Decisión 2007 No. 19 - Guatemala, martes 18 de septiembre de 2007
Tribuna
Tema Central

Donde acaban los partidos
El desgaste tras haber gobernado o un insuficiente caudal de votos son las principales causas de muerte de los partidos políticos.

Por: Gustavo Adolfo Montenegro

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Es inevitable: en cada proceso electoral se van a la fosa aquellos partidos que no reúnen, como mínimo, el 5 por ciento del total de votos.

Existe un “salvavidas” legal, que es haber podido colocar algún diputado en el Congreso, aun sin el porcentaje mínimo, pero la historia muestra que el destino es incierto para las organizaciones políticas que han hecho gobierno, que no cuentan con recursos económicos o cuyo mensaje no tiene eco en la población.

En todo caso, la desaparición de una organización política puede ser, en realidad, una manera de ocultar otros intereses que sí permanecen.

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Así lo cree Oswaldo Salazar, filósofo y analista político, quien afirma: “La vida efímera de los partidos políticos no es más que el proceso de perpetua mutación de posturas ideológicas más o menos permanentes: el conservadurismo, que pone el énfasis en la tradición y, por ende, la utopía en el pasado; y la liberal, positiva y renovadora, que busca una sociedad abierta, poniendo énfasis en los derechos individuales y la utopía en el futuro”.

Por otra parte, el catedrático Carlos De León Barbero considera que la vida relativamente corta de los partidos guatemaltecos se debe a que “son improvisados; en parte porque giran alrededor de una personalidad o cacicazgo, pero sobre todo porque carecen de fundamentos teóricos y de una línea de pensamiento que inspire su acción”.

Una muerte muy lenta

De acuerdo con los resultados oficiales de las elecciones del 9 de noviembre, los partidos Desarrollo Integral Auténtico (surgido en 1997), Alianza Nueva Nación (del 2002), el Frente por la Democracia (establecido hace menos de un año) y el más antiguo a la fecha, la Democracia Cristiana Guatemalteca (fundado en 1957), dejarán de existir legalmente. Otros, como la URNG o el PAN (que llevó a la Presidencia a Álvaro Arzú en 1996), tampoco lograron el 5 por ciento, pero consiguieron escaños en el Congreso. Sin embargo, esto no hace sino prolongar el proceso de agonía. Así ocurrió con la DCG, que en la actual legislatura tenía un solo diputado: el ex presidente Vinicio Cerezo, quien ganó, con gran mayoría las elecciones de 1985. Salazar se refiere al caso: “Su gobierno fue percibido como un fiasco. De ahí en adelante, el partido tenía muy poco que ofrecer a una población que sentía que sus dirigentes habían negociado los intereses populares por los personales. Desde esa perspectiva histórica, la muerte de la DCG no es una muerte súbita, es más bien la larga agonía de un partido que no se renovó”. Algo parecido ocurrió al Movimiento de Acción Solidaria (MAS), ganador de las elecciones de 1990, pero que en 1995 no llegó al mínimo necesario y murió.

Ciertamente, la desaparición de esas organizaciones lleva tiempo, pero el fatal desenlace es cuestión de horas, pues su acta de defunción simplemente tarda el tiempo que se tomen las autoridades electorales en el conteo y divulgación de las cifras de votación.

Un ciclo más corto de vida tuvo un joven partido, la Alianza Nueva Nación, sobre el cual el analista Mario Enrique Sosa advirtió, desde el 2003, la posibilidad de desaparecer, en un artículo publicado la revista electrónica de izquierda Rebelión. En aquel año, ANN compitió sólo por diputaciones: “La ANN cayó en las mismas prácticas comandantiles, verticalistas y ciegas, en un proceso político en el cual encontraba posibilidades de posicionarse como fuerza emergente.

Participar —entonces— sin candidato presidencial, independientemente de su resultado, le hace evitar el riesgo de desaparecer como organización partidaria, aunque sí de sumirse en la división y marginalidad política”. En el 2007, la ANN impulsó a Monsanto como candidato presidencial, y obtuvo poco más de 19 mil votos: el 0.59 por ciento del total.

Pecados partidarios

En una investigación realizada en el 2006 para la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), Simona Yagenova señaló, acerca de las relaciones de políticos y sociedad, que los partidos deberían ser idealmente “articuladores de las demandas de la sociedad civil”, pero que, sin embargo, “se privilegian actividades con tintes electorales y clientelares, que al final redundan en ganar afiliados, simpatizantes, votos, sin que los partidos logren identificarse con demandas propias de la sociedad civil y las adopten como causas propias”.

Ese estudio denomina “armadura” a la estructura partidaria prevaleciente en Guatemala, porque por lo regular se “arman” durante las épocas electorales. “De ahí que la lógica de los partidos sea más de mercadeo que la búsqueda del bien común y que los beneficios percibidos por los mismos estén relacionados con el crecimiento del número de afiliados”. Por eso es que la interacción entre partidos y población es limitada. El estudio advierte: “Desde un punto de vista que pretende construir y fortalecer la democracia en este país, esta división entre sociedad y clase política no es sostenible, si se quiere lograr un grado mínimo de gobernabilidad”.

María Alejandra Erazo y Mario López entrevistaron, también bajo auspicio de Flacso, a 15 secretarios generales de partidos en el 2006, y concluyeron que para fortalecer y generar un cambio positivo, eran necesarias las decisiones por consenso, mejorar la actitud en los miembros del partido, incluir a sectores vulnerables, hacer transparente el financiamiento y generar nuevos liderazgos auténticos.

Cambiar o morir

Luis Fernando Mack, junto a otros investigadores, señaló en otro estudio del 2006 que Guatemala tiene un número alto de organizaciones partidarias con un bajo índice de pluralismo político, lo que en la práctica implica un ciclo de vida partidaria de pocos años y con una relativa muerte tras haber hecho gobierno.

Claro ejemplo de ello son los decrecientes índices de votación de partidos como el Frente Republicano Guatemalteco y el Partido de Avanzada Nacional, cuya cuota de diputados se ha reducido notablemente, sobre todo para el PAN, que sólo contará con un diputado. “Ningún partido gobernante ha vuelto a repetir en este país; poco a poco las pugnas que se dan al interior de los mismos partidos se encargan de dividirlos y destruirlos desde adentro. Nadie los mata, se mueren solos. Sólo es cuestión de tiempo”, dice De León Barbero.

Sin embargo, Salazar va más allá, y resalta una realidad que a simple vista no se ve: “La vida y la muerte de los partidos políticos es, en buena medida, la estrategia oculta de ciertos patrones ideológicos que se niegan a someterse a una crítica inmanente”. Además, distingue dos anclas de estos proyectos políticos de corto plazo: que gire alrededor de una figura que pueda interesar a quienes financian y, por otro lado, que genere una retórica que exprese “las aspiraciones inmediatas de una población ávida de cobrarle cuentas al gobernante de turno”.
“Los partidos políticos se estructuran en torno a personalidades carismáticas”, concluye Mack en su estudio, mientras De León plantea la situación de esta manera: “Elegidos y votantes se convierten en piratas que saltan y asaltan continuamente aquella nave que parece prometer más y más”.

¿Qué puede hacer el ciudadano?

Mack sugiere a los partidos que trasciendan la creación de “redes de inclusión”, para estar siempre en contacto con la sociedad.

De León, un tanto más libertario, dice: “Hay que bajar a la política de su pedestal y exigirle a los políticos que nos dejen en paz para producir la riqueza que sólo nosotros podemos producir”.
Salazar sugiere que cualquier candidato debería hacer, fuera de época electoral, giras nacionales de conocimiento, y el partido ser un “espacio de encuentro”. Se hace necesario “botar los muros”, para que la población sea la que consolide a los partidos que considere representativos...

¿Y si esto no pasa, si no hay renovación ni apertura a nuevos liderazgos?, se le preguntó a Salazar, y el respondió: “Cuando no hay liderazgo o legitimidad y el partido se ha convertido en botín, el único destino que le espera es la asfixia”.