Por Gustavo Adolfo Montenegro
En numerosas universidades de Estados Unidos, así como en algunas ciudades, ya funciona un sistema de votación diferente a la tradicional elección. Obviamente, no es el método perfecto, pero tiene aspectos interesantes.
Se llama instant runoff vote (IRV), que puede traducirse como “voto de eliminación instantánea”, el cual básicamente propone que el ciudadano apoye a su candidato favorito, pero que al mismo tiempo elija, en la misma ocasión, a su segunda y tercera preferencia, en caso de que el primero no obtenga la mayoría.
La organización Fair Vote (Voto justo) impulsa una reforma en el sistema político de EE. UU. y los países que deseen adoptar el IRV como modalidad de votación que reduzca gastos, favorezca el consenso y obligue a los políticos a moderar y madurar sus posturas.

¿Cómo funciona?
“Nuestro sistema electoral es débil, en algunos casos antidemocrático”, señala Rob Richie, director de Fair Vote, quien recientemente estuvo de visita en la Universidad Francisco Marroquín.
“Mucha gente ya no va a votar porque no cree que su voto valga, pues generalmente dos opciones mayoritarias concentran el apoyo, tanto en la elección presidencial como para diputados”, añade, y explica que en EE. UU. el sistema de colegios electorales no necesariamente declara ganador a quien más votos tenga, sino a quien gane en más estados, sin importar el número de población de cada estado. “Eso debe cambiar, para que la persona electa tenga un apoyo legítimo”, añade Richie.
Concretamente, la propuesta es que en lugar de varias papeletas, la elección se realice en una sola, que tenga un aspecto de formulario, en el cual figuren las opciones políticas existentes.
“En lugar de marcar una sola casilla, el ciudadano tiene mayor oportunidad de expresar sus preferencias. Debe dar el número uno a su candidato preferido; después, el número dos al que apoyaría si el primero no gana y lo mismo con una tercera opción”, explica Richie, quien afirma que en el conteo final de votos, si ninguno de los candidatos tiene mayoría, puede ir sumando votos según aquellos que lo marquen como segunda y tercera opción, con lo cual se evitaría la necesidad de segunda vuelta, aunque también podría significar que no necesariamente gane aquel que obtenga inicialmente el primer lugar. “Ganaría aquella opción que tenga una preferencia mayoritaria, como primera o segunda opción. Esto obligaría a los grandes partidos a buscar simpatías e incluso apoyos negociados entre los partidos minoritarios”.
¿En verdad resulta?
UN VOTO MÚLTIPLE
La votación de eliminación instantánea permite a los ciudadanos elegir anticipadamente por quién votarían, en caso de que su candidato prioritario no tenga mayoría en el conteo final.
MADUREZ
Este tipo de voto exige mayor madurez de la población, y también de los políticos, a quienes se hace imprescindible la negociación con partidos más pequeños y otros sectores, para obtener los segundos y terceros votos.
ma es empleado desde hace más de cien años en Australia, según Richie. Asimismo, es empleado en las islas Fiyi y en varias ciudades de Estados Unidos, en donde se usa para tomar decisiones que afecten a un gran número de población.
Al cuestionarle acerca de la barrera que podría representar el analfabetismo de la población en la implementación de ese sistema, Richie argumentó que un defecto de este sistema es el alto porcentaje de papeletas inválidas o nulas, el cual aumenta si la gente tiene una baja escolaridad; sin embargo, dice que ello no incide en el resultado final.
“Igual, quien gana se siente feliz y quien pierde se siente bravo y culpará al sistema, pero con ese sistema existe la ventaja de que en lugar de votar por sólo una persona, se vota por tres, pues usualmente los ciudadanos no se ‘casan’ sólo con un candidato.
Entonces, desde la perspectiva de los votantes, hay una mejor representación y para los políticos hay más oportunidades, pero también más obligación de negociar”, pues en lugar de invertir dinero en atacar al otro, ese sistema se basa en buscar apoyos.
El ciudadano manda
Richie reconoció que para cambiar de un sistema tradicional de votación al IRV hace falta un cambio en las leyes electorales, y en el caso de Guatemala, una reforma a la Constitución, aunque añadió que todo cambio es difícil, pero que si es para bien de la ciudadanía, vale la pena hacerlo, sobre todo tomando en cuenta que los dos pilares fundamentales de la democracia son la libertad de expresión y el derecho al voto libre.