Decisión 2007 No. 15 - Guatemala, martes 14 de agosto de 2007
Tribuna
Opinión
La economía y la política
Herberth Hernández
Prensa Libre

A diferencia de anteriores procesos electorales, el gasto público y la inflación, dos de los principales índices macroeconómicos, parecen estar permeados de lo que acontece en el ámbito político nacional actual.

En parte, por la decisión del Gobierno de mantener apretado el cinturón para no gastar más de la cuenta en un año electoral, con el fin de ganar más votos en el último año de administración.
Esta ha sido una fórmula que ha probado su ineficacia porque, hasta el momento, ningún partido político ha repetido en el Gobierno.

Sin embargo, su aplicación en el pasado afectó la imagen del país ante inversionistas locales y extranjeros, por el desorden en la administración de los fondos públicos, así como un escaso crecimiento económico y el disparo en el costo de vida (inflación) por el excedente de dinero circulante (liquidez).

Aunque ahora parece que las cosas han cambiado, persiste un cierto nerviosismo respecto de los resultados electorales y el futuro económico del país a partir del nuevo gobierno.

Lo que es cierto es que el presidente que asuma funciones el 14 de enero del 2008 encontrará sobre la mesa indicadores macroeconómicos relativamente estables y equilibrados, pero deberá encontrar una pieza, lo suficientemente sólida, que le sirva de cuña para la “pata coja” del sistema: los ingresos tributarios.

Y es que los candados que impone la actual Carta Magna impiden una persecución eficaz de los evasores y de quienes eluden el pago de tributos. La Constitución parece haber sido hecha a la medida para quienes no quieren pagar impuestos.

Algunos candidatos proponen una segunda generación, versión o etapa de la Ley Antievasión, que ha procurado unos Q700 millones adicionales a las arcas del Estado en el último año.

Pero al final del día, son medidas superficiales que no resuelven el problema de fondo: un sistema tributario regresivo, donde los ciudadanos con menor capacidad de pago (como los empleados en relación de dependencia) pagan más. Se debe promover la proporcionalidad de los gravámenes respecto de los ingresos o ganancias.

Así pues, el nuevo gobierno deberá subir la carga tributaria, del 10 por ciento actual respecto del PIB, a al menos 12 por ciento, mientras se estimula la inversión, se genera más empleo y se enfrentan los retos en salud, seguridad, educación y medio ambiente, en aras de disminuir la pobreza generalizada.

LA VIOLENCIA | no anda en vici

Emotivación de la política
Santiago Fernández
Internacionalista

Se ha preguntado alguna vez ¿por qué la propaganda política es cada vez más vacía, sin sentido y sin propuestas de fondo?, ¿por qué cada vez se hace más común el uso de imágenes impactantes, frases cortas sin sentido o cancioncillas pegajosas?, ¿se ha trivializado de manera radical la forma de hacer proselitismo?

En los últimos 10 años, hemos sido testigos de un empobrecimiento de ideas claras y ofertas con sustento, que han dado paso al discurso político que únicamente apela a lo emocional, olvidando por completo el abordaje serio y racional de los problemas que nos aquejan.

El cientista social italiano Giovanni Sartori, en su libro Homo videns: La sociedad teledirigida, nos da una pista de lo que puede estar sucediendo: las sociedades actuales están cada vez más sobreexpuestas a la estimulación visual, la cual es la vía sensorial más eficiente y rápida en conmover al ser humano.

El guatemalteco no ha sido la excepción, está siendo formado por las imágenes de televisión y la publicidad en las calles, y cada vez más aumenta el número de los que no leen, anulando la capacidad de pensamiento crítico, así como la facultad de demandar ideas claras y articuladas.

Se convierte, entonces, en una respuesta lógica que aquellos que dirigen el marketing político, echen mano de la emotivización de la política, que reducida a episodios emocionales no busca transmitir ningún mensaje o propuesta real, sino simplemente ser eficientes en llamar la atención de los votantes, encendiendo sus sentimientos.

Han entendido que la palabra escrita, al igual que la hablada, jamás puede alcanzar, en la mayoría de las personas, el grado de conmoción que logra una imagen, por lo que la solución es tomar ventaja exacerbando el sufrimiento y los temores de la población. Es un reto más que enfrentamos los guatemaltecos; ese ataque a la racionalidad que, a pesar de ser tan antiguo como la razón, se ha intensificado en los últimos años.

Debemos hacer mayor esfuerzo en cuestionar lo que nos ofrecen, y escudriñar las propuestas. Exigir estándares de discusión política más altos y maduros, de forma que cada cuatro años los políticos no insulten la inteligencia de los votantes conscientes que se preocupan por el futuro de la nación y el de sus hijos, y no sólo por una tonadilla agradable o por un regalito inservible.

No permitamos, entonces, que se pierda el delicado equilibrio entre pasión y racionalidad; ambas, propias del ser humano.

Jóvenes ¡hoy es cuando!
Juan Antonio Carrillo
Abogado y Notario


Joven, ¡hoy es cuando! Si ya cumpliste 18 años de edad, entonces tienes capacidad de ejercicio y estás habilitado para ejercer tu derecho político de votar.

La indiferencia no es la actitud correcta por seguir; es necesario que participes activamente y le des seguimiento al proceso electoral, que tendrá su desenlace el 9 de septiembre —si se decide en primera vuelta—; si no, habrá que esperar 48 ó 60 días más para la segunda convocatoria—.

Tomar la decisión de por quién votar en esta contienda electoral creo que no es problema tan sólo de la juventud, que por su inexperiencia, falta de conocimiento o desinterés pueda originar su indecisión. Aun la gente que sobrepasa los 30 años de edad, por ejemplo, se encuentra bombardeada por posturas, propuestas y ofertas de un plan de gobierno que realmente habría que sentarse a leer para comprender la visión de Estado y Gobierno allí planteada.

Con todo, es necesario tomar una decisión y no quedarse sin ejercer el sufragio que corresponde; uno, porque es un derecho, y dos, porque tenemos una responsabilidad cívica y política que, como ciudadanos de Guatemala, nos corresponde adoptar e involucrarnos en un tema de trascendencia nacional.

La sensación de subjetividad del ejercicio del voto para elegir a nuestras autoridades está en el ambiente, y es una realidad, porque un plan de gobierno vago en muchos de los casos no refleja la intención de quienes buscan ganar la simpatía de todo un pueblo, que ya está un tanto escéptico y no cree en nada ni en nadie.

Confiar nuestro futuro en el hombre o en nuestros gobernantes, hasta la Biblia indica que no bendice sino, antes bien, maldice.

La mayoría gana, está en la ley y estas son las reglas del juego, así que no tenemos más que en este mes que queda para analizar nuestra intención de voto y nos decidamos por un candidato que, bajo la lupa crítica de nuestros ideales, principios y valores, creamos que pueda cumplir su mandato con responsabilidad, honradez, inteligencia, sabiduría, integridad y temor de Dios, que no lo podemos obviar, porque Él está en todo.