Pregunten a cualquiera que haya vivido las últimas seis elecciones democráticas y les dirá lo mismo: “El voto no es endosable”. A eso hay que añadir que muchos de los que votaron en la primera vuelta no van a regresar el 4 de noviembre a las urnas, si los candidatos que pasaron a segunda vuelta siguen tirándose los platos, jalándose el pelo y arañándose la cara.
Las “alianzas” conseguidas con los alcaldes asegurarán, si mucho, el voto del séquito de concejales que quedaron electos junto al jefe edilicio, su equipo de trabajo y sus esposas. Para el elector, ver a su candidato apoyar a otro partido, en muchos casos, lo pondrá a reflexionar si hizo bien en darle su voto a ese alcalde o a pensar si mejor va a pasear con su familia el día de la segunda vuelta.
Los dos candidatos buscan demostrar fortaleza política al aglutinar alrededor de ellos a cuanto alcalde electo se les ponga enfrente, y adquieren compromisos políticos con más gente de la que empezó con ellos la campaña. A ese paso, las porciones del pastel político se van volviendo cada vez más pequeñas.
Sería interesante escuchar varias cosas en esta campaña, la primera y más importante, que ambos candidatos se comprometan con quienes de verdad valen: con la gente a la que piden el voto. Que nos digan de dónde va a salir el dinero para financiar la mano dura o el plan de la esperanza. Que los compromisos con la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala sean palpables, y no sólo gestos de buena voluntad.
Hay que asegurarse de que dentro de dos años van a hacer caso a sus recomendaciones y las pondrán en práctica.
Si el 14 de febrero será nuevamente borrón y cuenta nueva o si dará seguimiento a las herramientas de transparencia financiera del estado y las buenas prácticas en materia de adopciones.
Interesante sería también que aclararan las campañas negras y los señalamientos mutuos; si uno tiene pruebas contra el otro, que presente la denuncia y no con ridículos correos electrónicos, presentaciones, improperios públicos y vídeos en youtube.
Ya es hora de demostrar la “campaña de altura” que han venido prometiendo desde hace meses, y nos convenzan con propuestas y hechos concretos. Las canciones pegajosas son caras y ganan las elecciones infantiles.

No. 1.- Se daba por descontado que uno de los políticos de nuevo cuño se enterraría con todo y su partido, Alianza Nueva Nación. Se trata de Pablo Monsanto, alguien que goza cuando todavía le llaman “comandante”. Y quien a un costo de más de Q12 millones gastados en su campaña, no llegó ni a 5 por ciento de los votos.
Pues de él se cuenta que, después de uno de sus tantos viajes a Cuba —siempre a costillas de Fidel—, le preguntaron que cómo le había ido, y contestó: —“No me puedo quejar”. Entonces, se le repreguntó: —”¿Y por qué se vino?” A lo que respondió: — “Porque aquí sí puedo quejarme”
No. 2.- Cierta persona dice que como goza de toda la confianza del doctor Giammattei, lo sorprendió cuando se bañaba, y oyó que estaba cantando una conocida canción, la que en su parte conducente dice: “Ahora que soy libre al fin, para elegir, no, no me puedo olvidaar… que fui patriota”.
No. 3.- A propósito del doctor, también se cuenta que llegó un afligido paciente y le dijo que estaba muy enfermo, pero que no sabía qué tenía. A lo que el doctor le respondió que cabalmente acababa de encontrar unas pastillas que no recordaba para qué servían.
No. 4.- Y otro de sus pacientes le dijo que su principal obsesión era suicidarse, por lo que el doctor, ni corto ni perezoso, le dijo: —“Entonces, págueme la consulta cuanto antes”.
No. 5.- Se cuenta que el general Efraín Ríos Montt, en su conocido afán por servir a la humanidad, quiso donar sangre en un conocido centro asistencial, pero qué casualidad que no se la recibieron, porque le explicaron lo mismo que a mí: —“Su tipo ya está descontinuado”.
Es positivo el panorama del proceso eleccionario recién pasado, debido a que el nivel de abstencionismo fue menor que el esperado —mérito que, en parte, se le atribuye al Tribunal Supremo Electoral—. Ahora, con la descentralización, pudimos ejercer el sufragio en un lugar más cercano a nuestra vivienda; tendencia parecida en la provincia.
Como consecuencia de esta primera vuelta, quedaron integrados los concejos municipales, y contamos con un Congreso de la República en donde no hay un grupo político mayoritario. Esto obligará a estos últimos a buscar consensos en los proyectos de ley y en la elección de los funcionarios públicos que, por disposición legal, debe elegir este organismo del Estado. No hay duda que el pueblo de Guatemala exige soluciones a los problemas que lo aquejan.
El punto es que, como guatemaltecos, no podemos permitir que otras personas (dirigentes de partidos políticos y comités cívicos electorales) decidan por nosotros, pues si perteneces o eres simpatizante de alguna de estas agrupaciones políticas y adviertes que apoyarán a alguno de esos partidos en la segunda vuelta, que esto no comprometa o incline tu poder de decisión, pues es responsabilidad de cada guatemalteco meditar y analizar el voto, que por derecho constitucional tenemos.
Es necesario, para emitir nuestro sufragio, informarnos de las propuestas y las soluciones que sean viables a los problemas del país, que proponen estas dos agrupaciones políticos, debido a que ahora sólo contamos con dos planes de gobierno de los cuales elegir, y entre comillas. Sería más fácil la elección por aquel que se adecúe a las expectativas de gobierno, o bien, aunque se perciba conformista, ver cuál de estos dos llena algunas de los intereses que tenemos.
También tenemos que tomar en cuenta la honorabilidad y capacidad, no sólo de los candidatos a presidente y vicepresidente, sino de las personas que integran el equipo de gobierno de cada organización política, porque los guatemaltecos ya no queremos más funcionarios corruptos que ven sólo la oportunidad para mejorar en lo personal a través de actos fraudulentos; sino queremos gente que, por medio de su puesto, vea la oportunidad de trabajar por Guatemala.
Por ello, en esta segunda vuelta electoral, no votemos por el partido político que más alianzas obtenga, o que más ofrezca, sino por el que se comprometa con Guatemala, para sacarla adelante y ser un mejor país, con mejores oportunidades.