Decisión 2007 No. 17 - Guatemala, martes 28 de agosto de 2007
Tribuna
Dimes y diretes
Plagio con “P” de puño

La idea del eslogan “mano dura, cabeza y corazón” no es de extrema derecha ni pagó por su uso. Resulta que el movimiento campesino está furioso porque Otto Pérez Molina —y su récord militar en la zona ixil en los peores años del conflicto— se apropió nada menos que del lema histórico del Comité de Unidad Campesina (CUC): “Cabeza clara, corazón solidario y puño combativo”.

EN FAMILIA
Amistades
Para pocos es secreto que la crema y nata de la oligarquía está detrás de los dos partidos de derecha que puntean en las elecciones. Pero resulta que no sólo ahí. Un asesor de la UNE quería reunirse con Rafael Espada para platicar, pero éste le respondió: “No puedo, porque estoy montando moto con... (uno de los de los pollos)”.

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El pez de la esperanza
Lenguas verdaderamente viperinas aseguran que el convencido simpatizante de la UNE Carlos el Pescadito Ruiz tuvo más de 200 mil razones para lanzar a los cuatro vientos su abierto apoyo para el binomio de la Unidad Nacional de la Esperanza y la descalificación de su más inmediato competidor. Al final, será sólo apoyo moral, pues él no puede votar, ya que nunca recogió su boleta de empadronamiento.
Ataques virtuales
¿Qué se puede esperar del gobierno de un partido cuyos seguidores, durante la campaña, inundan la Internet con insultos y mensajes denigrantes —por escrito, en fotografías o video— en contra de los adversarios políticos?

 

 

 

 

Andanzas
El caballito de batalla
La gente se alborota al oír el barullo que se aproxima, y salen de sus viviendas a ver al personaje, que cual vaquerode película atraviesa con paso majestuoso las calles del oriente del país. Lo paradójico es que el corcel es el centro de atención, pues la gente critica el rostro poco expresivo del jinete y el exagerado cuerpo de seguridad que protege a la bestia... y a su montador.

EL MUNDO
Si así fueron las fotos...
Cinco días de sesiones fotográficas, desde todos los ambientes y ángulos posibles, dejaron hastiada a Rigoberta Menchú. Lo peor fue que le dijeron que seguía la jornada de preguntas. Entonces, expresó al enviado del diario parisino Le Monde que mejor se volviera a cruzar el Atlántico, porque ya había sido suficiente tiempo como para que ahora otro periodista viniera a preguntarle indiscreciones de su vida y nada de política.