Por: Lucy Calderón
Las metas que en el plano educativo tiene que alcanzar el futuro gobernante, sin excluir la profesionalización y dignificación docente, son extender con calidad y equidad la cobertura de la enseñanza.
Así es. Tanto el acceso, la permanencia y la inversión en esta materia deben ser iguales para todos los sectores, porque a pesar de que en los últimos 15 años han llegado más estudiantes de primaria a las aulas —la cifra aumentó de 49 a 95 por ciento— y con el mismo presupuesto de 1994, que sigue siendo el 1.8 por ciento del Producto Interno Bruto, aún queda fuera el 65 por ciento de ellos, es decir, casi 757 mil infantes.
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El alcance del ciclo básico no difiere mucho. Aunque 33 de cada cien adolescentes, entre 13 y 15 años, son atendidos en ese nivel, la cifra todavía es baja.
Además, la brecha étnica, de género, la desnutrición, la carencia de recursos económicos y la región donde se vive también afecta la cobertura del ciclo básico, señala el documento Estrategia de transformación del ciclo básico del nivel medio, redactado por el Ministerio de Educación (Mineduc).
“Aún están pendientes de atención los demás grados. Por ejemplo, sobre la educación preprimaria casi nadie habla. Pero tampoco se trata solamente de que los niños y jóvenes lleguen a las aulas, sino que hay que velar porque aprendan y puedan desarrollarse posteriormente en el mundo real”, manifestó Cinthya Sáenz de Tejada, ex viceministra de Educación, durante el panel-foro Retos educativos 2008-2012, que organizaron los estudiantes del Diplomado superior periodismo en políticas públicas con énfasis en educación, de la Facultad Latinoamericana en Ciencias Sociales (Flacso).
Calidad educativa
Sáenz de Tejada señaló que la verdadera calidad educativa consiste en darle a los estudiantes la posibilidad, experiencia y habilidad para que en su vida personal o laboral pongan en práctica conocimientos y competencias que les ayuden a superarse de forma individual y comunitaria.
Para el psicólogo Fernando Rubio, director del Programa de Estándares e Investigación Educativa, de la Agencia Internacional de Ayuda para el Desarrollo (AID), la calidad consiste en efectuar cambios profundos que abarquen todas las áreas del sistema.
Por ejemplo, hay que concretar la educación bilingüe intercultural, capacitar a los maestros, elaborar nuevos textos de enseñanza y llevar a cabo evaluaciones docentes, así como otras que midan el nivel de aprendizaje de los alumnos.
De ahí que “en los próximos cuatro años, la agenda de calidad del nuevo gobierno debe consolidarse con una política pública que sirva para los siguientes 20 años. Tendrá que librar batallas y abrirse muchos frentes, pero es indispensable”, indicó.
Al rescate del magisterio
Según Bayardo Mejía, director de la División de Evaluación Académica de la Universidad de San Carlos, “nadie enseña bien lo que no sabe bien”, por lo que otro aspecto urgente es la profesionalización docente.
Rubio agrega: “A los maestros hay que tenerlos presentes. Sus protestas ocasionan la interrupción constante del ciclo escolar, y ello representa un costo político enorme. Por eso, además de capacitarlos, hay que hacer una revisión seria de los sueldos que reciben. Mientras ellos no puedan satisfacer sus necesidades básicas, siempre protestarán”.
Mayor inversión
Hay quienes opinan que la educación que tenemos es la que estamos pagando, por lo que incrementar y orientar adecuadamente esos fondos son otras tareas pendientes.