Decisión 2007 No. 6 - Guatemala, martes 12 de junio de 2007
Tribuna
Análisis

Elegir diputados con voto consciente
“La decisión no debe tomarse a la ligera; hay que analizar antes de elegir”.

Por Ana Lucía Blas y Claudia Méndez V.

Si por los guatemaltecos fuera, elegir diputados sería asunto del pasado. A la mayoría de electores poco o nada les interesa quién alcance una curul en el Congreso: prefieren centrar su atención en las figuras de los candidatos a la Presidencia o a la alcaldía, para decidir a quién beneficiarán con su voto.

En la Encuesta 3, efectuada por Vox Latina para Prensa Libre, publicada el 25 de mayo , quedó evidenciada la apatía y falta de interés del 97.5 por ciento de los votantes por la elección de diputados: un 56.8 por ciento consideró importante elegir presidente; un 35.1 por ciento, alcalde, y apenas el 2.5 por ciento, congresistas.

Según expertos, la mayoría de votantes no se detiene a pensar repercusiones que tendrá su voto para el congreso: el fenómeno de la aplanadora, que impide el buen funcionamiento del Congreso o la inmunidad a personajes con pasado oscuro, entre otros efectos negativos.



Sólo al 2.5 por ciento de ciudadanos
le importa votar por congresistas.
Expertos creen que la mala imagen
que proyecta el Congreso en la actualidad
podría ser uno de los factores,
otros creen que el régimen presidencialista
que predomina hace que se de un lugar
secundario al Legislativo.

¿Por qué elegir diputados provoca apatía, cuando por definición son los representantes de los electores ante el Gobierno? Quizá el poco conocimiento de los candidatos, la falta de credibilidad en el Legislativo, el oportunismo político y el transfuguismo de los congresistas electos hacia otros partidos políticos, son algunas razones, según los analistas consultados.

Trabajo deficiente

Actuales legisladores consideran que la falta de interés de los ciudadanos por esa elección se debe a la mala imagen que proyectan los mismos diputados, ya que “pocos realizan un buen trabajo en el Congreso”, aseguran. Arístides Crespo, jefe de la bancada del Frente Republicano Guatemalteco (FRG), cree que el fenómeno es normal en sistemas políticos como el del país. “No es de extrañar, porque vivimos en un régimen presidencialista y no parlamentario”, expresa.

“La población ni siquiera los conoce, no sabe cuáles son sus opciones, planes, logros. Tampoco se siente representada por ellos”, opina Érick Bolaños, director del Instituto Pro Democracia y Desarrollo. “Resulta necesario promover debates, foros y otras actividades, para que quienes aspiran a una curul puedan dar a conocer sus ideas y proyectos”, explica.

En ello coincide con Ligia Blanco, politóloga de la Asociación de Investigación y Estudio Sociales, Asíes: “Lo importante es que la decisión no debe tomarse a la ligera. Los ciudadanos deben elegir cuidadosamente a los diputados, ya que ellos serán sus representantes”.

Los congresistas, según Blanco, son quienes velarán por los intereses de la población y garantizan que el Ejecutivo oriente políticas para satisfacer sus necesidades. El Congreso tiene la función de impedir que el presidente abuse de su poder, agrega la experta.

Poder que controla el poder

La Constitución Política de la República define al Legislativo como uno de los tres poderes del Estado en los que los guatemaltecos delegan su soberanía; su función primordial es aprobar leyes.

Legislativo
Atribuciones

Constitución
De acuerdo con la Constitución Política, el Congreso tiene como funciones:
Decretar, reformar y derogar las leyes; aprobar el presupuesto del Estado; crear impuestos ordinarios y extraordinarios.
Debe dar posesión en su cargo al presidente y al vicepresidente; aceptar su renuncia; desconocer su poder si continúa en el cargo al finalizar su período; declarar su incapacidad mental, e interpelar a funcionarios.

Charles-Louis de Secondat, barón de Montesquieu, propuso en El espíritu de las leyes la necesidad de que las funciones del Estado se dividieran en distintos poderes (Legislativo, Ejecutivo y Judicial), con el propósito de que “el poder controle el poder, para así evitar la tiranía”.

En teoría, el Congreso “es el ente central de la democracia”, refiere Blanco. “Es el contrapeso del Ejecutivo, aunque esa función no debe entenderse como una oposición sistemática, sino como un balance”.

Los ciudadanos no son ajenos a esos conceptos. Entienden la importancia del Congreso, pero están cansados y desilusionados del trabajo deficiente que realizan los diputados.

“No conocen las comunidades, ni las necesidades que tienen. Llegan al Congreso sólo a ganar un sueldo para ellos y se olvidan de que están ahí porque votamos por ellos”, dice Margarita Socoy, vecina de la zona 5.

Otros residentes del área apoyan el comentario. “Pareciera que son de esos estudiantes haraganes que se ganaron una beca y en lugar de estudiar se la pasan paseando. No trabajan, no hacen nada, sólo show para ganar protagonismo”, indica Julio Palacios.

Para ellos, un buen legislador debería ser una persona honrada, trabajadora, emprendedora, capaz de pensar en los demás y dispuesta a escuchar las necesidades de los más pobres.

De antemano, observa que muchos de los aspirantes no cumplen con estos requisitos y que algunos han sido señalados de cometer actos reñidos con la ley, como Efraín Ríos Montt, acusado de genocidio; Napoleón Rojas, sindicado de participar en el desfalco al Crédito Hipotecario Nacional (CHN), y Rudy Pozuelos, investigado por la muerte de monseñor Juan Gerardi.

Los tres aparecen como candidatos al Congreso por el Frente Republicano Guatemalteco y el Partido Unionista. Por si fuera poco, algunos rostros del pasado, como Obdulio Chinchilla Vega, que formó parte de los diputados “depurados” en 1994, aparece ahora como aspirante a representante distrital por Chiquimula. Ello por no mencionar a las personas inexpertas, sin la debida capacitación, que aspiran a llegar al Palacio Legislativo. Es por ello que en las manos del elector está, virtualmente, lograr que el Congreso tenga cada vez mejores integrantes.