones “católicas” a los problemas de la sociedad. No hay únicas soluciones. Existe una pluralidad de soluciones y hay que hacer siempre la premisa de la autonomía de la política del orden meramente religioso, pues hay muestras en el mundo de lo que se ha llegado a hacer en nombre de Dios. La doctrina social de la Iglesia indica que la tarea de ordenar las realidades temporales corresponde a los laicos, y en ello cabe una pluralidad de posibilidades en economía, política, educación. Pero los laicos no como si fueran la manga larga del clero.
Sí, porque de otra manera, alguien diría: porque el obispo, o en el caso protestante, porque el pastor, me dijo...
Exactamente. La acción laica debe ser en un plano de completa libertad y completa responsabilidad. Si alguien quiere ser de inspiración cristiana auténtica, debe tener principios rectores.
Sin embargo, pareciera que la imagen del político no se asocia con principios...
Existen ejemplos en la historia reciente, como De Schumann, en Europa, quien es el padre de la Comunidad Europea, perfectamente olvidado hoy, pero cuyo ejemplo de principios fue primordial para lograr lo que hoy es Europa.
En política y en gobierno, a veces pareciera que el fin justifica los medios... ¿cómo responder a este pensamiento?
Toda sociedad que parte de ese principio no ha aprendido de la historia. Si una persona se dedica a la política, debe estudiar la Ética, y si es católico, la doctrina social de la Iglesia.
¿Hasta qué punto el poder tiene un origen trascendental?
Todo poder parte de Dios y debe haber, por ello, un recto ejercicio del poder. Hay una opinión extendida de aceptar, casi como normal, que los políticos engañen y mientan. En Guatemala sí se ha ido madurando en el ambiente, y hay que escapar al pesimismo de pensar que nunca hay soluciones buenas y que todo está malo. Los guatemaltecos somos muy dados al pesimismo, y debemos infundir esperanza, y de ahí la importancia fundamental de la participación. El político puede y debe ser sinónimo de honestidad. Creo que los hay en Guatemala.
En el libro, el padre Alonso escribe: “El ciudadano común y corriente hoy día fácilmente no sabe qué hacer con la política y los políticos”.
Actitud
“Es necesario recuperar la responsabilidad social de cada ciudadano de participar en el ordenamiento social de la sociedad y salir de la indiferencia”.
Del autor
El padre Luis Alonso tiene un Doctorado en Derecho Canónico, en la Universidad de la Santa Cruz, en Roma, y una especialización en Derechos Humanos de la Universidad italiana Guido Carli, especializada en Ciencias Sociales.
¿Qué hay de la obligación moral de los electores?
Hay dos obligaciones: uno, la obligación de participar es no quedarse al margen, indiferente o crítico. Todos los ciudadanos debemos participar. Esto puede ser bajo un partido, pero también informándose. La otra obligación fundamental es votar. Quien no vota, falla a un principio fundamental de la doctrina cristiana.
No basta decir yo quiero eliminar la pobreza, yo quiero eliminar la delincuencia. Todos queremos eso. Pero ¿cómo lo va a hacer?
Hay varios candidatos que mencionan a Dios... o que dicen ser hombres de fe.
Ojalá que sea así, porque ponerse en manos de alguien sin fe representaría un gran riesgo.
¿Qué le recomendaría a un político?
Que encuentre modelos. Una vida que todo político debería leer es la de Tomás Moro, el patrono de los políticos. Yo le pido a él que ilumine a todos los políticos. Él fue político toda su vida, un buen político y sus principios fueron tan firmes que prefirió morir a romperlos. Fue ejemplo de incorruptibilidad. No sé cuántos de nuestros políticos estarán en esa disposición.
La corrupción es un problema latente...
El primer y grave problema que señaló Juan Pablo II y lo ha vuelto a señalar Benedicto XVI en América Latina se llama corrupción. La tentación es muy fuerte. Sólo una recta conciencia hace que una persona sepa distinguir lo correcto de lo incorrecto y decidirse por lo primero. Sobre todo porque la corrupción a veces toma formas muy ambiguas. Es un gigante a vencer.