Decisión 2007 No. 17 - Guatemala, martes 28 de agosto de 2007
Tribuna
Opinión
Los costos del Populismo
Eduardo Antonio Smith
Prensa Libre

En el contexto de una campaña electoral rodeada de buenas intenciones, promesas y ofrecimientos, muy pocas veces la población y los propios candidatos hacen un análisis profundo de las consecuencias económicas de esas posturas.

Al escuchar esas propuestas, vale la pena analizarlas a la luz de una premisa básica: el Gobierno no produce o genera ingresos en sí mismo, es conceptualmente un administrador que le quita dinero a unas personas para repartirlo o distribuirlo entre otras.

Bajo este cuestionado método de redistribución del Estado, vale la pena que los guatemaltecos decidamos si queremos un Gobierno que con sus tentáculos se inmiscuya cada vez más en un sinnúmero de actividades, o queremos un Gobierno facilitador que propicie las condiciones y el entorno para que el individuo se realice en sí mismo y perfeccione las facultades que le permitirán alcanzar la prosperidad y, más importante aún, su felicidad.

Está demostrado que el denominado “socialismo del siglo XXI” no sólo está resultando costosísimo para las economías de varios países en el cono sur que lo han abrazado, sino que está atentando contra un principio básico fundamental del individuo: su libertad.

La libertad de expresión, libertad de comercio, la libre empresa y la propia libertad a ser como uno quiere sin dañar a otros, están en juego en los lugares donde el Gobierno se ha tiranizado y quiere controlar casi en pleno las actividades económicas, políticas y sociales de un país.
Lamentablemente, el continente americano se está dividiendo en uno del estatismo, el proteccionismo, la inflación y el estancamiento; y otro de la inversión privada, el libre comercio, el equilibrio monetario y el crecimiento.

Guatemala tiene que transitar por una de esas dos rutas, pues no existen los “modelos mixtos”, que ya algunos intentaron poner en práctica, y sólo han resultado en desilusión y desencanto de las poblaciones con la propia democracia.

Algunos políticos populistas enarbolarán la bandera de las soluciones rápidas para combatir la pobreza, pero éstas son sólo puertas a un acérrimo empobrecimiento futuro. Los políticos prudentes reconocerán que el camino a la prosperidad es estrecho, largo y lleno de retos, pero que con convicción puede alcanzarse más temprano que tarde.

Así pues, toda decisión política tiene una consecuencia económica con diversos impactos dentro de una población y el individuo.

FONDOS | de campaña

Necesidad de nuevas autoridades
Henry Castillo Villatoro
Jurista

“La necesidad es un sentimiento de falta, de insuficiencia, de angustia, que provoca en el sujeto el rompimiento de equilibrio entre las fuerzas internas de su organismo y el medioambiente que le rodea”.

Indudablemente, en nuestro país existen muchas necesidades, y considerando que las necesidades promueven el progreso y el desarrollo, siempre y cuando seamos proactivos y tengamos la oportunidad de contar con el espacio y los medios para realizarlo.

Los guatemaltecos no tenemos la necesidad de que nos regalen un pez, pues con ello satisfacemos la necesidad de un tiempo de comida; lo que necesitamos es la oportunidad de tener acceso al mar, una lancha y la vara de pescar; de tal manera que podamos satisfacer la necesidad de los tres tiempos de comida y vender producto para satisfacer otras necesidades.
Si analizamos por un momento el proceso político para elegir a nuestras nuevas autoridades, inmediatamente observamos que no existe un consenso en el que estén involucrados todos los sectores y se elabore un plan de progreso y desarrollo para el país, que marque el rumbo de nuestra nación, independientemente de quién sea el que el pueblo elija para gobernar; sin embargo, estamos tan divididos y confrontados que existen tantos partidos y candidatos, unos con una ideología definida y otros con un total desconocimiento.

Aunado a este problema, vemos la existencia de varios partidos políticos, y algunos con tal de alcanzar el poder, crean un clima que daña la salud mental de la población, pues ante la incapacidad de no tener propuestas concretas, claras, medibles y alcanzables, empiezan a desprestigiar con campañas negras. Señores, seamos respetuosos; ustedes están siendo vistos por el mundo, que está atento a lo que sucede en nuestra querida Guatemala. ¿Qué pensarán de nosotros?

Realmente, los guatemaltecos tenemos la esperanza de que ustedes adquieran el compromiso de que a la hora de gobernar, sean solidarios con nuestros hermanos que por años viven en completo abandono, necesitados de tener la oportunidad de poder trabajar, de tener acceso a la educación y salud, para ser más productivos. El sector empresarial necesita reglas claras, no crear más impuestos o incrementar las tasas de recaudación; ejecución del presupuesto eficiente, transparente y de impulsar un mercado abierto.

El poder, a la gente
ESTUARDO MENDOZA
Ecologista

Es necesario cambiar el comportamiento humano —también en las elecciones—. La ilógica idea desarrollista materializada en la irresponsable industrialización humana del planeta —cambio perene en la relación humano -naturaleza— ha causado una enorme consecuencia conocida por todos como “cambio climático”. Hoy, las evidencias científicas nos enseñan que si queremos vivir en equilibrio con el ambiente, debemos de cambiar nuestra forma de relacionarnos con el mundo.

Datos apocalípticos, pero reales, proyectan que seremos siete mil millones de personas hacia el 2010, y según un informe de la FAO, cada año desaparecen 13 millones de hectáreas de bosques: la magnitud de nuestras acciones es incalculable. Por ello, es imperante que se coloque al ambiente como la prioridad número uno para las elecciones.

Los ecologistas entendemos que todo está relacionado con todo por todas partes (Leonardo Boff); entonces, así como el aleteo de una mariposa puede alterar el universo, nuestro voto puede tener un peso incalculable para la historia y para garantizar la vida de nuestros hijos. El poder de la gente, ¡nuestro poder!, está en el voto.

Informémonos y revisemos cuál es la opción política partidista que tenga como estrategia defender y proteger el patrimonio de todos: la naturaleza. Sólo delegando inteligentemente nuestra cuota de poder a través del sufragio podemos cambiar la absurda conducción de Guatemala. Así como en la antigua Grecia las asambleas ciudadanas fueron un ejemplo de democracia directa, demostremos nuevamente ese civismo consciente y patriótico eligiendo con tino. Como Al Gore dejó claro en la película Una verdad incómoda, es necesario empezar a pensar y encontrar soluciones colectivamente.

Un esfuerzo de ese tipo ha sido la construcción de la agenda ecologista, la cual recoge las demandas desde las comunidades para los candidatos. Además de visibilizar la realidad del campo, este instrumento se queda instalado como una herramienta poderosa que nos permitirá fiscalizar, monitorear y auditar las políticas de los funcionarios.