Para mí, la seguridad no es el principal problema de Guatemala. Es una consecuencia de la desigualdad, del racismo, de la falta de oportunidades... y no encuentro un candidato que lo sepa en mi país.
Es obvio que se necesita mejor educación, salud, justicia. Pero ningún candidato propone cómo pagarlas. La reforma fiscal es el tema medular del país. Porque sólo así vamos a lograr un Estado moderno, menos desigual y menos injusto; una salud digna.
Quisiera escuchar ideas, ideologías en el debate. Porque la democracia es debatir ideas. No hay nada que cohesione más a grupos de la sociedad que una misma forma de ver el mundo. ¡Y no! No es cierto que no exista ya “ni izquierda ni derecha”. Creo que es muy sano que podamos reconocer en nosotros mismos cómo vemos el mundo.
La derecha es conservadora para lo moral y liberal para lo económico. Sólo los unionistas se reconocen así. La izquierda es liberal para lo moral y prefiere más presencia estatal para lo económico. ¿Qué tienen de malo las diferencias? Lo importante es resolverlas con argumentos.
Soy de la primera generación posconflicto interno de Guatemala. Disfruto de la democracia, del periodismo, de poder pensar por mí mismo. Disfruto de mi guatemalidad, pero afuera, en el mundo, da pena escribir sobre los índices de la injusticia en mi país. Ojalá se debata cómo cambiarlos en esta campaña.

Estamos escasamente a tres meses y días de que se celebren las elecciones generales, y hasta ahora uno que otro candidato o candidata presidencial o vicepresidencial y futuros alcaldes han empezado a tratar en términos muy generales los grandes ejes de sus planes de gobierno, tal vez con responsabilidad o para cumplir con la expectativa mediática y de ciertos sectores influyentes, que requieren que sus programas reflejen soluciones concretas a la demanda social que existe en seguridad, salud, educación, administración de justicia e infraestructura.
Como lo argumentaba con esta reflexión el científico social Mancur Olson: “¿Por qué algunas naciones son ricas mientras otras son pobres? La idea clave es que las naciones producen dentro de sus fronteras, no aquello que la dotación de recursos permite, sino aquello que las instituciones y las políticas publicas permiten”.
El desarrollo de un país depende de su capacidad estratégica y administrativa para implementar mecanismos que ayuden a la plena convivencia social, política y económica de sus habitantes, lo cual facilitará la estabilidad y gobernabilidad al sistema, y que dé como resultado un desarrollo integral significativo.
La pregunta es: ¿dónde están las políticas públicas en el caso de Guatemala? En el reconocimiento de las necesidades de la población, por parte de líderes políticos con visión y proyecto de nación, que escuchen, identifiquen y promuevan las demandas en transformaciones económicas y sociales, e integren las políticas públicas en agenda próxima de gobierno.
Y a esto se suma la calidad y desempeño con que se formulan e implementan las políticas publicas, utilizando herramientas tecnológicas que agilicen y transparenten procesos, como es el caso de introducir y fomentar el uso del gobierno electrónico, y en todos estos esfuerzos positivos, su mayor enemigo subsiste en el clientelismo y una burocracia con bajos ingresos, sin seguridad laboral, desmotivada, ineficiente, ineficaz y corrupta en casi todos los niveles, y que es apoyada casi siempre por delincuentes de cuello blanco y del crimen organizado a los cuales la denuncia y la ley nunca llega.
Sin embargo, con muy poca claridad, o tal vez interés, los líderes políticos no han tomado en cuenta la necesidad de cómo vincular sus planes de gobierno con políticas públicas existentes desde la apertura democrática, que se han implementado y evolucionado por mucho tiempo en varios gobiernos, como compromisos de Estado.
Para concluir, en países desarrollados, las políticas públicas se planifican a un plazo de más de cien años, mientras en Guatemala pareciera que planificáramos cada cuatro años. Ojalá esta visión de corto plazo podamos cambiarla pronto.
Soy joven y tengo 23 años. Durante mi corta o larga vida, según se quiera ver, he encontrado infinidad de gente que sueña con una Guatemala distinta, pero al final no decide tomar el paso para realizar los cambios. Y no es de extrañarse, pues la forma de hacer cambios en este país se ha limitado únicamente a los procesos gubernamentales manejados por los partidos políticos, y éstos no se han dedicado a generar verdaderas instituciones en las cuales la democracia pueda desarrollarse.
La política y el quehacer político están mal vistos en nuestro país, y al final la forma en que se han conducido nuestros gobernantes ha hecho que la juventud desarrolle desentendimiento y desinterés.
Si analizamos la historia, los jóvenes siempre han sido parte de las grandes revoluciones, y nuestra capacidad de soñar más alto nos permite desenvolvernos en los procesos de una forma más pasional e idealista. Sin embargo, no es únicamente la pasión y los ideales los que nos mueven, tenemos un gran conocimiento de la realidad que vivimos y la voluntad de hacerlo a través de medidas que lleven a Guatemala al desarrollo.
Los jóvenes queremos tomar en nuestras manos el rumbo de Guatemala y estamos dispuestos a comprometernos a toda costa porque esto se vuelva realidad. El joven de partidos políticos no es, salvo contadas excepciones, tomado en cuenta en los procesos de toma de decisión, pero somos un porcentaje de votos importante y de gran interés para los partidos políticos, mientras que éstos no se han preocupado del todo por crear procesos de inclusión real donde se tomen roles protagónicos hacia la construcción de una democracia más participativa e incluyente.
Los jóvenes nos somos únicamente el futuro, sino también el presente de Guatemala, y por lo tanto sufrimos al igual que el resto de los guatemaltecos la realidad en que vivimos y los errores que cometen nuestros gobernantes, por lo tanto tenemos la obligación de participar en los procesos de decisión de nuestro país, pues así podremos construir una Guatemala distinta.
Un partido que no abra sus espacios a la juventud está destinado a fracasar y desaparecer en los próximos años. Nuestros líderes actuales deben reconocer que deben formar nuevas generaciones y, sobre todo, deben darles la oportunidad a estos jóvenes de tomar los espacios necesarios para el desarrollo del país.
Se acerca un proceso electoral, debemos estar conscientes del voto que vamos a realizar; éste debe ser responsable e informado; busquemos partidos incluyentes y democráticos, partidos en los cuales nos sintamos escuchados, y quisiera que fuéramos conscientes al momento de ejercer nuestro voto, que no es únicamente un derecho, sino también una obligación.
No seamos ciegos ni regalemos cheques en blanco al partido que va a gobernar; creemos democracia, de modo que sea la voluntad de todos la que gobierne nuestro país. Estoy convencido de que en nosotros existe la capacidad y el poder de cambiar Guatemala; perdamos el miedo y creamos en nosotros mismos.