El sombrero no costó más de Q250. Fue más arduo convencer al candidato de que su imagen de vaquero oriental sería un punto ganador en la contienda. Así, Mario Estrada llenó las vallas y anuncios con la imagen recomendada por el estratega, hasta que el candidato se convenció de que era mejor salir bien peinadito en TV, en vez de parecerse a su amigo Alfonso Portillo, quien también había contado con los servicios del mismo asesor.




