Por Carlos Menocal
En el ecosistema político guatemalteco hay especies que sobreviven, al mando de los partidos, sin ceder espacio a otros en la búsqueda del poder. Estos dinosaurios impiden la renovación de cuadros, para continuar persiguiendo su obstinado objetivo: el control estatal.
El parque jurásico se ha ampliado, a decir de los analistas, porque no hay financiamiento estatal para los partidos políticos, lo que causa que éstos busquen recursos privados y, por si fuera poco, los jóvenes se sienten poco atraídos a la participación partidaria ante un proceso viejo, gastado, deteriorado y caudillista.
“La mayoría de los políticos comparten un sistema de la era Mesozoica (tiempo geológico en que vivieron los dinosaurios), porque en la actualidad, en otros países, los mismos buscan renovar sus cuadros, impulsar y formar jóvenes y crecer ideológicamente. Yo no veo ningún partido guatemalteco con esas características”, sostiene Juan Hernández, sociólogo y catedrático de análisis político de la Universidad de San Carlos.
Atrasados y atrapados

La Constitución Política de la República otorga el derecho a participar libremente en procesos de elegir y ser electo, y bajo esa normativa nadie puede ser excluido por su edad.
Hernández explica que si bien la Carta Magna otorga ese derecho, el sistema político lo coarta, prohíbe y censura en la práctica, pues en la actualidad sólo aquellos que tienen recursos, influencia política o económica y la amistad de los líderes son los que participan.
“Difícilmente un joven puede competir contra estos tiranosaurios carnívoros y fornidos que se muestran celosos ante cualquier intento de despojo o sustitución”, añade.
Miguel Ángel Albizures, líder sindical en época del conflicto armado y hoy activista de derechos humanos, explica que esos políticos han provocado que el país sea más conservador y atrasado en la transformación económica.
Para los consultados, el fin de la guerra no marcó el inicio de una nueva etapa para el sistema político. Más bien, admiten, se ha fortalecido el caudillismo y la propiedad privada sobre los partidos políticos.
Varios nombres pueden ser citados: Efraín Ríos Montt —mantiene la Secretaría General del Frente Republicano Guatemalteco y se ha lanzado como candidato a diputado—; Vinicio Cerezo —aún en la dirigencia de la Democracia Cristiana Guatemalteca y aspirante a diputado—; Obdulio Chinchilla Vega —busca una diputación, a pesar de haber sido depurado en 1994—; Álvaro Arzú —lideró el Partido de Avanzada Nacional, fundó el Partido Unionista y actualmente lo dirige—; Álvaro Colom —como secretario general de la Unidad Nacional de la Esperanza busca por tercera ocasión la Presidencia—.
Las diputaciones y las alcaldías tampoco se escapan. En el caso de los parlamentarios, Arístides Crespo, por ejemplo, lleva cuatro períodos legislativos con el Frente Republicano Guatemalteco, seguido de Pablo Duarte y Haroldo Quej, con tres. Al menos 20 diputados aún se mantienen en sus curules tras dos períodos legislativos.
Una de las causas de ello es porque la reelección sin límites ha hecho que las nuevas caras tengan dificultad para acceder a las municipalidades y al Congreso. De hecho, Efraín Ríos Montt persigue, con su candidatura, lograr nuevamente la Presidencia del Congreso, misma que mantuvo por cuatro años durante el gobierno de Alfonso Portillo, gestión en la cual hubo muy pocos avances en materia legislativa, pero por el contrario se dio la aprobación de leyes polémicas.
En el caso de las alcaldías del departamento de Guatemala, resulta emblemático el caso de Arnoldo Medrano, alcalde de Chinautla, quien busca su quinto período; Salvador Gándara, de Villa Nueva, y Antonio Coro, de Santa Catarina Pinula, por el tercero, y Amílcar Rivera, de Mixco, y presumiblemente Álvaro Arzú, que buscará su segundo mandato consecutivo.
También persiguen reelegirse los alcaldes de San Pedro Ayampuc, Amatitlán, Palencia, Chuarrancho, Fraijanes, Villa Canales y San Miguel Petapa.
Asimismo, pelearán por su reelección el de Cubulco, con tres períodos; el de Santa Cruz El Chol, cuatro períodos; el de Purulhá, tres; el de Rabinal, dos; el de Granados, tres, y el de San Jerónimo, uno.
En la mayoría de municipios en los que se buscan reelecciones, los alcaldes se han convertido durante su mandato en dueños de los principales negocios del lugar, tienen influencia sobre los medios locales y manejan el ayuntamiento como si fuera de su propiedad.
Una situación similar se da en el parlamento. Durante este año, el Congreso no aprobó la reforma al Código Penal que pretendía tipificar, al menos, nueve delitos electorales. Y la semana pasada, se negaron a asistir al pleno para aprobar la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig). Así las cosas, el Estado ha sido secuestrado por esa casta política, sin que se vislumbre una renovación partidaria. “Ha ostentado el poder a base de malas artes y del parasitismo impulsado por los líderes”, dice Hernández.
El escenario no pasa inadvertido. De hecho, genera frustración, pues en la reciente encuesta política que Vox Latina hizo para Prensa Libre, el 43 por ciento de los consultados aseguró estar indeciso. Incluso, cuando se les preguntaba sobre quién está capacitado para resolver los problemas del país, siete de cada 10 respondieron que ninguno.
Exclusión
Miguel Albizurez
“El sistema político es el autoritarismo y el atraso en su máxima expresión”.
Amílcar Borrayo
“Los jóvenes en los partidos están divididos entre los que trabajan y pegan propaganda y aquellos que son hijos de los políticos que sí tienen oportunidad de superarse en una agrupación”.
Álvaro Arzú
“El problema es que la gente joven no quiere participar en actividades sociales, políticas, y eso obliga a los mismos dinosaurios de siempre a que sigamos haciendo política en Guatemala”.
Alejandro Urízar
“Las agrupaciones políticas siempre buscan personajes que financien sus campañas electorales”.
Juventud ausente
Juan Hernández
“La mayoría de los políticos son dinosaurios, y comparten un sistema de la era mesozoica, porque en la actualidad, por supuesto que en otros países, los mismos partidos buscan renovar sus cuadros”.
Celos
“Difícilmente un joven puede competir contra estos tiranosaurios carnívoros y fornidos, que se muestran celosos ante cualquier intento de sustitución”.
Sin jóvenes ni mujeres
El analista político Gustavo Porras dice que el sistema político guatemalteco es viejo y excluyente. “Permite que el requisito indispensable para los candidatos a presidente, diputados y alcaldes es que tengan dinero. Eso por sí mismo es un sistema de exclusión muy fuerte”, sostiene.
El proceso es más excluyente para los jóvenes, según explica Alexander Mansilla, analista de la Red Juvenil Política (RJP), una organización que recién se fundó para analizar el proceso electoral.
El activista Albizures coincide con Mansilla, y concluye: “El sistema nos tiene atrapados”. Agrega: “Por eso es que figuras como Chinchilla Vega, Manolo Castillo, Alfonso Cabrera y Vinicio Cerezo, entre otros, siguen en la política”.
El 29 de septiembre del 2006, el alcalde capitalino Álvaro Arzú dijo: “El problema es que la gente joven ya no quiere participar en actividades sociales, políticas, y eso obliga a los mismos dinosaurios de siempre a que sigamos haciendo política en Guatemala, porque queremos pasar la estafeta y volteamos a ver para atrás y nadie viene, porque los jóvenes andan estudiando computación y otros tipos de materias”.
Tímidos intentos
José Carlos Marroquín, estratega de la Unidad Nacional de la Esperanza, dice que han hecho dos procesos de afiliación que les permitió que las asambleas tengan sus propias propuestas.
“De esa cuenta, hay candidatos jóvenes que van a participar en los listados. Álvaro (Colom) incluyó a representantes de la organización juvenil”, explica Marroquín.
Otras agrupaciones, como el Partido Patriota, la Gran Alianza Nacional, Encuentro por Guatemala y el Frente Republicano Guatemalteco, afirman que han fortalecido sus organizaciones juveniles. De esa cuenta, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo mantiene un programa de acercamiento entre jóvenes de distintas agrupaciones políticas, con el objetivo de intercambiar experiencias y criterios de participación.
Amílcar Borrayo es uno de los jóvenes que estuvo en una agrupación política y ahora pertenece a RJP. Explica que empezó a trabajar activamente en partidos políticos desde los 18 años. Ahora tiene 26, y pese a su esfuerzo y colaboración, no escaló ningún puesto interno.
Precisamente por esa falta de democratización en las agrupaciones políticas han surgido al menos cuatro organizaciones juveniles que buscan que ese sector de población tome una mejor decisión con su voto.
En reiteradas ocasiones, la coordinadora de la agrupación Pilas con tu Voto, Ana Escribá, ha explicado que lo más importante en estas elecciones es promover un voto razonado e informado, y que por eso invitan a los dirigentes juveniles a involucrarse, sin inclinación por ningún candidato.
No solamente los jóvenes son excluidos, sino cualquiera que no tenga sus bolsillos llenos de dinero. De ahí que en los estudios que Vox Latina ha hecho para Prensa Libre, siete de 10 entrevistados dice que no le interesa la política, pero peor aún es lo que señala Alejandro Urízar, de Acción Ciudadana: “El sistema político es incapaz de captar a los jóvenes o a los mejores profesionales”.
Añade: “Lo que refleja esta situación es falta de recambio en la cúpula política, que no permite renovación de ideas a largo plazo y genera un círculo vicioso, porque son los mismos quienes buscan la reelección una y otra vez”.
Para Urízar, el modelo actual atenta contra el principio de equidad dentro de una democracia y el proceso electoral. “Hay que agregar que figuras cuestionadas, como los ex portillistas —funcionarios, amigos y compañeros del ex mandatario Alfonso Portillo—, buscan la reelección. Éstos no encajaron en otra agrupación política, y formaron la propia, creando una nueva rosca política”, explica Urízar.
Poder compartido
La ansiedad de buscar el poder provoca que los partidos se relacionen con los sectores económicos, las mafias o con sus amigos personales, que pueden subsidiar su actividad a cambio de réditos o beneficios una vez instalados en el poder.
Óscar Ortiz, sociólogo e historiador de la Universidad de San Carlos de Guatemala, dice que no ha existido un solo presidente en los últimos 27 años que haya gobernado plenamente para el pueblo, y cuyo mandato estuviera apegado a lo establecido constitucionalmente.
En tal sentido, dice Ortiz, no importa que a estas alturas el régimen político ya no sea autoritario y que se experimente con un sistema democrático, pues no es la democracia la que va a resolver la problemática nacional: el nudo crucial reside en la cuestión del poder.
Por su parte, Albizures dice que Guatemala está compuesta por una sociedad que sigue levantándose a diario con los mismos discursos, la misma demagogia y las mismas caras. Es por ello que a la fecha ningún candidato a elección popular ha logrado cohesionar a la sociedad guatemalteca.
El escritor guatemalteco Augusto Monterroso bien reflejó en su famoso cuento la arcaica realidad de la clase política del país: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.