Decisión 2007 No. 11 - Guatemala, martes 17 de julio de 2007
Tribuna
La entrevista
Willibald Sonnleitner| Investigador
“A nivel nacional, el voto es un caos”
La falta de integración nacional evidencia una evolución dispar del voto presidencial, ante la falta de partidos consolidados, porque no hay proyectos políticos consistentes.

Por Gema Palencia

Cuando el equipo del Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos se dio a la tarea de hacer un atlas del voto en la región centroamericana, encontró que Guatemala era el país con mayor dificultad para sistematizar la evolución de los sufragios.

Willibald Sonnleitner, director del estudio, destaca que el modo del voto en el país se corresponde con la falta de integración nacional, aunque se confirma una gran estructuración a nivel local. Entre algunas creencias que desestima el estudio está la creencia en la poca participación de la población indígena, y resalta la inexistencia del voto indígena en el país.

En Guatemala es impresionante
la tendencia al voto fragmentado.
Es una buena noticia, porque
es un avance para el pluralismo.

¿Cómo se vota en Guatemala?

A nivel nacional, la evolución del voto es un caos, y es difícil de sistematizar, porque de una elección a otra los resultados cambian mucho. Hay muchos partidos que aparecen y desaparecen. Entre 1985 y 2003 han participado 59 agrupaciones y 12 coaliciones. Además, el país tiene uno de los abstencionismos más altos de la región. Pero a nivel local hay una alta continuidad.

¿A qué se debe este comportamiento?

Esto es una muestra de la escasa articulación a nivel nacional. Es un país muy diverso, y la integración, tras el conflicto armado, no cuajó de igual forma que en otros países como Nicaragua o El Salvador.

También tiene que ver con que el Estado es muy pequeño, uno de los más pequeños de América Latina. El porcentaje de consumo no llega al 7 por ciento, cuando en Costa Rica es del 18 ó 19 por ciento, y en México, del 30. Y cuando no hay Estado, es muy difícil integrar una nación. Y entre los partidos hay un cierto consenso para mantenerlo de ese tamaño.

Esto significa que no es un problema cultural, sino de transición política.

¿Cómo se estructura el voto a nivel local?

Hay un alto índice de continuidad desde 1985. Un tercio de las votaciones a alcalde terminaron en reelección, bien fuera del partido, del mismo candidato con partido distinto o de partido y candidato a la vez, y esto es un porcentaje muy elevado. Hay microrregiones con estructuras caudillistas articuladas y otras que no. Al inicio de la transición había reelecciones partidistas, pero ahora son más caudillistas.

Uno de los mitos que desmiente el estudio es la creencia de la baja participación de la población indígena.

Hay microrregiones con alta participación, y otras con alta abstención. No hay un patrón común, incluso en el 2003 hubo una participación ligeramente más elevada de los municipios indígenas. Lo que sí hay es un rezago en la inscripción en el Registro de Ciudadanos, sobre todo de las mujeres.

Datos

Trayectoria

Profesor, investigador del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio, de México, y coordinador del Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, en Guatemala.

Graduado

del Instituto de Estudios Políticos de París. Tiene un doctorado en Sociología por la Universidad de la Sorbona.

Ha dirigido

el trabajo “Explorando los territorios del voto. Hacia un Atlas electoral de Centroamérica”.

Tampoco está relacionada la participación con el índice de desarrollo humano.

No hay relación consistente en las primeras vueltas presidenciales, pero sí en las segundas, porque en este caso hay menos recursos y menos movilización de gente; no hay voto de acarreo. Esto también demuestra que a la población le importa más lo local, lo cercano.

¿El voto de la población indígena ha seguido algún tipo de comportamiento?

Hoy en día, en Guatemala la el indigenismo todavía no representa una identidad política estructurada. No hay un comportamiento homogéneo, sino de varias regiones. No hay una tendencia clara a que voten a la izquierda, aunque en la segunda vuelta de las elecciones del 2003 sí se dio un apoyo menor a la candidatura de Óscar Berger en los municipios con mayoría indígena.

¿Esto puede modificarse con la participación de Rigoberta Menchú?

Puede cambiar porque se puede politizar, y esta será una de las grandes novedades del proceso que habrá que analizar. Pero, personalmente, y viendo cómo está el proceso electoral, yo no creo que el 50 por ciento de la población vaya a votar por un proyecto indígena.

¿Por qué la tendencia de los partidos no es a una consolidación?

En la década de 1980 había partidos estructurados, no muy estructurados, pero sí más estructurados que hoy, y luego esa transición de la guerra a la paz que en El Salvador y Nicaragua se tradujo por la consolidación de dos polos. En Guatemala no pasó, porque la guerrilla no se articuló bien como partido, y el sistema se quedó sin un polo de izquierda. El FRG y el PAN han sido los dos partidos con más estructuración. Pero el FRG tiene una crisis de liderazgo, y en el caso del PAN, su división le debilitó. La crisis de los partidos no es cuestión cultural, tiene que ver con la falta de proyectos políticos a largo plazo.

¿En qué se ha avanzado en las últimas elecciones?

En el voto cruzado, hay más gente que cada vez vota de forma diferente a la Presidencia, diputados y alcaldías, y esto es una buena noticia, porque favorece el pluralismo.