Por Martín Rodríguez Pellecer
Dios está, sin haberlo pedido, en medio de la campaña electoral, pues su nombre resuena en más de uno de los estribillos de campaña:
“Dios bendiga a Guatemala”, “El candidato es un hombre de fe”, “Dios, unión y libertad” o “Es tiempo de soluciones”, con la misma tipografía y colores que “Jesús es señor de Guatemala”, no son casuales coincidencias. Para los observadores del proceso, esa invocación es una estrategia proselitista que apela a lo emocional, cuando los candidatos deberían enfocarse en explicar cómo, concretamente, van a cambiar el país.

Alejandro Giammattei, de la Gran Alianza Nacional, cuyo nuevo lema de campaña es “Que Dios bendiga a Guatemala”, asegura que es una frase suya “desde siempre”, y la defiende. “No creo hacer daño a nadie”, dice.
Otro político que utiliza la misma frase, apelando a bendiciones divinas al terminar cada discurso es el presidente estadounidense George Bush, identificado con el neoconservadurismo religioso.
Sin embargo, Raúl De la Horra, psicólogo y columnista, considera que se menciona mucho a Dios como un ritual supersticioso que inconscientemente pretende evitar llevar la campaña a un plano racional y conceptual.
“La utilización de Dios en la política siempre ha sido una excelente estratagema para evitar pensar y razonar. Porque ambas cosas son antitéticas: si crees, no piensas. Y si piensas, no crees. El meter a Dios en la campaña es la mejor manera de evacuar toda confrontación con la realidad, pues resulta siempre mucho más cómodo dejarle a él la responsabilidad de lo que nos está pasando”, recuerda De la Horra.
Para Álvaro Pop, jefe de la Misión de Observación Indígena, es inevitable, porque en el Estado se juega bajo influencia de las religiones. “Deberían explicarnos qué significa en política pública. ¿Para qué sirve esa invocación en términos políticos?”, cuestiona.
La imagen de Harold Caballeros, ex pastor evangélico de la iglesia El Shaddai y precandidato presidencial de Visión con Valores, representa esa unión entre la religión y la política. Él la niega categóricamente: “El Estado es laico”, y defiende la separación de Estado e Iglesia como uno de los grandes logros de la historia occidental.
Pese a ello, Caballeros no desperdició la oportunidad para vincular su candidatura a una campaña que lo hizo famoso: “Jesús es Señor de Guatemala”. En sus vallas, usa la misma tipografía y los mismos colores para su eslogan político: “Es tiempo de soluciones”. ¿Casualidad o intencionalidad?
De hecho, durante el último foro entre candidatos, Caballeros volvió a mencionarlo. “Deberíamos retomar el ideal de una de nuestras constituciones del siglo XIX, Dios, unión y libertad”.
demás, en un desayuno con Prensa Libre, reconoció que para lograr las afiliaciones, recibieron ayuda de iglesias protestantes y empresas de simpatizantes, como maquilas, aunque el precandidato presidencial afirma que exige que en las reuniones para promocionar su programa de gobierno no haya más del 50 por ciento de evangélicos.
Giammattei y Caballeros se acercan más a ser la regla que la excepción. El Frente Republicano Guatemalteco (FRG) es otro estandarte de la explosiva combinación de religión y política. Su dirigente, Efraín Ríos Montt, ex gobernante de facto, fue fundador de la iglesia El Verbo. El partido explica así su ideología, según sus estatutos: “El FRG no se identifica con filosofía, doctrina o disciplina alguna, simplemente proclama su fe en la Palabra de Dios”. Señala como máximo líder a Jesucristo y como texto de referencia ideológica a la Biblia. “Nuestra ideología es amar al prójimo y cumplir con la palabra de Dios”, resumió Ríos Montt en un mitin el sábado 9 de junio. El logotipo del FRG, de tres dedos de la mano alzados, tiene como base un símbolo bíblico.
Otros candidatos son menos evidentes al respecto, pero no lo obvian totalmente. Álvaro Colom, de la Unidad Nacional de la Esperanza, es descrito en su último anuncio televisivo como “un hombre de fe”, mientras aparece haciendo una genuflexión. Y en un mitin del Partido Patriota, en Nebaj, Quiché, la introducción fue de un candidato local para presentar a Otto Pérez Molina y, de paso, pedir a los dos mil asistentes que inclinaran sus cabezas para orar.
¿Para qué?
Para Gustavo Berganza, de Mirador Electoral, es natural esa inclusión de Dios en la política, porque la ciudadanía, en su mayoría, tiene participación activa en iglesias.
“Para la campaña, es productivo, porque buscan el lado emocional, de crear empatía. Pero es una limitación, porque se pierde la oportunidad de llevar la campaña a un nivel superior de discusión”, opina.
Gana
“La frase Dios bendiga a Guatemala es una frase mía, de siempre. No creo que le haga daño a nadie con ella”, explica Alejandro Giammattei, candidato presidencial de la Gran Alianza Nacional (Gana).
FRG
El FRG no se identifica con filosofía, doctrina o disciplina alguna, simplemente proclama su fe en la Palabra de Dios. Proclama como máximo líder a Jesucristo y como texto de referencia ideológica a la Biblia.
Viva
“El Estado es laico”, sentencia Harold Caballeros, ex pastor y presidenciable, quien destaca la separación del Estado y la Iglesia como uno de los logros de Occidente.
UNE
Como “un hombre de fe” es descrito Álvaro Colom, presidenciable de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) en su último anuncio publicitario por televisión.
Reglamento:
No será permitida propaganda que, valiéndose de creencias religiosas o invocando motivos de religión, influya en los ciudadanos a que se adhieran o separen de partidos o candidaturas. Artículo 67 de Reglamento de Ley Electoral.
Para Berganza, lo ideal es que Dios se quede afuera, porque hay políticas de Estado que contradicen enseñanzas religiosas, como los derechos de salud reproductiva. “Los más afectados somos los no religiosos, porque nos tratan de imponer unos valores morales”.
Pop parece resignarse. “Debería ser como la población quiere, pero debería ser franco. El problema es cuando en la religión se apropian de verdades y se evita el ecumenismo. Los candidatos hablan de Dios como del tema indígena, como un punto que tiene que estar presente en la campaña, pero no lo asumen como propio”, explica.
La percepción de Pop y Berganza no está lejos de ser cierta. En un mitin de la Gana en Santa Cruz del Quiché, uno de los asistentes, Gumercindo Recinos, respondió que lo que más le gustó de Giammattei fue “su carácter y cómo menciona a Dios”.
De la Horra abona en la discusión. “Es una excelente estrategia y un alivio para las masas ignorantes, porque así tampoco tienen que pensar demasiado o exigir, puesto que todo lo que está sucediendo, finalmente, termina en el plano sobrenatural o por la voluntad de Dios: Que sea lo que Dios quiera, es la forma más astuta de lavarse de toda responsabilidad por nuestros actos”.
Tradición de mezclar ambos
La línea que divide los mundos de la religión y la política no ha sido tan clara en Guatemala. Las experiencias de los ex presidentes y ministros evangélicos Efraín Ríos Montt y Jorge Serrano Elías traen a la mente de las generaciones anteriores los sermones dominicales en cadena nacional para hablar de los “valores morales”.
Edwin Sperisen, ex director de la Policía Nacional Civil, convocaba a los agentes a participar en servicios de oración. El mismo presidente Óscar Berger ha cedido terrenos estatales para obras de beneficencia de la Iglesia Católica, recuerda Berganza.
Y en medio de la campaña electoral, la mayoría de candidatos vicepresidenciales asistieron a la inauguración del megatemplo de la iglesia Fraternidad Cristiana; los presidentes de los tres organismos del Estado estaban en primera fila: Berger; Eliú Higueros, presidente de la Corte Suprema de Justicia, y Rubén Darío Morales, presidente del Congreso. El alcalde capitalino, Álvaro Arzú, también participó de la ceremonia.
El pastor de la Fraternidad Cristiana, Jorge Humberto López, exhortó al final del servicio a todos los políticos: “Le pediría a todos los candidatos que incluyan a Dios en su campaña. No se puede hacer buen gobierno sin moral y sin fe. Tienen que temer a Dios”.
Monseñor Gonzalo de Villa, obispo auxiliar de Guatemala, tiene dos interpretaciones sobre la invocación a Dios en la campaña electoral.
“Aunque se diga que hay una separación entre el Estado y la Iglesia, puede ser que el candidato lo haga de manera honesta porque es un hombre religioso y tiene convicciones. En ese sentido no me parece mal”, explica el prelado.
“Pero es posible que haya candidatos que lo usan desde la manipulación o la búsqueda de votos, y en ese caso es cinismo y viola el segundo mandamiento, No tomarás el nombre de Dios en vano. No creo que por invocar a Dios se pierda tiempo para discutir los temas de campaña, pero no creo que tenga que ser una obligación de todos los candidatos”, expuso De Villa.
La Conferencia Episcopal de Guatemala también hizo otra petición a los candidatos, en una conferencia el 9 de mayo, sin relación con el tema de Dios y la política: dejar atrás las falsas promesas y discursos vacíos, y preocuparse por tratar temas profundos de desarrollo rural, cómo darán cumplimiento a los acuerdos de paz y cómo enfrentarán la impunidad y la inseguridad.
La tendencia de unir a Dios con la política no es exclusiva en Guatemala. En Turquía, las mujeres lideraron, a principios del 2007, masivas protestas contra la intención del partido de gobierno, musulmán, de atentar contra el Estado laico. En EE. UU., al presidente Bush se le criticó por reclutar a personal de iglesias protestantes para trabajar en la Casa Blanca.
En las leyes nacionales
Aunque la Constitución de Guatemala inicia con una invocación a Dios, en el marco legal no se menciona más ninguna otra relación de la religión con la política. La única prohibición relacionada es la de ser candidato presidencial siendo ministro de culto, pero una renuncia formal puede solucionar el tema. Tres ejemplos son Ríos Montt, Jorge Serrano y Caballeros. Asimismo, el ex sacerdote Andrés Girón estuvo a punto de ser el candidato presidencial del partido Día.
En el reglamento de la Ley Electoral y de Partidos Políticos también se menciona el tema en el artículo 67, sobre Medios prohibidos para hacer propaganda.
“No será permitido ninguno de los siguientes medios de propaganda política o electoral: toda forma de propaganda, valiéndose de creencias religiosas o invocando motivos de religión, que influya en los ciudadanos a que se adhieran o separen de partidos o candidaturas determinadas”, reza el inciso e.
La campaña de Giammattei y “Dios bendiga a Guatemala” no puede ser objeto de esa prohibición, pues en opinión de Hugo Rivera, inspector general del Tribunal Supremo Electoral (TSE), no llama a los ciudadanos a afiliarse a religión alguna, sino simplemente expresa una valoración personal.