Decisión 2007 No. 12 - Guatemala, martes 24 de julio de 2007
Tribuna
Análisis

La ineludible violencia
El ataque a la delincuencia es un buen punto, pero no el único

Por Carlos Velásquez | Semiólogo

La mayoría de candidatos y estrategas de campaña fincan sus discursos en promesas (poco sustentadas) para el combate de la violencia. En todo el espectro político, desde la extrema derecha hasta la izquierda, los candidatos han tenido que pronunciarse en torno a ese problema. Inclusive, llama la atención que habiendo tan pocos foros en esta campaña, uno de ellos haya sido dedicado exclusivamente a ese tema.

La derecha: radicales, pero miopes

Dentro de los partidos llamados como de derecha, ese suele ser el tema central, sobre todo dentro de la derecha más extrema, que concibe al Estado exclusivamente como garantizador de seguridad. Así, dentro de esos partidos surgieron, se reciclaron o se tomaron prestados eslóganes como Mano dura y Seguridad total, dos frases con un mismo contenido. Esos partidos asumen que la población concibe a ese flagelo como el problema más importante para el país. Y es cierto: de acuerdo con la tercera encuesta publicada por Prensa Libre, el 58 por ciento de los encuestados cree que la violencia, la delincuencia y el crimen organizado son los principales problemas del país.

Aquí valdría la pena analizar qué tanto esa opinión obedece justamente a lo que las mismas campañas inducen. Recordemos que siempre para las épocas electorales la violencia experimenta un repunte, y recordemos también que el enfrentamiento más serio entre candidatos en la actual contienda se ha debido justamente a la acusación de que el Partido Patriota estaba detrás de las inusuales muertes de los pilotos.

Pero el 58 por ciento de los encuestados que conciben la violencia como el principal problema del país no necesariamente está de acuerdo con que la violencia se resuelve con más violencia. Tampoco necesariamente ese segmento de la población asume que la violencia surge por generación espontánea. Es decir, hay consenso en cuanto al problema. En lo que no se está del todo de acuerdo es en la solución o el tratamiento que se le debe dar. Por ello, las promesas de ataque a la delincuencia son un buen punto a favor de cualquier candidato, pero no debe ser el único. Esto lo sabe bien ese 40 por ciento de indecisos, quienes esperan respuestas a esos otros macroproblemas que la violencia suele ocultar, pero que están ahí, en el interior de cada casa y de cada población.

Por supuesto, un gran porcentaje de la población vive atemorizada por los escandalosos índices de violencia que vivimos. Y es muy probable que magnifiquen ese problema y se olviden de otros más. Los políticos lo saben, y manipulan los sentimientos de la población. Fundamentan su discurso en promesas poco concretas. En cambio, evaden tratar temas más de fondo y comprometerse con un programa de gobierno que enfrente los problemas que originan esa violencia. Poco se escucha acerca de planes realistas para mejorar la educación, mejorar el nivel de vida de los guatemaltecos, garantizar empleo digno, etc. Al menos es lo que percibe la población en las campañas publicitarias transmitidas por los medios de comunicación.

Por ello, la población, aunque ve con buenos ojos a candidatos de derecha que abanderan su combate de la delincuencia como punto medular de sus ofrecimientos, no termina de decidirse por ellos, ante la falta de ofrecimientos en otros sentidos. Si leemos desde esta perspectiva las encuestas, vemos que más o menos 20 por ciento de las intenciones de voto van por esta ruta.

El centro: potenciales, pero tibios

Por el lado del centro, que también acapara cerca del 20 por ciento de las intenciones de voto, los ofrecimientos son más ambiguos. Ni se ofrece un ataque frontal a la delincuencia, de corte militar; ni se aventuran propuestas realistas para el combate de los problemas socioeconómicos. Pero estos últimos se toman más en cuenta. Aunque sea de manera tibia, se escucha a Álvaro Colom hacer ofrecimientos en ese sentido.

Sin embargo, resultan igualmente poco atractivos sus discursos. En ellos se apela más a valores universales, pero que de tanto repetirse han sido vaciados: la esperanza en sí misma no es promesa si no se le llena de contenido, de camino a seguir, de propuestas concretas. De ahí que tampoco convenzan y despierten pasiones los discursos centristas.

De acuerdo con otra de las encuestas publicadas en este diario, la población guatemalteca se siente más cómoda con la ideología centrista. Es natural este fenómeno en un país que vivió 36 años de guerra. La población prefiere una indefinición —como lo es el centro— a un extremo confrontativo. Empero, los candidatos centristas no han sabido cautivar tampoco a la población, justamente por la naturaleza “tibia” del centro.

La izquierda: ambiguos y distantes

Por su naturaleza, la izquierda ideológica asume la violencia como una mera manifestación y resultado de la mala distribución de la riqueza y del estado de marginación en que se encuentra la mayoría de la población. De ahí que, tradicionalmente, la izquierda no coloca a la violencia como parte medular de su discurso. Por ello, la población, atemorizada y en psicosis por tanta violencia, desconfía de las propuestas de estos candidatos.

Ahora bien, la izquierda debería tener entre sus propuestas socioeconómicas para la problemática una fuente permanente de penetración en la sociedad. Sin embargo, no lo ha logrado. Si ubicamos a la URNG y a la ANN dentro de ese grupo, nos damos cuenta de que, siempre de acuerdo con las encuestas, no suman ni el 1 por ciento de las intenciones de voto. Y es que, por ejemplo, en el caso de URNG, el discurso, aunque pueda ser coherente, no llega a la población; no es accesible a ella. La población actual, joven en su mayoría, ya no vivió el conflicto armado ni la guerra fría; ya no comprende el discurso de ese partido. La ANN, por su parte, pareciera temerosa de ser percibida como extremista de la izquierda, y casi no se pronuncia; su discurso resulta por momentos ambiguo. De ahí que, si nos atenemos a sus discursos, la ANN podría perfectamente ser ubicada dentro del centrismo ideológico.

En conclusión, el tema de la violencia resulta ineludible en esta campaña. Pero, cada vez más empiezan a ser ineludibles los planteamientos concretos y factibles para combatir los temas más de fondo: pobreza, marginación social y económica, educación, salud, vivienda…