Por Lucy Calderón
“Lo que se aprende en la escuela complementa lo que ha sido captado por el niño en la familia”, opina la economista Ana Ordóñez de Molina, integrante del Proyecto Diálogo para la Inversión Social, de la Agencia para el Desarrollo Internacional de EE.UU, (Usaid) y la Academia para el Desarrollo Educativo (AED).
La propuesta del proyecto es sintetizada por Ordóñez de esta manera: ”Si tu candidato no apoya la educación, cambia de candidato”.
¿Qué significa inversión educativa?
El tema educación (y digo tema, no problema) debe ser tratado desde una perspectiva integral. No debe creerse que es una responsabilidad exclusiva del Ministerio de Educación y que, con buscar un incremento en su presupuesto, el tema se va a resolver. Éste demanda invertir en la gente, que es la mayor riqueza de un país. Si uno compara y toma en cuenta los niveles de inflación y las demandas crecientes, el presupuesto no ha crecido en esas proporciones y seguimos siendo uno de los países latinoamericanos con la inversión más baja en educación.

¿En qué otros aspectos habría qué invertir?
Cubrir, por ejemplo, el tema de pobreza, ya que va muy vinculado al costo de oportunidad. Si la familia vive en situación de pobreza o pobreza extrema, en la mayoría de los casos, si mucho el pequeño aprende a leer y a escribir, luego lo retiran de la escuela y se vuelve niño trabajador. Pero el niño debiera estar incorporado al sistema escolar, concluir la primaria, pasar al diversificado y optar por un perfeccionamiento técnico para el trabajo, aunque la educación no está sólo vinculada a buscar mano de obra calificada. Estamos buscando una mejor sociedad y ésta la constituyen mejores personas. Por eso hay que romper el círculo vicioso de “si el niño no estudia es porque es pobre” y “como no estudió, entonces es pobre”.
El planteamiento que se hace de cara a este año de elecciones es, básicamente, que la educación no es un tema de Gobierno o de partidos, sino de nación. Está asociado a un cambio generacional que va del 2008 al 2021, los años que realmente estárá un niño que entre ahora a la primaria hasta el básico. ¿Cómo mantenerlo allí? Hay que hacerlo a través de una transferencia condicionada en efectivo, una especie de beca.
Ese modelo de beca, ¿en qué países ha dado resultado?
En Brasil, México, República Dominicana y, lo más cercano, Red Solidaria en El Salvador. En nuestro caso, según el estudio Más y mejor educación en Guatemala (2008-2021). ¿Cuánto nos cuesta?, (del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales, patrocinado por el Proyecto Diálogo para la Inversión Social/Usaid/AED), se pretende poner sobre la mesa una serie de propuestas para el debate: que en Guatemala sí es posible alcanzar las metas para el 2021.
Pero, ¿existe una verdadera política pública en educación?
El Ministerio de Educación ha establecido una serie de políticas que han sido dialogadas. Quizá falta avanzar mucho más en el tema de reforma educativa y retomar que la educación tiene que abarcar, en esta perspectiva integral, otros temas además de la pobreza. Uno muy vinculado es la desnutrición. De ahí que la propuesta incluye un programa de nutrición, no sólo de refacción escolar, que se ha constituido en un paliativo. De acuerdo con varios estudios, si el niño no ha desayunado no está en condiciones de escuchar al maestro.
Economista
Ana de Molina, ex ministra de Finanzas Públicas, tiene 25 años de experiencia en política monetaria, planificación, evaluación y elaboración de proyectos, así como en financiamiento internacional y cooperación técnica.
El estudio
Más y mejor educación en Guatemala (2008-2021). ¿Cuánto nos cuesta?, ha sido presentado a varios partidos políticos y otras instituciones. A finales de julio se efectuará un foro presidencial sobre el tema. Los candidatos tendrán que responder a tres preguntas relacionadas, que se les habrán entregado con anticipación. “Se trata de que no improvisen. Es para darle un contenido fundamentado a una respuesta muy seria”, expuso de Molina.
Otro elemento es el analfabetismo, porque si la madre o el padre no sabe leer ni escribir y nunca ha asistido a la escuela, no puede valorar la importancia de que el niño lo haga.
¿Por qué, en sus discursos, los candidatos presidenciales le dan más importancia a la seguridad que a la educación?
Porque la educación es intangible aparentemente; sin embargo, el costo de no invertir en ella es muy alto.
¿Cuál es la estrategia para que las propuestas pasen a la acción y no se queden sólo en papel?
No es sólo hablar de la responsabilidad del Gobierno o de los candidatos presidenciales sino de los partidos políticos. Es necesario fortalecer la estructura partidaria, darle contenido a esa agenda en el Congreso y también a nivel municipal.
La gente debería votar por lo que propone un candidato, no sólo por su figura...
De hecho, la campaña de sensibilización “Si tu candidato no apoya la educación, cambia de candidato” está orientada a que tomemos mayor conciencia de votar por el contenido de una agenda que pueda tener continuidad.
Si falla a su promesa, ¿cómo demandar su cumplimiento?
Estamos focalizando acciones en esa materia, en los sitios con los mayores niveles de inequidad y con el índice de estado municipal más deficiente. Recordemos que el proceso democrático se construye poco a poco. El guatemalteco ya no se conforma con la cancioncita: quiere respuestas concretas. Si los partidos políticos quieren consolidarse, tendrán que responder a los compromisos que al inicio de su campaña han adquirido.